Steven Spielberg improvisó el momento más tierno de Tiburón gracias a la manía de uno de los actores

El rodaje de Tiburón fue una pesadilla para todos, pero Jay Mello y Roy Scheider nos regalaron un momento entrañable que no estaba en el guion de la película.
Steven Spielberg irrumpió a lo grande en la escena allá por 1975 con Tiburón. No era su primera película, pero sí la que catapultaría definitivamente su carrera y lo convertiría en un referente que, con el tiempo, pasaría al estatus de leyenda. Por desgracia, la producción del filme no fue ningún paseo por el campo.
Pero siempre hay una luz que brilla en la oscuridad, y en el rodaje de Tiburón fue el pequeño Jay Mello, el entonces niño actor que dio vida a Sean Brody, el hijo menor del jefe Brody (Roy Scheider). Mello tuvo pocas escenas en la película, pero habría tenido una menos si Scheider no hubiera propuesto algo.
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Después del infame ataque del tiburón en la playa al joven Kintner y de que su madre (Lee Fierro) culpase a Brody, este se halla desolado mientras cena en casa. A su lado, el joven Sean imita cada movimiento de su padre.
Cuando Brody se da cuenta, empieza a hacerle muecas raras a Sean, que este imita al momento. La escena termina con el padre pidiéndole un beso a su hijo "porque lo necesita". Es una historia que no aporta nada a la trama, pero sí brinda profundidad a Brody en muchos aspectos.
Jay Mello imitaba a todo el que veía en Tiburón
El propio Jay Mello recordaba hace tiempo en una entrevista con People cómo surgió la escena de la cena después de que Roy Scheider propusiera a Spielberg usar la manía que tenía de imitar a todos.
"Tenía la costumbre de imitar a la gente. Así que, cuando Steven Spielberg entrevistaba [a los demás en el casting], yo lo imitaba mientras daba indicaciones. Cuando terminó, dijo: 'Chicos, ya podéis marcharos, hemos terminado. Pero el más pequeño se queda'.
[La escena de la cena] ni siquiera estaba escrita en el guion. Estábamos descansando de una escena en la que yo estaba sentado en un columpio y Roy Scheider estaba haciendo muecas graciosas, y yo intentaba imitarlo. Llamó a Steven Spielberg y le dijo: 'Tenemos que añadir esto a la película. Esto va a ser algo especial'".
Y lo fue. La escena aporta un encanto que ha sido característico a lo largo de la filmografía de Steven Spielberg y que, aunque no haga avanzar la historia de Tiburón, sería difícil concebir la película sin esa escena.

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