Una serie de catastróficas desdichas
Análisis

Una Serie de Catastróficas Desdichas temporada 1 - Crítica de la serie de Netflix

Por Jesús Delgado
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Una Serie de Catastróficas Desdichas se estrenó en Netflix a principios de año. Repasamos en esta crítica toda la temporada 1 con Neil Patrick Harris como su principal villano.

Una Serie de Catastróficas (A Series of Unfortunate Events) ha sido una de las grandes apuestas de Netflix para empezar 2017. Y mal no les ha salido la jugada, por cierto. Pocas semanas después de su estreno en enero de 2017, se supo que había superado con creces en cuanto a audiencia a algunos de sus mejores programas de 2016. 

La serie de Una Serie de Catastróficas es una adaptación televisiva de los libros de Lemmony Snicket (alias literario de Daniel Handler), como ya hiciera la película homónima y protagonizada por Jim Carrey en 2004 Sin embargo, donde la película únicamente pudo adaptar los tres primeros libros, omitiendo numerosos detalles y giros, la serie pretende ser más ambiciosa y narrar al completo toda la serie de historias. Los trece libros que componen la colección completa y que se publicaron entre 1999  y 2006.

Esto implica, claro, que la primera temporada de Una Serie de Catastróficas únicamente adaptará los cuatro primeros libros, dejando el resto de obras a las dos próximas temporadas que el show tiene previstas. De esta manera, en la temporada 1 veremos la adaptación de las historias recogidas en los libros Un mal principio, La habitación de los reptiles, El gran ventanal y El aserradero lúgubre

¿Pero de qué va la historia? La trama está ambientada en un mundo atemporal que bien podría ser finales del siglo XX o principios del nuestro. Eso queda a la imaginación del lector (o espectador). Violet, Klaus y Sunny Baudelaire (Malina Weissman, Louis Hynes  y Presley Smith) son tres niños de inteligencia y dones muy particulares, que quedan huérfanos tras un horroroso incendio. Por motivos que no os revelamos, son puestos en manos de un siniestro pariente lejano, el Conde Olaf (Neil Patrick Harris de Cómo conocí a vuestra Madre), un aristócrata centroeuropeo con ínfulas de actor, que parece tener un interés desmedido en la fortuna que sus padres dejaron a los Baudelaire.

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Desde el momento que los Baudelarie entran en casa de Olaf, este tratará por todos los medios de eliminarlos para hacerse con su fortuna. En todas las ocasiones, los hermanos lograrán escapar, iniciando un tumultuoso viaje que narra el investigador y narrador Lemonny Snicket, al que da vida Patrick Warburton, (la voz de Joe Swanson en Padre de Familia). A lo largo de su viaje, los huérfanos irán a parar al cargo de distintos tutores, a cada cual más estrafalario, revelando una conspiración y un secreto que podría explicar la muerte de sus padres, así como una lucha entre dos organizaciones enfrentadas desde hace décadas. 

Y expuesta la premisa de la serie, ya podemos pasar al meollo de la cuestión, la crítica de la serie

Un cuento en capítulos

Lo primero que tenemos que desprendernos antes de empezar con la crítica es de la odiosa comparación entre la película original de 2004 y la serie. Si bien ambas parte de los mismos libros, hemos de entender ambos productos como títulos separados tanto en cuanto a narrativa, ritmo y desarrollo. Si bien es cierto que tanto serie como película comparten una estética que bebe directamente de los diseños de los libros. 

De hecho, esta estética que sigue recordándonos tanto a la película y a los libros es un gran acierto al crear esa atmósfera plomiza y apesadumbrada, propia del relato original, que trata de reflejar el constante trance y vicisitudes del trío de huérfanos. A su vez, a esto se aúna la recreación de un mundo completamente atemporal que bien pudieran ser los años 70 del pasado siglo, los 90 o el año pasado. Este escenario dota a toda la serie de ese tono irreal de cuento que podemos ver producciones basadas en literatura similar y que le dan un sello también muy característico.

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Ahora bien, estas decisiones estéticas y de tono son parte de sus puntos fuertes pero también sus flaquezas. Precisamente ese tono triste y melancólico de la historia es el que le da su sello característico a Una Serie de Catastróficas Desdichas, pero también lastra la acción, atragantando levemente su visionado. De hecho, no recomendamos verla de seguida, y menos con el ánimo bajo. En parte, el tipo de humor y el cinismo con el que encara las desgracias que se narran no ayudan precisamente a un espectador sensible o melancólico. Ha de entenderse su sentido de la comedia para disfrutarse y que todo parte de un juego estético y de un discurso buscad. Y es que si bien no estamos frente una historia deprimente, ese falso tamiz pseudo-dickensiano con el que se ornamenta puede ser perjudicial en dosis demasiado continuadas para un espectador con un muy poco filtro, que no esté dispuesto a asumir la farsa que se propone . 

Por otro lado, hemos de entender que la serie a veces tiene un ritmo lentito y se toma las cosas con calma. Si bien esto no tiene que ser un fallo como tal, si puede restarle atractivo a la serie. Sobre todo si el espectador no va con paciencia precisamente ese día. Aunque, eso sí, la narración es algo más ligera y menos gore que el libro original. Los que conozcan encontrarán algunas licencias narrativas que, en verdad, no acaban de quedar del todo mal. Y, además, que se tome su tiempo no está nada mal, ya que los detalles son ingentes y es mucho mejor crear expectación que anticipar...

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En conjunto estamos ante un cuento moderno, cuyo visionado pueden disfrutarla tanto niños como adultos y, a su vez, sacarle la chicha que sus respectivas entendederas les permitan. El público más joven pillará la idea principal de Una Serie de Catastróficas Desdichas: la lucha de los niños tratando de zafarse del continuo acoso del conde Olaf, al tiempo que sufren la incredulidad de los adultos, en tanto el público más maduro pillará al vuelo los mensajes más retorcidos y con un doble sentido que el discurso de la trama alberga.

Una serie que se ve mejor en VO

De lo mejor de Una Serie de Catastróficas Desdichas  es el propio Neil Patrick Harris en su papel de Conde Olaf. Si bien los críticos con el actor reconocerán en un principio demasiados vicios adquiridos de su rol de Barney, pronto podemos disfrutar de uno de los villanos más viles de la televisión actual. Y también de los más polifacéticos. De hecho, Harris demuestra su enorme capacidad para la comedia a lo largo de estos ocho primeros episodios encarnando a Olaf que a su vez trata de hacerse pasar por otro tipo de personajes. Esta metaactuación nos demuestra buena parte del registro del intérprete, quien además es uno de los principales productores del show. 

Por otro lado, el resto del elenco no está nada mal. El trío protagonista de los Badulaire de Malina Weissman, Louis Hynes y Presley Smith funciona en pantalla a la perfección y la química entre los tres es perfecta, haciéndonos creer que en realidad son familiares. Eso sí, grabar a la pequeña Presley también demuestra un enorme trabajo de dirección, habida cuenta de lo complicado que resulta captar al bebé y sus expresiones en el momento justo.

Paralelamente, los secundarios de lujo son una bendición para la serie. La participación puntual de caras como la de Alfre Woodard (Luke Cage)Aasif Mandvi, Don Johnson o Joan Cusack son muy agradecidas y dotan de bastante interés a los episodios, además de cierto brillo propio a sus escenas. 

Ahora, como os decimos en el ladillo. Desgraciadamente no es una serie con la que estemos contentos con el doblaje. El Conde Olaf pierde mucho en la traducción, como pasa con otros personajes. Otra víctima de la traducción son los títulos de créditos iniciales. Si bien en cada tanda de dos capítulos hay una variante del tema principal dedicado a los hechos de cada subtrama, en la traducción española se ha optado por mantener la misma versión de la canción para los ocho episodios. Un fallo tonto, pero que merece un tirón de orejas, como también las canciones, que chirrían un poco al oído.  

Resumiendo, Una Serie de Catastróficas Desdichas es una propuesta curiosa. ¿Recomendable? Desde luego. Pero mejor si la tomáis en pequeñas dosis y sabéis que al final es una farsa que trata de ir de tragedia. Hacednos caso, vedla y disfrutadla. Pero de forma dosificada. 

Ah, y cuidado con el final de temporada. Si os deja con ganas de seguir viendo que tragedias les pasa a los Badulaire, no os asustéis. Es que la serie ha logrado captar vuestra atención. 

Valoración

Correctísima adaptación de los cuatro primeros libros de la serie original de novelas de Lemmony Snicket, con un Neil Patrick Harris paripatético y tremendamente divertido que ejerce las labores de antagonista recurrente.

Hobby

81

Muy bueno

Lo mejor

Neil Patrick Harris, su versión del Conde Olaf le da mucha vida a la serie, La adaptación de los libros, fiel hasta cierto punto. Su atemporalidad.

Lo peor

Los giros son ligeramente recurrentes. El tono del relato plomizo a. Su doblaje no hace justicia.