Crítica de Brothers, con Matthew McConaughey y Woody Harrelson en Apple TV+: por divertido que sea el rumor, no daba para una serie

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McConaughey y Harrelson convierten el rumor de que podrían ser hermanos en una metacomedia que confía demasiado en su carisma y demasiado poco en desmontar sus propias mitologías.
Una metacomedia basada en una anécdota protagonizada por Matthew McConaughey y Woody Harrelson parece ser el tipo de idea que se le ocurriría al tipo que persigue celebrities por los eventos, a Joaquín Reyes para una de sus excéntricas genialidades o a sus propios protagonistas. Volver a juntarlos después de True Detective es otro cantar.
Protagonistas de una de las mejores temporadas de televisión criminal del siglo, amigos desde prácticamente la mitad de sus vidas y dueños de dos personalidades interpretativas tan reconocibles que los convierten, de hecho, en absolutos personajes de ficción caminando por la realidad. Ahora, ¿es suficiente para decidir que el rumor de si son hermanos da para una serie?
Brothers, la nueva comedia de Apple TV+, convierte el chiste en una historia de ocho episodios protagonizados por McConaughey y Harrelson haciendo versiones exageradas y satirizadas de sí mismos.
La historia la empezaron ellos, de hecho, y así lo han querido reflejar para el arranque de la serie: la madre de McConaughey contó a todos en unas vacaciones juntos que había "conocido" al padre de Harrelson antes de que Matthew naciese. Y, al parecer, esas comillas eran del tamaño de Texas.
De aquellos polvos, estos lodos. Como si fuesen dos colegas que se hubiesen retado en términos que no tienen cabida en este texto sobre si se atreverían a llevar esto a la tele, aquí lo tenemos: una serie guionizada de comedia y ligeros tintes de drama que demuestra que una anécdota divertida no genera necesariamente una premisa narrativa funcional.
El rumor hecho serie
La serie empieza con la familia de Harrelson apareciendo en el rancho texano de McConaughey después de que la boda de su hija haya terminado en llantos y, estando allí, la madre del segundo (Holland Taylor) suelta la bomba: quizá lo de que se llamen "bro" tiene algo más literal de lo que se imaginan.
Mientras Woody intenta demostrarlo, Matthew fantasea con la crisis de los 50 del actor de Hollywood más castizo: presentarse a gobernador de Texas. Con episodios de media hora y dos disponibles con el estreno de la serie, puedo decir que no consiguen convertir ese privilegio de juntarlos en cámara en razón suficiente para seguir viéndola.

Y no es que este tipo de rumores o misticismos detrás de las vidas de las —inserta aquí la voz de Joaquín Reyes otra vez— celebrities no tengan cabida en el cine comercial, es más bien el peso que son capaces de soportar más allá de la anécdota. El propio Harrelson es parte fundamental de una película que lo hizo de maravilla en ese sentido: Zombieland.
Bill Murray aparece para interpretar a Bill Murray en un tramo de la película que utilizan para que se burle directamente de su imagen pública. Zombieland convirtió al propio Murray en el mejor chiste sobre sí mismo dándole un espacio en una película de zombis, y funcionaba más por la prisión narrativa a la que sometían el chiste dentro de la historia principal.
Es un ejemplo simple, pero que me parece particularmente útil. El personaje de Harrelson exagera tanto la leyenda del actor que la convierte en una parodia; eso es justo lo que echo de menos en Brothers. Tienen un McConaughey y un Harrelson que son poco más que exageraciones planas de sus mitologías en lugar de deconstruir sus personalidades y perforarlas.
Demasiado europeo para este rancho
El elefante en la habitación, al menos para mí como ciudadano europeo, es que soy incapaz de que entre en mí este humor. El de padres borrachos abandonados en bares, la emoción del rodeo, los cowboys, la caza y el animalismo enfrentado a la tradición, abuelas en moto con armas y alcohol o discursos sobre "la familia" pronunciados con la solemnidad de una arenga de Braveheart.
Los clichés sureños estadounidenses no podrían quedarte más lejos si vives en un pueblecito de Castilla-La Mancha. La distancia cultural se hace cada día más palpable con la globalización y, al menos en mi caso, una de las más afectadas son este tipo de producciones de Hollywood.
No es que el contenido angloamericano haya dejado de dominar mis hábitos audiovisuales, es que he dejado de concederle automáticamente la universalidad y la admiración con la que de niño veía los institutos con taquillas, los bailes de graduación, las fraternidades universitarias y las barbacoas suburbanas como códigos culturales compartidos.
Los entiendo, pero no soy capaz de reconocerme en ellos. De ahí que la comedia de Brothers, absolutamente convertida en un parque temático de Texas, lo que para el público estadounidense puede ser sátira desde la familiaridad, para mí es fundamentalmente distancia e indiferencia. Y para una comedia existen pocas cosas peores.

Lo que más me sorprende es encontrar algo así en Apple TV+. Una plataforma capaz de producir comedias con una identidad tan definida como Ted Lasso o The Studio termina apostando por una historia que parece el entretenimiento de dos estrellas entre producciones por el mero hecho de poder hacerlo.
No es que Brothers sea un horror. Casi sería más interesante si lo fuese. El problema es una tibieza insalvable que un guion igualmente conservador nunca consigue superar. El rumor se explica en una cena con amigos; la serie necesita ocho episodios para intentar justificarlo.
Si no existe tampoco el interés dramático de resolver el misterio dada la naturaleza de la serie, lo único que nos queda es una magnífica anécdota de sobremesa convertida en ocho episodios de televisión.
Valoración
El rumor de dos hermanos no de sangre convertido en una metacomedia que confía demasiado en el carisma de McConaughey y Harrelson y muy poco en su capacidad de desmontarlos.
Lo mejor
Hay una química natural heredada de la realidad entre Harrelson y McConaughey y un aire sureño que a cierto público puede enganchar.
Lo peor
Es una anécdota estirada en ocho episodios y un humor tan específico que puede resultar culturalmente impermeable.
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