Crítica de Todos los lados de la cama: nostálgica celebración de las distintas formas de amar

Crítica de Todos los lados de la cama, el cierre de la trilogía musical dirigido por Samantha López Speranza que cuenta con parte del elenco original.
Que no se diga que el cine español no sabe reciclar sus éxitos pasados: la secuelitis es un síndrome que el audiovisual padece y a alcanza cualquier rincón. Así que no es de extrañar que tengamos en cartel Todos los lados de la cama, una secuela tardía de El otro lado de la cama (2002) y Los dos lados de la cama (2005). El regreso de los personajes 20 años después no es completo, sobre todo si atendemos a la duración del tiempo que tienen en pantalla buena parte de los miembros del elenco.
Veréis desfilar por la cinta a Ernesto Alterio y Pilar Castro, principales protagonistas, y a un desfile del resto: Alberto San Juan, María Esteve, Natalia Verbeke y Guillermo Toledo de dejan ver, éste último en calidad de ectoplasma, ¡vaya usted a saber la razón! Están acompañados, eso sí, por una nueva generación de actores entre los que destacan Lucía Caraballo (Animal) y Jan Buxaderas (Servir y proteger).
Media la nostalgia, por supuesto, pero también las ganas de reflotar una franquicia que fue muy exitosa y bastante irreverente en su momento. No solo por los temas tratados sino por la forma de lanzarlos dentro de un formato muy inusual de comedia musical patria en la que se versionaban algunos de los grandes éxitos pop en castellano.
En Todos los lados de la cama hay voluntad de recuperar ese espíritu pero hay que señalar que la comedia solo funciona con los veteranos al frente, que son los que sostienen con su vis humorística los cimientos de una historia que por lo demás se percibe como bastante obsoleta, cuando no rancia.
Y las razones son muy variadas: la parte musical es un fiasco absoluto porque no hace gracia ni tiene calidad alguna. Es muy kitsch en lo que se refiere a la puesta en escena (atuendos, iluminación, coreografías...), lo que debería darle un impulso cómico, pero es tan sonrojante que no funciona.
A nivel de discurso, aunque es fácil comprar la idea de que las nuevas generaciones están viviendo un retroceso importante y un viraje hacia el conservadurismo, tampoco termina cuajar el oxímoron intergeneracional, que daba para una reflexión un poco más interesante.
En busca de un público heterogéneo
Todos los lados de la cama nos devuelve a Javier y Carlota (Ernesto Alterio y Pilar Castro) que, tras décadas sin verse, chocan de frente.
Ambos se escandalizan cuando sus hijos Óscar y Julia deciden casarse en un paso tan tradicional como extraño para ellos, adalides del amor libre y sin complejos y firmes defensores de que sus vástagos experimenten mucho más antes de comprometerse.
Todo su ecosistema padece las injerencias de los progenitores: desde la wedding planner, que no es otra que Pilar, hasta su amigo Carlos o Rafa, reciclado ahora en gurú contra las relaciones tóxicas, pero el objetivo de impedir la boda se convierte en una misión imposible.
Los jóvenes parecen plenamente convencidos y satisfechos con su decisión... y no será porque no les pongan palos en las ruedas.

Lo que más asombra de Todos los lados de la cama es que, en lugar de buscar un guión redondo para reflotar una franquicia que podría dar para más (las relaciones sentimentales y sexuales son siempre un tema fácil de explotar y más con los cambios que hemos experimentado en las dos últimas décadas), se opta por una óptica mucho más cortoplacista de lanzar una película que parece una solución de compromiso para tener un buen primer fin de semana a costa de vivir de las rentas.
Con el handicap de que trae consigo una verdadera crisis de identidad, mayor que la de cualquiera de los personajes porque, ¿a quién se dirige esta película? Los espectadores jóvenes van a tener un flaco aliciente en el plantel de nuevos rostros, en la medida en que los verdaderos protagonistas son los actores veteranos y, para aquellos que vimos las dos primeras películas en la gran pantalla, es un retorno tibio y tan tardío que ha perdido interés.
La cuestión está en si, a estas alturas, determinados gags van a seguir haciendo gracia, cuando ya tenemos muy integrada en el inconsciente colectivo una diversidad sexual que hasta ha sido objeto del interés de las masas en First Dates. Nada escandaliza, nada conmueve, nada te hace descacharrarte por su afilada ironía. Le falta chicha y está anticuada.
Valoración
Nota 40
Un regreso con crisis de identidad: lo tiene crudo para encandilar a una nueva audiencia y se antoja demasiado tarde para una secuela, veinte años después, que también supone hacer un esfuerzo para quienes vieron las primeras entregas en el cine.
Lo mejor
Cada vez que los veteranos toman la batuta. Se nota que se lo han pasado bien en el rodaje.
Lo peor
Un guión falto de humor que no tiene ni idea de cómo justificar ciertas carencias. La parte musical es un destrozo.

Raquel Hernández Luján
Redactora
Raquel Hernández es redactora y crítica de HobbyCine desde 2010. Está especializada en cine, series y literatura así como familiarizada con las tendencias culturales de actualidad.