Análisis

La princesa prometida - Crítica especial cine de los 80

Por Raquel Hernández Luján
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CRÍTICA DE: La princesa prometida (The Princess Bride) - DIRIGIDA POR: Rob Reiner - PROTAGONIZADA POR: Robin Wright, Cary Elwes, Mandy Patinkin, Chris Sarandon, Christopher Guest,Wallace Shawn, André the Giant, Fred Savage, Peter Falk y Peter Cook. Estrenada en España el 2 de marzo de 18 de diciembre de 1987.ARGUMENTO: La película comienza con un anciano que decide contarle un viejo cuento a su nieto ya que está enfermo. Aunque al principio el niño se aburre con la historia, pronto empezará a interesarse más y más por ella.

Un niño en cama, la visita del abuelo con un libro bajo el brazo y una historia inolvidable para hacernos soñar con mundos mágicos en las que el amor verdadero, la justicia y los grandes ideales todavía prevalecen. Venga, reconozcámoslo, La princesa prometida saca de nosotros lo mejor: la risa sana, los suspiros y el espíritu aventurero, ¡lo tiene todo!

 

Podría ser cualquier cuento de hadas, pero Rob Reiner unió con pasión amor, humor y acción creando una película que, aunque tuvo escaso éxito en carteleras cuando se estrenó en salas comerciales en 1987 (competía con títulos como Dirty Dancing, Hellraiser, RocoCop o Atracción fatal), fue encumbrada a su llegada al mercado doméstico y pasada una y otra vez por televisión con cualquier pretexto, aunque sobre todo en navidades junto a otros clásicos del género como Willow o Dentro del laberinto.

 

 

¿Qué nos impulsa a auparla hasta el sobresaliente? Pues además de esa magistral mezcolanza de géneros, sin lugar a dudas el ejercicio metalingüístico del guión de William Goldman, que disecciona los relatos clásicos para desmontarlos y rearmarlos de una forma ingeniosa en la que no hay tregua para el espectador.

 

Los apartes del pequeño Fred Savage, que posteriormente protagonizaría la magnífica serie Aquellos maravillosos años y las explicaciones de su abuelo, Colombo, digo... Peter Falk, son como la vida de misma reflejando con ironía y ternura el desfase intergeneracional que solo puede salvarse gracias a una buena historia.

 

 

En el relato en sí, además de intérpretes de la talla de Robin Wright de quien estamos disfrutando ahora de lo lindo en House of Cards o Billy Crystal que hacía literalmente llorar de risa al director y a sus compañeros de reparto durante el rodaje, descubrimos al personaje que sella las mejores coreografías de la película y nos dejó grabada una frase en la memoria: "Me llamo Íñigo Montoya, tú mataste a mi padre: prepárate a morir". Era un jovencísimo Mandy Patinkin, a quien cuesta reconocer hoy en Homeland como Saul Berenson.

 

Una tierna historia respecto a ese papel: el propio actor quería ser Montoya ya que su padre había fallecido de cáncer unos años antes. En una entrevista confesó que cuando venció al conde Rugen se sentía como si acabara con el mal que aquejaba a su padre: "por un momento, él estaba vivo. Y mi cuento de hadas se había hecho realidad“.

 


 

Él y Westley (Cary Elwes) protagonizan un duelo magistral de espadas rodado sin dobles ni especialistas. La escena en la que el diálogo entre ellos fue constante, fue rodada en dos decorados idénticos y simétricos de modo que cuando ambos personajes se confiesan mutuamente que ninguno de los dos es zurdo, el director no tuvo problemas en mantener el raccord en el montaje.

 

Otro personaje entrañable es el de Fezzik del que se hizo cargo André el gigante que tuvo que aprender sus frases fonéticamente. Años antes se había barajado el nombre de Schwarzenegger para el papel.

 


 

Mención especial a la banda sonora de la película: Mark Knopfler, de Dire Straits se encargó de la música de La princesa prometida, eso sí, después de conseguir que el director accediera a colocar una referencia a "This Is Spinal Tap" en la película. La encontrareis en la habitación del niño: es la gorra de Reiner que usó durante la filmación del falso documental de 1984. ¡Y él alucinó cuando la vio en la película, por lo visto lo planteó en broma!

 

Si volvéis a verla en estos días (algo harto recomendable ya que las reuniones familiares obligan a buscar títulos para todos los públicos) reconoceréis cada pasaje y cada diálogo como el primer día y descubriréis una vez más, que es una de esas películas que se mantienen en forma con el paso del tiempo. Y si os preguntáis por qué os sigue pareciendo tan rabiosamente bonita, es que algo de magia obró el director de fotografía Adrian Biddle que ta se había encargado de Aliens (El regreso) apenas un año antes y que repetiría un año después de Willow.

 

 

Como curiosidad, 27 años después de su estreno, La princesa prometida se ha convertido en videojuego para dispositivos móviles que utilicen iOS: sí, sí, ya os lo contamos en enero. Y algo tendrá esta historia que encandiló a John Boorman (Excalibur), Norman Jewison (Hechizo de luna), a Robert Redford y hasta a François Truffaut, que se plantearon adaptarla.

 

¿Quieres leer más críticas de películas de los años ochenta? ¡Como desees! Aquí tienes el link a esos grandes títulos de la década. Os dejo con el tráiler de La princesa prometida. ¡Seguro que os entran ganas de verla de nuevo!

 

Valoración

Imperecedera. Da igual el trillón de veces que la hayas visto, volverás a reírte con la ingeniosa y divertida película que nos regaló personajes como Íñigo Montoya.

Hobby

90

Excelente

Lo mejor

El ejercicio de metalenguaje, la defensa de la figura del cuentacuentos y de la literatura.

Lo peor

Algunos momentos de humor absurdo han envejecido peor que otros.

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