Crítica de El castillo, la demoledora serie de Movistar Plus que retrata el mundo de la prostitución

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Crítica de El castillo, la nueva serie de Movistar Plus protagonizada por Valentina Vidal, Raúl Arévalo, Omar Ayuso y Laia Marull. Estreno el 8 de octubre.

El castillo es una de las mejores series que podrás ver este año, aunque, ya te lo advertimos, es como recibir un puñetazo en la boca del estómago. Te va a costar reponerte del visionado de esta nueva obra original de Movistar Plus, llamada a liderar el ranking de la ficción local. No está pensada para agradar a nadie sino que se pega a la realidad todo lo posible y el ecosistema en el que se mueve es... deleznable.

El punto de partida para los creadores de la serie, Isabel Peña y Eduardo Villanueva, es la novela de Mabel Lozano titulada El proxeneta que retrata claramente el mundo de la prostitución en la España de los 90 y los 2000 pasando por grandes hitos como la creación de la unión de empresarios del ocio nocturno (tremendo eufemismo), la adhesión al Acuerdo de Schengen que cambió la política de inmigración o el cambio de la moneda de la peseta al euro. 

De aquellos barros estos lodos, porque muchos aspectos se han mantenido o recrudecido con el paso del tiempo, como la serie se encarga de poner de manifiesto en unas cartelas al final de cada episodio.

Anatomía de un engaño

El castillo nos presenta a Claudia, una mujer colombiana que accede a viajar a España para ejercer la prostitución en unos términos que nunca llegan a cumplirse. La deuda contraída por el pasaje no hace más que crecer y crecer mientras que su patrón, al que todos llaman el Suizo, y sus amigos "empresarios" no paran de amasar dinero.

El modus operandi es traer mujeres de distintas nacionalidades para mantener sus clubs a costa de la explotación sexual engordando una deuda imposible de satisfacer y retirándoles el pasaporte para mantenerlas atadas.

Entre tanto, la UCRIF (Unidad Central de Redes de Inmigración Ilegal y Falsedades Documentales) trata de echarles en guante a los dueños de los burdeles que, asesorados cada vez mejor por abogados, buscan la manera de extender los visados de las mujeres y de blanquear el dinero pasando por debajo del radar de las autoridades.

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Lo que cuenta y cómo lo cuenta: El castillo es una serie demoledora. No solo radiografía un determinado periodo de tiempo sino que nos pone en la pista del actual estado de la cuestión. Todo ello sin objetivar nunca el cuerpo de la mujer y mostrando la idiosincrasia que permitió y permite, aun a día de hoy, que este sistema se perpetúe. Se ve cómo funciona la sociedad: la calle, las mafias, la policía, los juzgados, las prostitutas, los clientes y los proxenetas. Y, sin despegarse de un tono muy natural en el que todo parece suceder delante de la cámara sin que medie mucho artificio, la serie nos da una cantidad de información abrumadora.

No se recrea en un morbo gratuito: somos testigos de todo pero con la elegancia de no ver nunca directamente las agresiones a las que son sometidas estas mujeres de manera sistemática y sin juzgarlas.

Para que esto funcione, tienen que ponerlo en pie intérpretes de gran altura y ahí reside una de las principales fortalezas de El castillo: el casting es impecable. 

Valentina Vidal personifica el proceso de degradación que sufren muchas mujeres atrapadas en una red de la que es casi imposible escapar. Raúl Arévalo se transforma para interpretar uno de los grandes papeles de su carrera interpretativa: su físico, su manera de hablar, de moverse y de desenvolverse... asusta. Casi tanto como la convicción que él mismo tiene de que no es un delincuente. Laia Marull es el ejemplo de la constancia y la frustración de tantos y tantos policías que tratan de acabar con una hidra que cada vez tiene más cabezas...  

Suma y sigue porque no hay secundario que no funcione como un reloj en esta sinfonía de naturalidad en la que todo está al servicio de una historia descorazonadora.

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Hasta el título de la serie es acertado: las cuentas que se hacen esas mujeres son como castillos de naipes que se deshacen una y otra vez por las deudas contraídas con alguien que no quiere saldarlas nunca para que sigan trabajando en un régimen de esclavitud. También es la paradoja absoluta porque aquí la princesa nunca es tratada como tal, sino como mercancía o bien económico. Un mero objeto en el que la humanidad no hace acto de presencia.

Y por el camino toneladas de prejuicios e ideas preconcebidas que son una enorme barrera para visibilizar primero y desarticular después estas redes de trata de blancas que alimentan una industria sexual en la que España tiene el miserable honor de tener un puesto destacado. 

El castillo duele, no dejará a nadie indiferente y debería ser de obligatorio visionado para tratar de comprender una realidad con la que convivimos muy a nuestro pesar y que solo cambiará cuando lo haga la forma de pensar de la sociedad.

Valoración

Nota 90

Una de las mejores series del año: una bofetada de realidad sustentada en un guión preciso sin ser morboso, en la naturalidad de los diálogos y de la puesta en escena y en un reparto brillante.

Lo mejor

Que muestre todos los engranajes de la sociedad y lo haga sin tapujos. Que respete a las mujeres y las saque del foco cuando son agredidas.

Lo peor

Deja muy mal cuerpo, pero lamentablemente es la única forma honesta de trasladar el mensaje.

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Raquel Hernández Luján

Redactora

Raquel Hernández es redactora y crítica de HobbyCine desde 2010. Está especializada en cine, series y literatura así como familiarizada con las tendencias culturales de actualidad.

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