Análisis

Review de Divinity II Flames of Vengeance

Por Sergio Gracia
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Vuelve Divinity II en su primera expansión, Flames of Vengenace, con los cazadragones más poderosos del reino de Rivellion. El juego original pasó bastante desapercibido en consola y, algo menos, en PC. A pesar de que Divinity II Ego Draconis no tuvo muy buenas críticas y, mucho menos, en su viaje plagado de fallos técnicos para Xbox 360, los chicos de Larian Studios aún han tenido fuerzas para seguir con la historia que empezó en Ego Draconis.

En Divinity II Ego Draconis se cometieron muchos fallos, el juego acertó en otros tantos aspectos y, tal vez, se hizo un huequecito en el corazón de los más roleros. Ahora toca ver si su expansión, Flames of Vengeance, consigue subir el nivel general de la saga y dejar huella en el firmamento de los juegos de rol. Además, para convencernos un poco más, la versión para consola de este título incluye también el juego base, con algunos problemas corregidos. El pack lleva el sugerente título de The Dragon Knight Saga, que ya nos da una idea de lo que vamos a encontrar en él, caballeros y dragones, al menos.

Ser cazadragones mola

Comenzamos la historia de Flames of Vengeance como acabamos en Ego Draconis, pero no vamos a contaros cómo, para no destriparos nada. A diferencia del anterior episodio, podremos elegir desde un principio la clase de nuestro personaje. Dependiendo de la que elijamos, comenzaremos con unas u otras habilidades de serie en nuestro árbol de evolución (muy similar a lo visto en Diablo II o World of Warcraft). Apareceremos, una vez más, en la ciudad de Aleroth y pronto nos enteraremos de las últimas noticias, los acontecimientos que azotan al reino.

La ambientación de Divinity II Flames of Vengeance está a la altura de Ego Draconis, la cual bebe directamente de la arquitectura y cultura europea de la Edad Media. Nos encontraremos con escenarios majestuosos, variados, coloridos cuando tienen que serlo y tétricos cuando deben. Viajaremos a sitios mágicos y paisajes de ensueño, que desearíamos que existieran en la vida real para poder gozarlos al aire libre.

Podremos avanzar y mejorar de varias formas, añadiendo misiones y llevándolas a cabo o, sencillamente, acudiendo al bosque de turno y acabando con los indeseables monstruos que pueblan el lugar. La libertad, a la hora de movernos por el mapa, también es bastante destacable, aunque no se evitan las instancias (que suelen ser de tamaño considerable, eso sí), lo que se traduce en zonas de carga y, lo que es aún peor, pantallas de espera que duran más de lo que nos gustaría.

El sistema de combate, en Xbox 360, está bien adaptado al mando, aunque al principio cuesta hacerse con el control. Se ha intentado superar las deficiencias del anterior, sobre todo cuando nos enfrentamos a varios enemigos al mismo tiempo... aunque todavía le queda bastante por mejorar. Una vez dominemos nuestro arte de combate (cuerpo a cuerpo, magia, arco...) nos sentiremos como verdaderos cazadragones y es, entonces, cuando empieza la verdadera aventura (y más cuando vayamos adquiriendo nuevas habilidades). La fluidez y algunas animaciones extra hacen que se note cierta mejora respecto a Ego Draconis. Entre esto y que se incluye mucho contenido en el pack, cualquiera que estuviera a punto de comprar el juego cuando salió, tendrá más sencilla su decisión.

Cazadragones malo nunca muere

Algo queda patente en Divinity II Flames of Vengeance. Una de las mayores pegas que hay que ponerle, al igual que ocurrió con Ego Draconis, es su historia. En general, no presenta un guión malo, pero está plagado de tópicos y partes absurdas, que sirven como excusa para llevar al jugador y la historia por el camino deseado. Está claro que todo buen juego debe tener un argumento a la altura y más cuando se trata de un RPG. Tal vez Divinity II Ego Draconis no llegó a triunfar, precisamente, por este problema.

Los combates, aunque mejorados, siguen estando desequilibrados en algunas ocasiones, creando situaciones demasiado sencillas y otras frustrantes. Sí es cierto que podemos mejorar nuestro equipo y adaptarnos a diferentes retos e incluso hacerlo mejorando al personaje, pacientemente, antes de acudir a esa zona que tanto tememos. Pero aún así lo que marcará la diferencia entre fácil o difícil será la clase que hemos escogido al inicio de la aventura. Algo bien diferente a lo que es tradicional en el género, donde cada camino suele ofrecer sus ventajas e inconvenientes, a partes iguales.

Divinity II Flames of Vengeance, como expansión, cumple a la perfección con su cometido, aportando más horas de juego, con nuevos enemigos, zonas y más vivencias dignas de un buen cazadragones, pero si analizamos el cómputo general sólo supera, en unas décimas, a Divinity II Ego Draconis. Eso sí, en forma de pack con los dos incluidos, invita a experimentarlo.

Valoración

Un RPG entretenido, pero que cuenta con demasiados fallos (sobre todo a nivel de guión) que estropean la experiencia de juego. Como expansión cumple con su cometido.

Hobby

71

Bueno

Lo mejor

Los paisajes tienen una belleza que ya quisieran muchos juegos, de lo mejor del género.

Lo peor

La historia está plagada de tópicos y 'excusas absurdas', además de ofrecer muchos fallos técnicos.

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