Crítica de Sentido y sensibilidad, una adaptación fiel y elegante de la novela de Austen

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Crítica de Sentido y sensibilidad, la adaptación a cine de la novela de Jane Austen dirigida por Georgia Oakley en base al guión de Diana Reid. Estreno el 22 de octubre.
Después de su debut en el cine con Blue Jean en 2022 (película nominada al BAFTA como mejor debut cinematográfico), la directora Georgia Oakley se ha planteado una empresa bien ambiciosa como es volver a llevar a la gran pantalla la novela de Jane Austen Sentido y sensibilidad, sin miedo a batirse con uno de los grandes de la industria como es Ang Lee, que en 1995 hizo su propia versión contando con Emma Thompson y Kate Winslet en los papeles principales.
La forma de afrontar el texto es especialmente atrevida en un momento en el que cualquier relato ambientado en una época colindante con la regencia británica corre riesgo de verse sometido a una bridgertonización que está en las antípodas de lo que nos plantea esta película.
Muy al contrario, lejos de dejarse llevar por la corriente, se plantea como una adaptación muy fiel a la novela, con una puesta en escena tremendamente natural y un casting excepcional, en el que brillan de forma muy especial Daisy Edgar-Jones y George MacKay. Del mismo modo, es importante la omnipresencia de la naturaleza en una historia que discurre sin prisas y en la que el entorno rural es el que prima la mayor parte del tiempo.
Noche y día
Sentido y sensibilidad narra la historia de la familia Dashwood. Tras el fallecimiento del padre de familia, la ley de la época dictaba que la herencia debía recaer en el hijo varón, que en este caso es del primer matrimonio, de modo que la señora Dashwood y sus tres hijas Elinor, Marianne y la joven Margaret deben abandonar su residencia de Norland en Sussex e instalarse en una modesta casa de campo en Devonshire donde son acogidas por unos parientes lejanos y de modales mucho menos refinados.
Elinor y Marianne no pueden ser más diferentes la una a la otra. Elinor se enamora de Edward Ferrars, el cuñado de su hermanastro, pero decide ocultar sus sentimientos y regirse con discreción y compostura.
Su hermana Marianne es una mujer apasionada, extrovertida y enamorada de la vida que sucumbe a los encantos del apuesto John Willoughby, un excelente bailarín con el que comparte aficiones y las ganas de disfrutar de la vida, ignorando al coronel Brandon, un pretendiente más maduro y centrado.
Juntas y a pesar de tener visiones tan distintas de lo que desean del futuro, tendrán que pasar por problemas económicos y sentimentales, resolviendo su porvenir de la manera más razonable mientras aprenden duras lecciones de vida,

Sentido y sensibilidad es una de esas películas que envejecerá muy bien porque es bastante atemporal en su planteamiento y no busca traer el relato al presente sino algo tan complicado y honesto como ponerlo en pie tal cual es, sin complicar su lectura ni añadirle capas adicionales. Comparte un gran parecido con la sensibilidad de la que hizo gala Chloé Zhao en Hamnet y enamorará con facilidad a quienes busquen un reducto de autenticidad en un género tocado de muerte por la moda de los salvajes anacronismos.
Ya hemos hablado de Edgar-Jones y MacKay, que gozan de una química envidiable y sustentan buena parte de la narración, pero sería injusto no darle al resto del reparto su parcela de reconocimiento, comenzando por la polifacética actriz irlandesa Fiona Shaw a la que hemos visto en Andor, Hermanas hasta la muerte o Presunto inocente y con la jovencísima Bodhi Rae Breathnach que debutó precisamente en Hamnet.

Esta nueva versión de Sentido y sensibilidad disgustará a quienes se empeñen en hacer comparaciones con la versión de Lee o, peor aún, quienes pretendan encontrar una lectura contemporánea de la novela de Austen. Pero ese es justo su gran encanto: quiere honrar el material original, mostrar las relaciones afectivas (tanto intrafamiliares como románticas) con visos de verosimilitud y no se deja un solo renglón sin adaptar, incluyendo el duelo final.
En suma, Sentido y sensibilidad es una película preciosa: bien ejecutada e interpretada, con ideas cinematográficas, altísimos valores de producción y y un particular sello autoral que convierten a Oakley no ya en un talento emergente sino consolidado al que seguirle la pista de aquí en adelante en lo que se antoja un prometedor futuro.
Valoración
Nota 85
Una adaptación encantadora y natural de la novela de Jane Austen. Es fiel en tono, argumento y forma, de modo que resulta bella a los ojos y los oídos pero también susceptible a retratar una época en la que el dictado de las clases sociales marcaba el futuro de las nuevas generaciones.
Lo mejor
Casting, banda sonora, fidelidad al texto... Es emocionante sin resultar sensiblera y rinde homenaje a la campiña inglesa.
Lo peor
En algunas ocasiones la fotografía parece algo oscura de más, aunque en líneas generales sea muy natural.

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