Crítica de El árbol muy muy lejano, un histriónico alarde de imaginación basado en la obra de Enid Blyton

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Crítica de El árbol muy muy lejano, la adaptación del universo literario de Enid Blyton con Claire Foy y Andrew Garfield como protagonistas. Estreno el 9 de octubre.
La escritora inglesa Enid Mary Blyton es una de las instituciones dentro de la literatura infantil como autora de sagas como la de Los cinco, Secreto, Los siete secretos, Misterio o Torre de Malory. La saga El árbol muy muy lejano está compuesta por varios cuentos y relatos cortos, pero en castellano solo puede encontrarse la trilogía central, adaptada para peques, compuesta por El bosque encantado, El árbol mágico y Los habitantes del árbol.
La película que hoy os ocupa hace una mezcla de los tres y alguno más como El país de las golosinas o El país de los cumpleaños. La forma de actualizar los relatos ha sido la de vehicular un mensaje muy certero: reivindicar la imaginación y el juego por encima del uso de las pantallas y la zombificación de los más pequeños con los dispositivos electrónicos. Y ahí nos gana el corazón muy rápido.
El árbol muy muy lejano está claramente dividida en dos partes bien diferenciadas: la realidad y ese mundo al que solo se puede acceder si se cree en la magia y se da un pequeño salto de fe. Sale ganando la primera parte, en la que el encanto de los personajes de los padres, unos entregados Claire Foy y Andrew Garfield, le aportan una calidez muy especial y entrañable a la familia protagonista, además de tener una química magnífica en pantalla.
Naturaleza y magia
Polly, Tim y sus tres hijos forman una familia que pasa por ciertos apuros económicos que les obligan a mudarse a la campiña inglesa. Su plan es dedicar el verano a cultivar tomates para utilizarlos para elaborar la famosa salsa de Tim, con la que esperan poder iniciar un negocio local de cierto éxito con el que pagar sus deudas.
A pesar de sus reticencias iniciales, poco después de llegar, los chicos descubren el árbol mágico y a algunos de sus extraordinarios habitantes como Seditas, Cara de Luna, el señor Comosellame, doña Lavamucho o el señor Cazuelas.
Desde la copa del árbol son transportados a mundos fantásticos que les permiten vivir locas aventuras, aunque lo primordial es que la familia consigue así reconectar y valorarse como nunca antes.

Las referencias de las que bebe El árbol muy muy lejano son muchas. La principal, la mitología nórdica con su concepto del gran árbol cósmico Yggdrasil, cuyas ramas conectan distintos mundos, llamados aquí países. Por supuesto, también los cuentos de hadas clásicos, desde El cascanueces hasta El mago de Oz, aunque desde un prisma más infantil.
Y, finalmente, aunque no por ello menos importante, el imaginario rural de la campiña inglesa en el que el propio bosque como lugar misterioso ya da pie a que se dispare la imaginación y se piense en seres fantásticos y toda clase de aventuras en las que el folklore y la fuerza de la naturaleza se dan la mano.
Hay lugares en los que no hace falta cerrar los ojos para creer en los insólito: la luz tamizada que se cuela entre las ramas de los árboles, la humedad del suelo y el susurro quedo de las hojas al arrullo del viento ya conforman el pasaje perfecto al otro lado de la realidad.

¿Hasta qué punto funciona la película? Desde luego, va con todo desde el primer momento. El mundo de la fantasía no tarda en desembarcar a lo grande y lo hace de forma contundente con un alarde de color y una puesta en escena que deja clarísimos los límites de la realidad.
Sin embargo, también se antoja todo demasiado extravagante y aleatorio. Si al espectador adulto le cuesta un poco ubicarse, más complicado le resultará aún al público menudo, que se perderá con algunas referencias estéticas como las ochenteras, sin ir más lejos.
Respecto al casting, hay intérpretes que despiertan una simpatía inmediata como Nicola Coughlan en el rol de Seditas mientras que otros imponen mucho respeto como Nonso Anozie como Cara de Luna. Rebecca Ferguson, por su parte, tiene un breve y tenebroso papel en el que apenas tiene oportunidad de brillar, aunque también es cierto que le permite alcanzar un nuevo registro que la hará colarse en las pesadillas de más de dos.
En resumidas cuentas, El árbol muy muy lejano es una adaptación con elementos a valorar positivamente como la muy acertada actualización del relato en pro de salvar la libertad de pensamiento, de arriesgar para alcanzar un sueño, esforzarse para ponerlo en pie y no abandonar a ese niño que fuimos una vez y supo dejar volar su imaginación. No todo sale bien esta vez, pero la película tiene un punto enternecedor que ya no es habitual encontrar ni siquiera en el cine familiar.
Valoración
Nota 59
El árbol muy muy lejano es una película un tanto extraña: tiene buenas intenciones y actualiza el relato de manera satisfactoria pero es también un mix que peca de excesivo en algunos momentos al que le cuesta encontrar el tono.
Lo mejor
El mensaje central, que tiene corazón y cala.
Lo peor
Tiene momentos muy histriónicos que se pasan de frenada y hacen que coquetee con el borde del abismo.

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