Crítica de Cuenta atrás: un thriller con repartazo pero sobreexplicado al que le sobra metraje

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Crítica de Cuenta atrás (Fuze), la nueva película de David Mackenzie con Aaron Taylor-Johnson, Theo James, Sam Worthington y Gugu Mbatha-Raw. Estreno el 14 de agosto.
David Mackenzie es un valor seguro como director, como ha venido demostrando desde que alcanzó la fama con Comanchería. El año pasado sin ir más lejos nos hizo disfrutar de lo lindo con Relay.
Sabe dónde colocar la cámara, crear tensión, insuflarle ritmo a sus producciones y suele colaborar además con intérpretes muy interesantes. En su último proyecto, Cuenta atrás, el reparto es sin lugar a dudas uno de sus mayores puntos fuertes.
Aaron Taylor-Johnson, Theo James, Sam Worthington y Gugu Mbatha-Raw son cuatro pesos pesados con presencia y dotes interpretativas puestas en esta ocasión al servicio de una historia que peca de sobreexplicaciones que alargan el metraje de más.
El punto de partida y el desarrollo, no obstante, sí que consiguen enganchar a la audiencia con facilidad: es una película de atracos, sí, pero también un plan retorcido jalonado de violencia y medias verdades que se van desvelando poco a poco. Espolea la curiosidad por encajar las piezas pero se aletarga de más a la hora de resolver dando unas explicaciones finales en las que no necesitaba detenerse tanto.
Tic, tac...
Cuenta atrás nos desplaza a una zona en obras en Paddington, el corazón de Londres. En medio de una excavación rutinaria, aparece un objeto enterrado que para de inmediato los trabajos en la zona e impone un protocolo muy estricto: una bomba sin detonar de la Segunda Guerra Mundial.
La idea del guión, escrito por Ben Hopkins, se inspira precisamente en las noticias derivadas de la aparición de este tipo de artefactos en Reino Unido, sobre todo en las grandes ciudades que recibieron bombardeos más intensos, con el enorme riesgo que suponen.
A partir de ahí, entra en juego la ficción. La policía establece un perímetro de seguridad y se pone en contacto con el equipo de artificieros que tienen que decidir si proceder a una detonación controlada minimizando el daño o bien a desactivar la bomba in situ y transportarla a un lugar seguro.
En la zona acordonada y supuestamente desalojada, no obstante, hay un grupo que tiene un jugoso plan: aprovechar la situación para cometer un espectacular robo pasando desapercibidos como trabajadores de los servicios de emergencias.

Cuenta atrás es una película correcta que entrega una aventura interesante, aunque sufra en su tercio final al tomar algunas decisiones que le restan verosimilitud a la trama. Sobre todo al comienzo, la historia juega muy bien con las expectativas de la audiencia contraponiendo la "zona caliente" en la que los artificieros están constantemente lidiando con la adrenalina y la tensión propia de enfrentarse a un peligro de muerte y la "zona fría" en la que los ladrones ponen en marcha un plan articulado salirse con la suya intentando no ser vistos o en última instancia pasando desapercibidos.
Esta misma idea se traslada incluso a la fotografía con la bomba a pleno sol y los artificieros sudando la gota gorda y los cacos agazapados en las sombras, entre tonalidades frías que evocan a cierto nivel de intelectualización a la hora de abordar su tarea.
En ambos casos, nos hallamos con dos puntos muy físicos en los que hay riesgo constante y conflictos de intereses que paulatinamente veremos cómo se conjugan. El tercer polo es el de la policía, que parece ir siempre unos cuantos pasos por detrás a pesar de contar con medios y experiencia.

Está claro que Cuenta atrás no es perfecta, pero sí tiene un diseño de producción acorde a las necesidades de la narración y con los mimbres imprescindibles para levantar expectativas: reparto, dirección, ideas... podría ser mucho más redonda siendo simplemente más corta o bien añadiéndole una capa de complejidad extra a un final que se torna bastante insulso una vez que están todas las cartas sobre la mesa.
El pulso del director está presente pero le ha faltado decisión en la sala de montaje para terminar de bordar la tarea. Con todo y con eso, sirve un entretenimiento bastante digno, pero hemos visto ya tantas pelis de polis y ladrones que siempre se le exige mucho a este género, no basta solo con cambiar las reglas del atraco: hay que culminarlo asombrando al público de alguna manera.

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