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Análisis

Robinson: The Journey - Análisis del juego para PlayStation VR

Por Alberto Lloret
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Versión comentada: PS4

Tras su juego de escalada The Climb, Crytek vuelve a probar suerte con la realidad virtual, aunque esta vez en PlayStation VR y con un concepto de juego más cercano a la aventura, que parte de un atractivo punto de partida. ¿Serás el Robinson Crusoe del siglo XXI?

PlayStation VR recibe esta semana otro juego exclusivo, Robinson: The Journey, una aventura espacial que adapta, de forma libre y a su manera, algunas de las ideas vistas en “Robinson Crusoe”, la novela de Daniel Defoe. Y es que aquí somos un “naúfrago galáctico”, que tendrá que sobrevivir después de que su nave nodriza sufra un accidente y su cápsula de evacuación se estrelle en el inhóspito planeta Tyson III, en el que los dinosaurios siguen campando a sus anchas. 

Y como el “Robinson” original, también tenemos nuestro propio “Viernes”, que aquí es un HIGS, un pequeño y parlanchín ordenador flotante que nos acompaña en todo momento y que, aparte de darnos cháchara, nos da consejos, información e incluso es una pieza clave a la hora de superar algunos puzles en los que debemos redistribuir la energía en unos enrevesados diagramas.

La aventura no comienza justo nada más impactar la cápsula, ni protagonizamos los primeros compases de la supervivencia, sino que tras ver algunos hechos en forma de vídeo, como la adopción de una cría de T-Rex como mascota (a la que podemos dar órdenes sencillas o incluso jugar al escondite con ella), tomamos el control cuando Robinson lleva un año en el planeta, con un campamento base ya creado, con verjas protectoras, un huerto...

Nuestro objetivo, mientras aguardamos la señal de un equipo de rescate, es ir más allá de nuestra zona segura y explorar nuevas áreas de Tyson III, en busca de cinco cápsulas HIGS que aporten más datos sobre lo que sucedió en la nodriza. Un viaje que nos llevará por zonas como una densa jungla, un mortífero pantano de brea o los restos de nuestra propia nodriza, la Esmeralda.

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Robinson: The Journey nos invita a explorar algunas zonas de Tyson III, un planeta en el que los dinosaurios siguen existiendo.

En todas estas áreas tendremos que dar buen uso a nuestra “multi-herramienta”, una especie de varita que recuerda a un mando Move que nos permite realizar acciones como levantar y manipular objetos (para por ejemplo, crear un puente improvisado con chatarra) o escanear seres vivos para crear una base de datos sobre la fauna del lugar.

Este escaneo es un minijuego en sí mismo: una vez fijada la criatura, debemos controlar un puntero moviendo la cabeza, para pasar por todos los puntos verdes que hay en su cuerpo, al tiempo que evitamos los rojos. Hacerlo correctamente añade una nueva entrada en nuestra base de datos, y nos permite admirar un modelo 3D de la criatura en cuestión.

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En Robinson The Journey contamos con una herramienta multiusos, que nos permite manipular objetos e incluso escanear la fauna.

Avanzar por este mundo se realiza como en otras aventuras 3D: con el stick izquierdo andamos y con el derecho controlamos la cámara. Existen diversos modos de control de la cámara, desde un modo “fluido”, que nos permite girar de forma continua la cámara a otros que van a “saltitos” de 30 en 30 grados. Además, girando la cabeza podemos también rectificamos la dirección en la que avanzamos.

Hemos probado todos los modos, y no hemos padecido el llamado “motion sickness” o mal cuerpo por el movimiento, quizá porque el desplazamiento siempre es suave y no hay opción de correr. En cierto sentido, el avance andando resulta “lento”, pero no de una lentitud que llegue a desesperar. Pero todo resulta mucho más ágil cuando interviene la otra gran mecánica del juego: la escalada.

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En Robinson: The Journey la escalada tiene un papel importante. El sistema es el mismo que en The Climb, otro juego de realidad virtual de Crytek para Oculus Rift.

Crytek, los creadores de Robinson, lanzaron a mediados de año The Climb, un juego de escalada para Oculus Rift, del que toman prestado su sistema de juego. Así, en muchas paredes del entorno veremos salientes y unos distintivos hongos que nos permiten apoyarnos (así como lianas, cables...). Sólo tenemos que acercanos a estos objetos para ver nuestras manos virtuales y comenzar a trepar.

Esta mecánica es muy sencilla, ya que basta buscar con la mirada los salientes a los que queremos trepar y presionar L2 y R2 para que nuestra mano izquierda o derecha se agarre al saliente. Si no llegamos, podemos estirar un poco el cuello para alcanzarlo... Una mecánica que se alterna con tirolinas, lianas al más puro estilo Tarzán y algunas situaciones tensas, como evitar el ataque de un pterodáctilo mientras superamos un abismo con la ayuda de unas lianas.

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La interacción con los dinosaurios suele acaparar los mejores momentos de Robinson: The Journey.

Y es que son justo estos momentos, en los que interactuamos con los dinosaurios de un modo u otro, los más intensos de Robinson. Debemos alimentar a un “cuellilargo” (una especie de diplodocus), pasar entre los velociraptores sin ser visto e incluso vernos las caras con un T-Rex (desde que comienza el juego sabes que esa situación, tarde o temprano, va a llegar). Son estos momentos donde la tensión y la emoción se disparan, pero ni son muchos ni buscan provocar un infarto al jugador .

Sirvan como ejemplo las zonas de sigilo en las que debemos pasar entre velociraptores: si nos detectan, empezarán a correr hacia nosotros... pero antes de llegar a “comernos”, veremos un fundido a negro que nos ahorra la angustia y el mal rato. Por desgracia, como decimos, tampoco abundan demasiado esos momentos que son en los que realmente brilla el juego.

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El sigilo también tiene su hueco en Robinson. Pasar entre los velociraptores sin ser detectado es algo que eleva los niveles de tensión...

Y decimos que no abundan porque el juego dura más bien poco. Sin excesivas prisas podrás terminar la aventura en apenas 4-6 horas, el doble si vas a realizar todas las tareas secundarias (al terminar la aventura, podemos seguir explorando el mundo con libertad para completarlas). Un mundo que tampoco es excesivamente grande: sólo hay 7 zonas y ni son muy grandes ni muy amplias, limitando que sintamos la sensación de estar explorando un inmenso planeta.

Técnicamente es más que correcto y, como suele suceder con las producciones de Crytek, la parcela visual está cuidada. Destacan algunos entornos y cuevas (que son los pasillos unen las distintas zonas), que cumplen su objetivo y nos hacen sentir allí, en una jungla o en el interior de la destruida nodriza, más aún si a nuestro alderedor constantemente revolotean luciérnagas, polillas.... De hecho, estéticamente algunos pasajes llegan a recordar a Jurassic Park, con todo lo bueno que eso conlleva.

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La ambientación de Robinson: The Journey está cuidada. Algunos entornos, como el interior de la nodriza, están muy bien acabados.

Además, todos estos lugares cuentan con buenos detalles visuales, con una cuidada atmósfera e iluminación, sin olvidar que muchas de ellas tienen sus propios detalles jugables. En nuestro campamento, podemos encontrar “tablets” donde activar juegos como el escondite con nuestra mascota, las tres en raya o incluso tirar unas canastas de basket. En otra zona tenemos que completar un escaneo de retina, teniendo que hacer el gesto de pegar la cara al sensor.

Son pequeños guiños jugables que logran que Robinson The Journey sea una experiencia con momentos memorables y que visualmente “engancha”, sin olvidar que la parcela sonora también está a la altura: el doblaje al castellano es fabuloso, y la banda sonora es de esas que no se olvidan fácilmente (el tema de los títulos de crédito es de los que se graban a fuego).

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Robinson da para 4-6 horas, si bien es cierto que después quedan algunas tareas opcionales, coleccionables y descubrir algunas de sus muchas "chorraditas", como poder jugar al 3 en raya, al escondite, tirar a canasta...

Pero ninguna de estas bondades eclipsa sus defectos, que también los tiene, como un visible popping (principalmente en las zonas más abiertas) o texturas que no aumentan su resolución hasta que no estamos literalmente encima. O los largos tiempos de carga al comenzar a jugar y que luego brillan por su ausencia. No es nada grave, ni afecta en exceso a la aventura, pero ahí están.

Si a eso sumamos su precipitado final, que deja la puerta abierta a más aventuras en Tyson III, y su elevado precio (59,99 euros), al final queda la sensación de estar ante un título que podía haber sido la gran aventura que sigue necesitando el catálogo de PS VR si se hubiera cuidado más su duración (o suavizado su precio). Sí, ofrece tareas opcionales como escanear toda la fauna, encontrar 13 pulseras especiales, realizar tareas secundarias como ayudar a una cría o conseguir todos los trofeos... Pero lo más importante lo habrás visto ya durante la aventura.

Por todo esto Robinson: The Journey es un título que, a pesar de sus buenas ideas, de su buena puesta en escena y de los momentos que deja impresos en la retina, no podemos recomendar por su reducida duración y elevado precio. Es un título interesante, entretenido mientras dura... pero ése es el problema: que dura muy poco.

Valoración

Robinson: The Journey tenía todos los mimbres para ser LA AVENTURA de PS VR que muchos estaban esperando, pero su escasa duración y su elevado precio le alejan de ese galardón, a pesar de poner en pantalla algunas ideas jugables interesantes y contar con algunos pasajes memorables.

Hobby

70

Bueno

Lo mejor

Visualmente tiene pasajes que no se olvidan fácilmente. Tiene ideas interesantes, y algunas mecánicas, como la escalada, funcionan de maravilla.

Lo peor

Sus 4-6 horas de juego son pocas frente a los 59,99 euros que cuesta. Tiene fallos como popping o texturas que cargan a destiempo. La carga inicial.

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