Crítica de Agatha Christie: Las siete esferas de Netflix, adaptación elegante que olvida su firma

Seven Dials
Seven Dials

Agatha Christie protagoniza Netflix con una miniserie elegante, pero emocionalmente escasa que traiciona el desarrollo del misterio en favor del impacto final. 

La firma de Agatha Christie lleva a un viaje instantáneo por la nostalgia literaria. Un universo de formas exquisitas, de personajes que se tapan la risa más artificial con los límites de una servilleta bordada, de humor sarcástico inglés.

De la sátira social que ha regado las librerías desde hace ya más de 100 años. De la reina del whodunit. Una firma que es un atajo emocional. Y si de algo sabe Netflix es de rentabilizar una firma.

Porque la creadora de Hercules Poirot y Miss Marple lleva implícito el reconocimiento inmediato de cualquiera que se haya interesado ni que sea fugazmente por el misterio y el género policial.

De cuando el crimen no se balanceaba en la dudosa moralidad del True Crime; el sello de Christie es un billete de vuelta al confort de la inteligencia popular, al asesinato como pasatiempo que podía ser civilizado.

Seven Dials
Seven Dials

Las siete esferas de Agatha Christie es el material de inspiración para la nueva miniserie de la plataforma del tu-dum. Pero de título inverso: Agatha Christie: Las siete esferas.

Que la serie se titule así no es sólo una decisión comercial, es un aviso. La firma es el producto. Uno embalado como regalo para el «mantita y peli» con tres episodios que quieren tener su elegancia, su ritmo y su punzada crítica. He ahí la trampa: lo «quieren».

La religión de la sorpresa

Las siete esferas de Netflix nos presentan una fiesta en la mansión Chimneys entre negocios y sofisticadas puñaladas verbales rodeados de la crème de la crème de la sociedad inglesa. Un par de amigos bromistas, una madre estirada y una joven hermosa, inteligente... y aparentemente enamorada.

A la mañana siguiente, Lady Eileen (Mia McKenna-Bruce), nuestra perspicaz protagonista, y el ejército de personas que allí se alojan por la noche se encontrarán al interés amoroso muerto en la cama.

A partir de aquí se libera el contexto, dirás. Error. Empieza la investigación. Lo descubriremos con el paso de los actos y los diálogos entre personajes, esperarás.  La parte positiva es que, si lo estás viendo en la tele, al menos estarás cómodo.

No necesitarás más que la primera media hora para descubrir las fortalezas y debilidades del guión de Chris Chibnall: preciso para que los personajes altivos se luzcan en el sarcasmo, absolutamente desaparecido en lo emocional.

La propia novela de Christie ya era una anomalía en su trayectoria: The Seven Dials Mystery, publicada en 1929, pertenece a una etapa en la que la autora tomó un receso del proceso detectivesco más procedimental de su ya exitoso Poirot por una historia de thriller con tintes de aventura juvenil.

Pero si algo caracteriza a Christie no es sólo el misterio, es el tono. Su modo de mirar a la alta sociedad con una sonrisa deslumbrante y un puñal tras la espalda. Aquí construyó algunos de los arquetipos del resto de sus novelas, pero en la adaptación quedan completamente difuminados.

El misterio de las siete esferas satiriza a un país que baila jazz en medio de la resaca moral de la posguerra, de la desigualdad y la industrialización que tanto influyó a autores como Tolkien. Una historia menos obsesionada con desarrollar el mecanismo perfecto, pero igualmente crítica.

La miniserie de Netflix lo entiende al revés, como el título. Es una crueldad: el sarcasmo está, pero el resto se evapora. Lo que hace funcionar un whodunit no es sólo la revelación, es la relación entre espectadores y personajes.

El duelo, la pérdida, la humillación, la vergüenza, el deseo, el orgullo... son combustible. Nuestra protagonista estaba enamorada, hasta pensaba que iban a casarse. Todos parecían conocer el afán de su amigo por dormir hasta el mediodía. Hasta podías palpar la envidia por su relación con Lady Eileen...

O eso nos dicen un par de líneas de diálogo; no hay detenimiento en la grieta emocional y la investigación deja de ser un impulso humano para ser un trámite narrativo necesario para justificar la ficción.

Esta Lady Eileen investiga más por ego que por venganza. No porque sea un personaje moralmente ambiguo, sino porque el guión no da otra opción.

Y esta idea podría funcionar, de hecho. Sé que debo juzgar la miniserie por lo que es, pero ni así consigue convencerme: los diálogos son casi infantiles a partir del segundo episodio, las relaciones siguen sin entenderse y la trama avanza con una parsimonia exasperante.

Las siete esferas
Las siete esferas

Una vez más, prima la sorpresa sobre la vinculación emocional. El destino, no el camino. Es el eterno viacrucis al que vivimos sometidos desde que Juego de Tronos hiciese del giro dramático y el impacto su principal fortaleza.

A pesar de todo, Chibnall construye una renovada Bundle contemporánea, igualmente activa e incisiva, siendo ella quien da los pequeños empujones que mueven la trama... aunque sea una narrativa por hitos.

Bundle debe enfrentarse a la alta sociedad inglesa a la que pertenece, pero para descubrir un lado oscuro que siempre le había sido oculto. Debe enfrentarse al lobby industrial e incluso a su círculo más cercano. 

Y así vemos a Bundle representada de forma diminuta en cámara hasta ir ocupando más espacio en la composición con cada episodio. Grandes picados y distancias que inciden en una misión que, de primeras dadas, le queda grande.

Tiene una intención visual que su director Chris Sweeney y Luke Bryant en la fotografía han procurado adaptar al código Netflix: con refuerzos dorados en las escenas de la aristocracia y, sobre todo, para su protagonista.

El código contrasta de forma irónica con la crueldad del sarcasmo inglés, pero dejan a Bundle en una situación menos favorable; la suavizan hasta infantilizarla.

Christie es el camino

Brindo por la segunda juventud que parece estar viviendo el whodunit desde Puñales por la espalda (Rian Johnson, 2019). Han recuperado la base clásica aderezándola con un comentario social que lo vuelve, aunque me duela decirlo, memeable. Y este es el lenguaje de hoy.

Así lo ha vuelto a demostrar Puñales por la espalda: De entre los muertos (Rian Johnson, 2025). Pero no todo vale. Netflix apuesta por una Christie que funciona por marca, maratonizable, de consumo fácil.

Tres horas que se vuelven densas en un material que permite más chispa, pero con ciertas intenciones visuales y un reparto que por pura sapiencia puede sostener la historia.

Las siete esferas elige impactar al final que satisfacer durante. La sorpresa como religión. Que lo que de qué hablar sea el final. Y es ahí donde muere el original, porque Agatha Christie es el camino.

Valoración

Nota 58

Las siete esferas de Netflix adaptan el sarcasmo de Agatha Christie, pero sin su corazón narrativo ni la prosa con la que demostró que lo importante es el camino.

Lo mejor

La intención visual y el uso de la cámara para reflejar lo pequeña que es Bundle en el mundo que está descubriendo.

Lo peor

El guión sacrifica sentimientos y relaciones por el impacto, rompiendo toda la química del thriller.

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