Crítica de El hombre menguante, una elegante reinvención del clásico

El hombre menguante
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Crítica de El hombre menguante, la nueva versión de la novela de Richard Matheson dirigida por Jan Kounen y protagonizada por Jean Dujardin. Estreno el 16 de enero.

Los amantes de la ciencia ficción sosegada, de esa que se apoya más en efectos prácticos que en grandes alardes tecnológicos y se cuece a fuego lento, tienen una cita en cines esta semana con la nueva versión de El hombre menguante. Actualizada y delicada en el plano poético, esta película está muy bien llevada sobre los decrecientes hombros de Jean Dujardin, que alcanzó una fama bestial con The Artist y aquí vuelve a demostrar, una vez más, su capacidad interpretativa.

Da vida a un hombre común y corriente casado y con una hija que divide su vida entre su empresa de construcción naval y su familia. Ante un extraño e inexplicable fenómeno meteorológico en forma de vórtice del que es testigo uno de los días que sale a nadar al mar, comienza a menguar inexorablemente, sin que la ciencia pueda explicarlo.

Su primer impulso es ponerse en manos de los médicos, pero todos ellos concluyen que no está enfermo ni sufre de ninguna dolencia... solo que no para de encoger y, lo que es más preocupante, no parece un proceso reversible.

El paso de los días irá agravando su situación hasta que apenas mida 17 centímetros, momento en el cual las cosas se complican aún más para él.

Atrapado repentinamente en su propio sótano, deberá luchar por sobrevivir en este entorno cotidiano que se ha vuelto hostil y en el que cualquier cosa se convierte en una enorme amenaza: desde el viento hasta los sonidos fuertes, por no hablar de otros habitantes, mortíferos ahora que la escala de su vida ha cambiado.

Cambio de perspectiva

Es importante arrancar comentando que no estamos ni ante un remake de la película del 56 ni ante una plasmación literal de la novela de Richard Matheson, el veterano maestro que falleció en 2013 y cuenta en su biblioteca con libros como Soy leyenda, La casa infernal, En algún lugar del tiempo o Más allá de los sueños por no hablar de sus guiones para la serie The Twilight Zone y Kolchak de las colecciones de relatos. El diablo sobre ruedas, debut de Steven Spielberg se basó en uno de ellos: Duel.

Muchos elementos cambian y se actualizan en esta producción francesa, libre pero honesta, para que la cinta sea digestiva para el público de hoy, pero lo que se mantiene intacto es el corazón de la historia que explora la complejidad del alma humana.

Así, veremos a nuestro protagonista enfrentado al miedo, a la soledad y al peso de su insignificancia que crece de forma diametralmente inversa a su tamaño. Cuanto más chiquitito se hace, mayores son los retos a los que tiene que hacer frente en una lucha por la supervivencia que llega a ser agónica hasta que siente una revelación profunda que le da paz.

El director y guionista Jan Kounen se muestra más interesado en el aspecto existencialista del relato que en la simple aventura de modo tal que no busca mostrar a un héroe ante la adversidad sino más bien a un simple hombre que ante una situación excepcional se pregunta cuál es su papel y su lugar en el mundo. Para ello decide arrancar con una voz en off que le da cuerpo a la narración, al mostrar los pensamientos más íntimos y profundos del protagonista.

Pero eso no le impide jugar con el espectador para que vaya percibiendo el cambio de escala y rozando a veces una sutil comedia. Al comienzo de la película tenemos multitud de referencias del personaje respecto a su entorno. Es un hombre grande, fuerte y voluminoso y la dirección artística apunta poco a poco los cambios, utilizando trucajes de cámara, objetos gigantes y, solo cuando es necesario, efectos digitales que acompañan necesariamente su miniaturización progresiva cuando ésta se incrementa. El holgado presupuesto permite asimismo recrear el aspecto y movimientos de una araña que se convertirá en su archienemiga.

Por razones obvias, durante la mayor parte del metraje Dujardin está solo, lo que incrementa la zozobra y la incertidumbre sobre su destino pero además conlleva una ingente cantidad de trabajo para el actor, que tiene que tratar de moverse con cierta soltura y naturalidad en unos decorados muy particulares. Como decíamos al comienzo, abraza el reto con entusiasmo y traslada de maravilla su desolación primero y su evolución después para que, como espectadores, nos preguntemos qué haríamos en su lugar. Y seamos conscientes, además, de nuestra insignificancia. Es una bonita cura de humildad.

Valoración

Nota 70

Apoyado en la banda sonora de Desplat, una estupenda interpretación de Jean Dujardin y un guión que actualiza y humaniza la historia, Kounen compone una historia de ciencia ficción con alma de relato filosófico sobre la insignificancia del ser humano. 

Lo mejor

Los decorados, los efectos especiales, prácticos y digitales y la poética traslación del relato, elegante y significativa.

Lo peor

Dejará con ganas de más a quienes busquen horrorizarse, imágenes de alto impacto o un ritmo más acuciante.

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Raquel Hernández Luján

Redactora

Raquel Hernández es redactora y crítica de HobbyCine desde 2010. Está especializada en cine, series y literatura así como familiarizada con las tendencias culturales de actualidad.