Análisis

Review completa de Singularity

Por José Luis Sanz
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Los viajes en el tiempo siempre han sido un recurso muy manoseado. Tanto en el cine, como en los libros, un buen viaje en el tiempo sirve para provocar paradojas alucinantes que enfrenta a padres y a hijos, a buenos y malos o a personajes que, por accidente, cambian el curso de la historia. Es el caso de este Singularity...

Singularity nos transporta hasta una isla abandonada por la URSS hace más de 50 años, llamada Katorga 12, y en la que se han realizado experimentos de todo tipo. Científicos locos que han buscado posibles usos para un nuevo elemento químico, el E99, y que se han encontrado con una lotería de las buenas: singularidades temporales, objetos que pueden envejecerse y, sobre todo... mutantes, muchos mutantes.

Si no sabéis a lo que nos referimos... echadle un vistazo a la vídeoreview de Singularity que hemos preparado.

Viajes en el tiempo y mucho más

Singularity no son sólo viajes en el tiempo. En esencia es un juego de acción 3D (shooter que dicen algunos) donde lo importante al final es acertarle en la cocorota al zombie de turno. O soldados, que los hay. Por que en el juego, nada más aterrizar en la isla al principio del juego, meteremos la pata hasta el fondo y liaremos la mundial, cambiando el curso de la historia.

En Singularity tendremos muy pocos problemas para encontrar el camino correcto ya que es un constante tirar p'alante, sin miramientos, y lo más complicado que nos vamos a encontrar llega en algunos momentos cuando hay que tirar de DMT para envejecer o rejuvenecer objetos para colocarlos en puntos muy concretos del escenario.

Precisamente, el DMT es la madre del cordero de Singularity. Con él equipado, es posible saltar en el tiempo a través de las llamadas singularidades y modificar el estado de ciertos objetos para utilizarlos en nuestro beneficio. El DMT actúa como una especie de poder especial que nos hace temibles frente a los enemigos.

A medida que avanzamos en Singularity, es posible añadir mejoras tanto a las armas como a nuestro perosonaje y DMT. Y es que, repartidas por el mapa, hay unas maquinitas que nos dejan equipar armas y añadirles mejoras tales como mayor daño y rapidez de recarga de munición. También, es posible aumentar nuestra vida, la resistencia a los disparos, la potencia de impacto sobre el enemigo del pulso del DMT o aumentar la resistencia cuando nadamos.

¿Mola realmente Singularity?

El juego de Activision y Raven es perfecto técnicamente, muy en la línea gráfica de Bioshock, al que recuerda en muchos aspectos. A pesar de ese constante tufillo a Rapture, a fuerza de DMT, de soviéticos malísimos, de viajes en el tiempo y de disparos, conseguimos olvidarnos de él a mitad de camino. Más o menos cuando entramos en contacto con el profesor Borisov.

Singularity tiene muy buenas ideas y ya venía despuntando desde hace tiempo, cuando veíamos los recursos temporales que tendríamos en nuestra mano. Envejecer, rejuvenecer, detener el tiempo y golpear con el pulso provocado por el DMT gracias al E99 es un placer que, como todo, tiene sus problemas. El más evidente, que muchos enemigos no tienen recursos para combatirnos y pueden convertirse en presa fácil, lo que provoca cierta sensación de repetición.

¡¡Ah!!, y los modos multijugador son bastante divertidos, con batallitas muy trabajadas que en Internet convierten a Katorga 12 en un escenario de guerra de primer orden.

Pues lo dicho, Singularity es un juego coqueto, con buenas ideas, muy bien ambientado y con un argumento sugerente, que temrina por atrapar al jugador. Si además eres un amante de los shooters y de los viajes en el tiempo, pues mejor que mejor porque te divertirás a rabiar.

Valoración

Singularity es un título que va ganándose al jugador a medida que avanza y nos va contando lo que ocurre pero, sobre todo, en el momento en el que nos hacemos con el DTM.

Hobby

89

Muy bueno

Lo mejor

La ambientación, el diseño del juego y el argumento, que tiene curiosas paradojas temporales.

Lo peor

Sin duda, lo peor de Singularity son los zombies, que huelen a 'muy trillado'.

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