Análisis

Not a Hero: Super Snazzy Edition - Análisis para Xbox One

Por Alejandro Alcolea
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Versión comentada: Xbox One

En el análisis de Not a Hero para Xbox One os mostraremos la mejor manera de hacer llegar al poder a un conejo mutante, además de las novedades de este original juego en su versión para la consola de actual generación de Microsoft. 

En mayo del año pasado llegó a PC de la mano de Devolver Digital, la compañía que nos trajo el fabuloso Hotline Miami de Dennation Games, Not a Hero, un shooter en 2D creado por Roll7, los responsables de los adictivos OlliOlli. Hace unos meses, Not a Hero llegó a PS4, versión que analizamos a su debido tiempo, y, ahora, Badland Games trae este simpático y original juego a Xbox One.

Not a Hero: Super Snazzy Edition para Xbox One llega unos meses tarde, pero incluye un nuevo capítulo jugable llamado ‘Me, myself and BunnyLord’ que se compone de tres nuevos niveles con cuatro misiones cada uno y que, lógicamente, acapara todos los focos de esta versión, precisamente por ser el único añadido respecto a las versiones de PS4 y PC.

Historia de una utopía política

Antes de desgranar el apartado jugable y artístico de Not a Hero: Super Snazzy Edition, toca hablar de su curiosa, divertida y socarrona ‘narrativa’. El juego cuenta con un personaje que es, indudablemente, el protagonista. Me refiero a BunnyLord, un enorme conejo morado que quiere convertirse en alcalde y no escatimará en gastos para conseguirlo. Para ello no hace uso de los escraches ni se ha propuesto pactar el mandar cartas propagandísticas conjuntas con otros partidos, ni mucho menos. Su estrategia política de captación de votos se basa en eliminar a la competencia, literalmente.

Con esta premisa tan atípica, precisamente por la sinceridad de la que hace gala el aspirante a alcalde, comienza un juego que nos enganchará a través de sus 21 niveles (cada uno coincide con un día de campaña electoral) y las diferentes formas de completar cada uno de esos niveles.

Y es que, aunque el protagonista es el alcalde BunnyLord, nosotros controlaremos directamente a varios personajes que el político tiene en su cuaderno azul. Steve, Cletus (ya os podéis imaginar el acento que tendrá) o Samantha serán los personajes que lleven a cabo las diferentes tareas, algo que elegiremos al comienzo del nivel y que tendrá influencia directa en nuestra forma de actuar. Cada uno de los personajes (hay nueve en total) tendrá una habilidad especial como recargas rápidas, una escopeta muy destructiva o poder disparar mientras corremos. Otros harán uso de un combate más ‘personal’ o nos obligarán a movernos constantemente por su baja potencia de fuego, menos cuando pillemos algún potenciador, ya que nos volveremos tremendamente poderosos (mataremos de un disparo, balas que rebotan, disparos incendiarios, otros que eluden coberturas...).


Cada nivel se puede superar con cualquiera de los personajes pero, seguro, sacaremos mejor puntuación de nivel dependiendo del personaje que elijamos. Eso sí, al final no es algo con gran trascendencia en la historia (ninguna, más allá de que BunnyLord nos llame por un nombre u otro) pero si sirve para dar un toque de rejugabilidad ‘’para ver qué tal se nos da el nivel con uno u otro personaje’’.

De hecho, esta rejugabilidad es un método para tenernos más tiempo enganchados a Not a Hero ya que, los 21 niveles principales, no cuento los de ‘Me, myself and BunnyLord’, nos llevarán unas dos horas y media, más o menos, incluso completándolos al 100% si somos hábiles. Y es que, los niveles se completarán en un par de minutos, como muchísimo, un tiempo irrisorio para un videojuego. La gracia está en los desafíos que hay en cada nivel, tres en concreto.

Cada día de campaña nos exigirá un objetivo distinto, desde matar a un informador del gobierno hasta robar bolsas de dinero, pegar carteles, matar a cierto político rival… la burrada que se nos ocurra, da igual, y, además, tres desafíos como pasarnos el nivel en menos de 40 segundos, matar a todo el mundo o encontrar todos los objetos especiales, entre otros. Estos desafíos serán los que nos mantendrán pegados al juego y harán que nos pasemos un nivel varias veces hasta conseguir el 100% ya que, así nos ganaremos la confianza de BunnyLord y desbloquearemos nuevos personajes.

Juventudes de BunnyLord

Aunque hay varios personajes, las mecánicas jugables son las mismas para todos, cambiando algunos matices como la potencia de fuego. Roll7 ha conseguido crear un sistema de control tremendamente sencillo y trabajado basado en unos pocos botones. Con ‘A’ nos deslizaremos (lo que nos permitirá tumbar enemigos que podemos rematar en el suelo) y nos cubriremos. Con ‘B’ recargaremos el arma, con ‘X’ o ‘RT’ dispararemos y con ‘Y’ lanzaremos las granadas. Nada más.

Sin embargo, con este sencillo mapa de control se consiguen unos resultados impresionantes gracias a dos conceptos muy interesantes que introduce en el género de 2D el equipo de Roll7, me refiero a las coberturas y la recarga manual. ¿Coberturas? Sí, no sólo son posibles en juegos en tres dimensiones sino que, los chicos de Roll7 han conseguido crear un sistema mediante la pulsación de ‘A’ que nos permite cubrirnos de los disparos enemigos. La forma de saber si estamos a cubierto o no se representa con una sombra que cubre el personaje o los enemigos, quienes también se podrán cubrir. Si queremos disparar… podremos hacerlo pero, claro está, teniendo en cuenta que vamos a ser blancos fáciles durante los segundos que estemos disparando (si nos quitan una porción de salud bastará con cubrirse unos segundos para que se regenere la barra entera).

El segundo concepto es el de la recarga manual. En un mundillo en el que los juegos apuestan por recargas automáticas una vez vaciamos el cargador, o ni eso, como DOOM, Not a Hero presenta una mecánica de recarga manual. Si no recargamos nosotros no podremos disparar, así de sencillo y frustrante, porque moriremos muchas veces, la gran mayoría, por no recargar, pensando que todo está automatizado, y no por nuestra imprudencia a la hora de avanzar por los niveles. Son dos mecánicas que están bien implementadas, aunque la de cubrirnos nos costará unos intentos hasta que la dominemos, y que hay que aplaudir ya que demuestra valentía y es una aportación bastante buena al género.


Por último en este apartado hay que hablar de las muertes. Ya he señalado que moriremos por no recargar, pero no será el único motivo. Caernos desde un quinto piso y partirnos las piernas, hacer explotar un barril que teníamos al lado o arremeter a lo loco contra los enemigos debido a la frustración serán los principales motivos de nuestra muerte. ¿Frustración por qué? Porque, sobre todo durante la última semana de campaña, encontraremos niveles con enemigos muy toca narices que acabarán con nosotros de un golpe y, debido a la ausencia de puntos de control durante los niveles, nos obligarán a empezar de nuevo.

Sin embargo, es cierto que, aunque moriremos mucho, el juego tiene una curva de dificultad bastante buena que hará que nos desesperemos porque queramos pasar ya un determinado nivel y no porque dicho nivel tenga una dificultad endiablada, algo que también hay que aplaudir. Además, nunca sobra ver las animaciones de muerte de personajes como Jesús (quien se toma un Martini antes de palmarla) o el propio BunnyLord (quien se saca un selfie).

Me, myself and BunnyLord

Not a Hero para Xbox One introduce una interesante mini-campaña que nos dejará controlar al mismísimo BunnyLord, quien ha decidido dejar de mandar esbirros a los diferentes ‘’mítines’’ para ser él mismo quien resuelva sus problemas. Armado con una AK-47 con gran potencia de fuego, el aspirante a alcalde se colará en los edificios rivales para acabar con todo el que pille por delante, desde delegados de gobierno hasta otros mercenarios.

Este contenido es el elemento diferenciador con otras versiones y es una ‘’chuchería’’ que nos tendrá pegados a la pantalla durante una media hora, como mucho, algo que depende de la habilidad y de si vamos a por los objetivos secundarios. El diseño de los nuevos niveles, la verdad, no están mal. Son grandes y tienen bastantes escaleras pero, una vez dentro del mundo de Not a Hero… casi todos los niveles nos parecerán iguales, o muy parecidos.

Lo bueno de este contenido es que no hace falta pasarnos la campaña – electoral – de Not a Hero, ya que será algo presente en el menú principal y accesible desde el principio del juego, un aliciente para quien ya lo jugó en otras plataformas y no quería revivir la tensión de una campaña de captación de votos, otra vez.

Pixel-art

Salta a la vista la estética de Not a Hero. Se trata de un juego, otro más, que quiere devolvernos a la época de los 16 bits haciendo uso de píxeles del tamaño de puños y colores chillones. El trabajo es, sin embargo, tan bueno que podemos perdonar que los escenarios sean algo clónicos y muy poco inspirados en su diseño ya que, ciertamente, el frenetismo del juego nos impide disfrutar de ellos. De lo que si disfrutamos es de las animaciones de los personajes. Con juegos como Uncharted 4 en el mercado, donde vemos personajes casi humanos, nos alucina aún más que personajes compuestos de unos pocos píxeles tengan rasgos reconocibles y animaciones tan logradas como las de Not a Hero.

Donde no hay dudas es en el apartado sonoro, con una banda sonora pegadiza y simpática y buenos efectos sonoros donde lo que destaca son las voces de los personajes, unas voces muy cuidadas y que retratan a cada uno de los protagonistas a la perfección. Eso sí, donde estén Cletus con su acento pueblerino de las profundidades de las marismas de Florida o Jesús con su acento hispano (se supone que es español, pero de español tiene lo que tenían los zombis de Resident Evil 4), que se quiten los demás. Una cosa importante, los textos están en castellano, aunque no sean necesarios más que para entender las misiones secundarias.

BunnyLord, tienes mi voto

Not a Hero es un juego que no es perfecto, ni por asomo, pero es atrevido añadiendo mecánicas a los shooter en dos dimensiones como las coberturas, la principal, y la recarga manual (algo que ya se había visto pero que, hoy en día, resulta fresco). Su dificultad bien medida, el carisma que rodea al juego, el apartado sonoro y los desafíos son elementos que harán que no os canséis de Not a Hero durante unas cuantas horas.

Sin embargo está el desagradable asunto de la duración, tres horas, más o menos, contando la ‘’expansión’’ de ‘Me, myself and BunnyLord’. Y es que, si no vais a ir a por los diferentes desafíos de cada misión, Not a Hero se os hará extremadamente corto e insustancial. Además, aunque las coberturas están muy bien, no tenemos que olvidar que sigue siendo un juego en 2D de scroll lateral por lo que, aunque era difícil innovar, y desde Roll7 lo han conseguido, al principio del juego tenemos la sensación de que es todo demasiado lineal ya que siempre nos moveremos hacia la izquierda o hacia la derecha, en Hotline Miami teníamos otro dos planos (diagonal y vertical), por ejemplo.

Por último, y esto ya es muy personal, el humor de Not a Hero a lo mejor os deja con cara de circunstancias ya que es como ese amigo que se cree la pera contando chistes pero con quien nos reímos casi por compromiso. En pocas palabras, los chascarrillos del alcalde entre misión y misión se creen mejor de lo que son. Es cierto que las pantallas donde nos introduce la misión no están mal, más por el arte pixelado que por otra cosa, pero al final acabaréis omitiendo estas escenas para pasar a la acción.

Si buscáis un tentempié que resulta ser más profundo de lo que parecía en un futuro, y queréis a BunnyLord como alcalde, Not a Hero os durará unas horas pero os divertirá de principio a fin. Y, sin duda, lo mejor de Not a Hero: Super Snazzy Edition es la capacidad de sus creadores, Roll7, para crear un juego de aroma ''viejuno'' que se siente actual y divierte hoy día sin necesidad de recurrir a la nostalgia.

Valoración

Not a Hero: Super Snazzy Edition tiene sus fallos, como todos los juegos, pero pesan muchísimo más sus aciertos que sus errores, destacando por encima de todo el sistema de coberturas en un juego 2D.

Hobby

80

Muy bueno

Lo mejor

El sistema de coberturas, la dificultad escalonada, las animaciones, el sonido y lo adictivo que es.

Lo peor

Los escenarios son clónicos, tanto en diseño como en decoración. Dura un suspiro. Los chascarrillos.

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