Nieve negra
Análisis

Nieve negra - Crítica del thriller con Sbaraglia, Darín y Luppi

Por Raquel Hernández Luján
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Crítica de Nieve negra (Dark Snow), el thriller familiar dirigido por Martín Hodara con Leonardo Sbaraglia, Laia Costa, Ricardo Darín y Federico Luppi

Nieve negra es un thriller helado, de esos que te intentan trasladar la sensación de opresión de sus personajes por medio de la contemplación de paisajes nevados y la creación de una atmósfera gélida. A ratos lo consigue, pero tiene una tremenda falta de ritmo recurriendo de forma reiterada a flashbacks para retrotraernos a un pasado en el que un secreto terminó saldándose con una muerte inoportuna y silenciada en una familia marcada por el maltrato y el aislamiento.

Tras el fallecimiento de su padre, Marcos (Leonardo Sbaraglia) regresa a su Argentina natal con su mujer Laura (Laia Costa), que está embarazada. Su objetivo es enterrar sus cenizas junto al cuerpo de Juan, el hijo menor, muerto de pequeño tras un confuso accidente familiar que fue enmascarado como un alud.

Además, Marcos pretende convencer a su hermano Salvador (Ricardo Darín) para vender un terreno familiar ubicado en la Patagonia. Una empresa minera canadiense está dispuesta a pagar nueve millones de dólares por el aserradero, y podrían repartirse esa jugosa cantidad entre los dos y su hermana Sabrina (Dolores Fonzi), que está internada en un centro psiquiátrico. 

Nieve negra

El inconveniente es que Salvador, un hombre resentido y solitario que vive allí desde hace treinta años, no está dispuesto a irse. Lo que se suponía un sencillo trámite terminará complicándose y entrarán en juego la historia de la familia y aquellos recuerdos que hasta entonces estaban enterrados.

Nieve negra es la ópera prima en solitario de Martín Hodara, que codirigió La señal (2007) junto a Ricardo Darín. Además, Hodara fue asistente de dirección de Fabián Bielinsky en las películas Nueve reinas (2005) y El aura (2000). En el caso que nos ocupa además de encargarse de la dirección, coescribe el libreto junto a Leonel D'Agostino y, a pesar de tener buenas ideas cinematográficas tiene dos graves problemas: el ritmo y la credibilidad de algunas escenas clave.

Nieve negra

Del reparto solo se pueden decir cosas buenas: la caracterización y la increíble fotogenia de Ricardo Darín le ayudan a componer a un personaje hosco, marcado por el silencio y evidentemente acostumbrado a una soledad autoimpuesta. Es el guardián de la montaña y del secreto que allí permanece enterrado en la nieve negra, esa que está ya sucia y mancillada por muchas pisada.

En el polo opuesto está Laia Costa, quizás el personaje que menos encaja en la composición y no porque la actriz no haya demostrado en pocas ocasiones ser un gran intérprete sino porque su dicción cristalina choca con el acento argentino del resto del reparto arruinando la atmósfera misteriosa que rodea a las complejas relaciones familiares. Su personaje es el que se ha construido con más descuido: ni es creíble la relación con su marido, con el que no tiene ningún tipo de relación cariñosa, ni se entiende la forma en la que termina inmiscuyéndose y cambiando la dirección de los acontecimientos porque apenas sabemos qué es lo que la mueve a actuar como lo hace: ¿está siendo práctica o es avariciosa? Se queda en el aire...

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Y algo desaprovechados quedan el gran Federico Luppi y Leonardo Sbaraglia a los que volvemos a ver juntos de nuevo tras las chispas que echaron en Al final del túnel, dando cuenta de que cuando les dan la oportunidad de brillar lo hacen de fábula.

En el plano técnico, se aprecia la apuesta por una planificación de rodaje minuciosa y con una muy cuidada fotografía, en la que planos muy largos y estudiados permiten conjugar los dos planos temporales: el pasado y el presente mezclando a los dos equipos de intérpretes. Sin embargo, otras secuencias como la del accidente funcionan a medio gas por su escasa credibilidad.

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Todo se articula en torno a un secreto familiar que conoceremos en el final precipitado de la película, después de que se nos haya ido dosificando tanto la información que nos ha dado tiempo a fabular mil hipótesis... Vamos, que te da tiempo a ver venir por dónde va a tirar la película.

Menos difícil de predecir es el último giro de guión, con ruptura de la cuarta pared, en el que se pone de manifiesto una complicidad con el espectador que pone los pelos de punta. Al fin y al cabo, es esencial la idea de ser testigo de algo moralmente reprobable y es en eso en lo que el director nos convierte en última instancia. Bien jugada esta última baza, aunque el golpe de efecto llega un poco tarde.

Valoración

Con un gran reparto y una fotografía alucinante, a Nieve negra le falla el guión: muy plano y monótono al principio y precipitado al final. Aún así, merece la pena el visionado porque cuenta con ideas cinematográficas interesantes.

Hobby

62

Aceptable

Lo mejor

Tener en cartel a Sbaraglia, Darín y Luppi es un verdadero privilegio que el director no termina de explotar al 100%.

Lo peor

El comienzo se hace largo, aburrido incluso y demasiado pretencioso. Sabemos que hay gato encerrado y nos dan demasiado tiempo para adelantarnos.

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