Quentin Tarantino no es muy fan de los finales de las películas de Hitchcock, y culpa a Hollywood por ello

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Quentin Tarantino explica por qué no es fan de Alfred Hitchcock, citando cómo la censura y el Código Hays de Hollywood limitaron los finales de sus películas.
Alfred Hitchcock ha influido en muchos cineastas actuales, y uno de ellos es Quentin Tarantino. Aunque Tarantino ha declarado que estamos ante “uno de los mejores directores que jamás hayan existido”, también ha criticado duramente a Hitchcock, especialmente por los finales de sus películas.
Tarantino admite que no es precisamente seguidor de la mayoría de las películas de Hitchcock, principalmente debido a cómo terminaban, algo condicionado por las restricciones de la época. Según él, Hitchcock construía sus películas con maestría, llenas de tensión y detalles psicológicos, pero en el tercer acto, es decir al final, a menudo la historia “se desinflaba”.
Sin embargo, Tarantino no culpa al talento de Hitchcock, sino al contexto histórico que limitaba su libertad creativa. En el centro de su crítica está el Código Hays, un marco moral que rigió el cine estadounidense desde los años 30 hasta finales de los 60. Este código prohibía, entre otras cosas, glorificar a los criminales, obligaba a que los villanos fueran castigados y restringía la representación de personajes moralmente ambiguos.
Para los cineastas interesados en explorar la oscuridad psicológica y la ambigüedad moral, estas normas representaban un obstáculo considerable.
Tarantino destaca excepciones brillantes como Extraños en un tren (1951), cuyo tercer acto considera “magnífico”. También señala Sospecha (1941) como ejemplo de cómo la censura podía tanto limitar como inspirar a Hitchcock.
Según Tarantino, el director aprendió a usar el Código Hays a su favor. Por ejemplo, en la escena final de Sospecha, el supuesto villano abraza a la protagonista: no ocurre nada explícito, no hay diálogo ni violencia, pero la tensión implícita sugiere un peligro latente. Este recurso sutil convierte la restricción en ingenio cinematográfico.
La reflexión de Tarantino subraya que la genialidad de Hitchcock siempre operó dentro de un marco limitado, donde la creatividad debía lidiar con censores y normas morales estrictas. Sus películas, aunque admiradas por generaciones, muestran cómo un contexto restrictivo puede moldear la expresión artística.
Para Tarantino, Hitchcock fue un maestro que supo sortear estas barreras, pero cuya obra siempre estuvo, en cierto sentido, “enjaulada” por su época.
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