Crítica de Avatar: Fuego y ceniza - Pandora está que arde en la nueva entrega de James Cameron

Crítica de Avatar: Fuego y ceniza, la nueva película de la famosa franquicia de James Cameron de estreno en cines el próximo 19 de diciembre.
Se acabó la espera: es hora de testar los miedos de James Cameron, que se enfrenta a unas proyecciones de taquilla inferiores a lo esperado con el estreno de Avatar. Fuego y ceniza, tercera entrega de su obra magna de ciencia-ficción en la que retoma su universo ficcional favorito. Ampliable en dos películas más, por cierto, si los vientos soplan a favor, convenientemente cerrado si no es así.
Solo unas breves pinceladas para decir que, en cierta forma, hemos pasado a considerar esta franquicia un prodigio de la tecnología a valorarla como una creación mucho más artesanal, a tenor del cuidado puesto en las interpretaciones que sirven de base en las capturas de movimiento (Oona Chaplin, fichaje estrella, lo ha llegado a definir como un homenaje al "teatro pobre") y, sobre todo a la negativa rotunda de Cameron de utilizar Inteligencia Artificial.
Se percibe que Avatar: Fuego y ceniza es un coloso, pero un coloso en llamas literal y metafóricamente. La razón es el mastodóntico presupuesto que supera los 500 millones de dólares situándola como una de las producciones más caras de la Historia (contando con la partida destinada a marketing), pero que le pone unos grilletes de oro a Cameron.
Necesitaría multiplicar esta cifra por cuatro recaudando unos 2.000 millones para ser un éxito financiero, algo que queda flotando en el aire de momento como un hito astronómico. ¿Era necesario semejante dispendio para "parafrasearse"? ¿Merece la pena invertir el tiempo en ir a verla? Vamos a tratar de responder a estas cuestiones.
El tirón de Avatar es indiscutible; el hecho de que la experiencia cinematográfica es única, también. La audiencia solo podrá experimentar la película como ha sido ideada yendo al cine, único lugar en el que podrá "entrar" en Pandora a lo grande, con un 3D más inmersivo y espectacular que nunca e imposible de reproducir en los hogares con los equipos actuales de home cinema. Y eso son muchas entradas (de las caras), a la espera de ser vendidas para superar el reto.
Aunque las comparaciones son odiosas, es necesario hacerlas para comprender en qué entorno nos movemos: El sentido del agua era más hermosa en su exploración de los océanos mientras que Fuego y ceniza es más intensa a nivel emocional y más arriesgada en la medida en la que el guión "se moja" para arrojar respuestas respecto a los orígenes y el destino de algunos personajes centrales. Otra cosa es que sean satisfactorias, coherentes y maduras...
No deja de ser cierto que la historia, en buena medida, se repite... ¡Otra vez! Los conflictos son más o menos los mismos, aunque evolucionados, los villanos también... con la incursión de un nuevo clan de costumbres violentas y regia jerarquía que se alía con las fuerzas militares humanas (el lado oscuro de los Na'vi, los llamados Mangkwan o Pueblo de la Ceniza liderado por Varang). Por lo demás, la apuesta se redobla por superar en espectacularidad a las dos películas precedentes, con tres horas y cuarto de despliegue visual por tierra, mar y aire y colosal clímax en el tercio fnal.

En pocas palabras: Avatar: Fuego y ceniza no le va a cambiar la vida a nadie porque recala en las mismas temáticas e incluso se vale de una estructura expositiva similar a las dos cintas previas, pero el alarde técnico es mayor.
Es una película aún más grande a todos los niveles que tiene momentos para todo: para explorar las distintas formas de abordar el duelo de los personajes, para hablar de la orfandad y el sentido de la familia, para dar alguna pincelada de incipiente romance, para mostrar calamares gigantes chungos, a los tulkun en todo su esplendor, militares furibundos en exoesqueletos y cangrejos robotizados subacuáticos. Cameron no se ha dejado nada en el tintero, va con toda la artillería y no aplaza un solo cohete... los lanza todos a lo grande. Por si las moscas.
Es una película que puede gustarte más o menos, captar tu atención e interés en mayor o menor medida, pero apuesta por una grandiosidad y unos niveles de excelencia técnica que la convierten una visita obligatoria a las salas de cine.

El punto de partida de Avatar: Fuego y ceniza es el dolor del clan Sully por la pérdida de Neteyam, el hijo primogénito de Jake y Neytiri. Mientras que el patriarca reacciona armando a la familia hasta los dientes y tratando de mantener el control de la situación ante un potencial nuevo ataque, ella está sumida en un profundo luto que la lleva a poner en la diana a todos los humanos, incluyendo al adoptado Spider. Lo'ak y Tuk echan mucho de menos a su hermano mayor y tratan de recordarlo con cariño pero, en general, todos están alerta ante un futuro incierto.
En este contexto hace acto de presencia Varang, la lider del Pueblo de las Cenizas proveniente de las zonas volcánicas que se alía con Quaritch convirtiéndose en una potente amenaza al equilibrio de los acantilados en el peor momento posible. Justo cuando se produce la fragmentación de la familia y Jake y Neytiri se enfrentan a terribles dilemas morales con el fin de proteger a los suyos y sobrevivir a un mundo en guerra total en el que serán movilizadas todas las fuerzas posibles.
Hay novedades: relevo de narrador, que pasa a ser Spider para favorecer la narrativa, y respuestas sobre el origen de Kiri, el personaje más espiritual encargado de portar la antorcha de la fe inquebrantable. Ésta es quizás la parte más farragosa (por no decir directamente incomprensible) de la película. Aunque al menos está puesta al servicio de la evolución del carácter de ciertos personajes. Los demás resultan algo planos, como el guión en general. Las sensaciones de dejà-vu son constantes, aunque tengamos por fin respuestas a algunas cuestiones que era capital resolver de una vez por todas.
Todos se van a ver puestos a prueba de una manera u otra en una cinta que sabe a desenlace, aunque sea desenlace transitorio a la espera de los números que determinarán si es u éxito o un fracaso y su continuidad por tanto. Lo que es incontestable es que los amantes de Pandora no se la pueden perder y que van a alucinar en el cine. Está hecha para dejar ojiplática a la audiencia, aunque al libreto no le habría venido nada mal alguna vuelta de tuerca adicional.
Valoración
Nota 75
Menos "bonita" pero más grandilocuente y épica que su predecesora, apuesta por dar respuestas y cerrar tramas ofreciendo un espectáculo visual impresionante. Obligatorio verla en cine para disfrutarla de verdad.
Lo mejor
Es demasiado larga y arranca despacito, es en su tercio final cuando tira la casa por la ventana y se vuelve completamente loca.
Lo peor
En realidad es más de lo mismo, es bastante predecible líneas generales y tiene momentos valle de los de echarte la siesta.
Avatar: Fuego y ceniza (2025)
Título original
Avatar 3
Género
Acción, Aventura, Ciencia ficción, Drama, Fantasía
Lenguage original
Inglés
Presupuesto
400.000.000,00 $

Raquel Hernández Luján
Redactora
Raquel Hernández es redactora y crítica de HobbyCine desde 2010. Está especializada en cine, series y literatura así como familiarizada con las tendencias culturales de actualidad.
