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La opinión de
Sonia Herranz

La inherente objetividad de una crítica periodística

cámara réflex barata

Cada vez que leo que alguien se queja de la falta de objetividad en un análisis de un viedojuego no puedo evitar sorprenderme. Y eso que debería estar más que acostumbrada. Hay quien se ríe al verlo. A mí, rara vez me hace sonreír y confieso que, la mayoría de las veces, lo que me da es pena. ¿Objetividad en una crítica? ¿De verdad? Por mucho que ponga yo misma en el título, de inherente, nada.

Haciendo un repaso rápido a los géneros periodísticos, somero y sencillo, sin ánimo de redactar una tesina, podríamos reducirlo a tres: informativo, interpretativo y opinativo. Uno es el que te cuenta algo, otro interpreta ese algo, lo explica, y en el tercero se opina sobre ese algo. Y, por si alguien no lo sabe todavía, las opiniones son como los culos: todos tenemos una.

Un análisis de un videojuego, crítica, review, llámalo X, se suelen combinar las tres facetas, aunque, básicamente y por definición, una crítica es una opinión y cuando das una opinión no hay objetividad que valga. 

Lo que sí le podemos reclamar al crítico (culinario, teatral, literario o de lo que se te ocurra) es que se base en hechos objetivos para fundamentar su opinión y que esa opinión esté argumentada de manera coherente, pero una vez planteados estos hechos, la opinión nunca va a ser objetiva. Es imposible. Un oxímoron donde los haya. 

A ver, un ejemplo. Sería informativo decir que un juego tiene 100 misiones principales y 200 secundarias. Lo interpretaría al decir que eso nos augura un juego largo, largo. Y doy mi opinión cuando digo que esas misiones son tan monótonas, aburridas y repetitivas que sería mejor que sólo tuviera 10 de unas y ninguna de las otras. 

He sido objetiva al darte el dato, te he argumentado porque me parece mal y hasta ahí me puedes exigir objetividad. Si a ti resulta que te gustan esas misiones que a mí me han aburrido hasta el bostezo, simplemente tenemos puntos de vista distintos, opiniones diferentes. Nunca podrías acusarme de falta de objetividad, como mucho, de mal gusto.Y ya sabéis: para gustos, los colores.

Partiendo de los mismos datos se pueden llegar a conclusiones distintas. Y eso tampoco es malo, ni desprestigia al crítico. Ni, siguiendo con el tema, tiene nada que ver con su objetividad. Allá otro ejemplo, este real. 

Hace como 20 años, analicé para Playmanía un juego de baloncesto del que, lo siento mucho, soy incapaz de recordar en título. Dije de él que tenía un ritmo de juego lento, lo que permitía pensar jugadas, decidir qué querías hacer en cada momento, al contrario de lo que pasaba con juegos más frenéticos. Le daba una nota como de 80 (tampoco me acuerdo con exactitud). 

El mismo juego fue analizado por otro redactor para Hobby Consolas. Le daba un (pongamos) 70 y decía que tenía un ritmo de juego lento, lo que hacía que el marcador fuera más propio del balonmano de que del basktet y que eso quitaba emoción. 

Aunque pueda parecer contradictorio, los dos teníamos razón. Ninguno habíamos mentido. El dato clave, el dato objetivo, (el ritmo lento de juego), estaba presente en los dos análisis, sólo que cada uno lo interpretó de una manera distinta, lo que le  llevó dos opiniones diferentes. Tras llamarnos a capítulo y escucharnos, nuestro jefe decidió dejarlo como estaba. 

Probablemente, el hecho de que yo llevara jugando al baloncesto desde los 8 años tenía mucho que ver con que me pareciera más gratificante un juego en el que podía decidir claramente si quería jugar con el poste bajo o cortar la zona, que otros en los que se jugaba tan rápido que al final te dedicabas a dar al botón de pase con la esperanza de que el balón llegara al jugador que querías… 

Para el lector de esa críticas, para un lector capaz de pensar en lo que lee y no quedarse con lo que choca con su visión de la vida, la decisión debería ser fácil: si no me gusta el ritmo pasado, el juego no me interesa; si me gusta eso de pensar las jugadas, el juego es para mí. Ya está. Da igual el 7, el 8 o el 10 de la nota. 

Otro ejemplo práctico. Sobre un hotel. Opiniones de usuarios. 5 estrellas: fantástico para ir en familia, muchas actividades para los niños que dejan descansar a los padres. Otro usuario, mismo hotel. 0 estrellas: muchos ruido y jaleo, no puedes nadar en la piscina porque siempre hay una parte ocupada por actividades. 
Yo estuve en ese hotel: más razón que un santo… los dos. 

La mayoría de las veces en las que alguien se queja de falta de objetividad en una crítica, lo que quiere decir es que no está de acuerdo con la opinión del crítico. Y, muchas veces, ese desacuerdo viene de mirar desde puntos distintos la misma situación. Si alguien no está de acuerdo, pues no está de acuerdo, no pasa nada. Antes de gritar, acusar con el dedito y vomitar barbaridades amparados en el anonimato de internet, deberían dar sus argumentos. 

De hecho, que una crítica vaya en contra de tus creencias te debería alegrar, porque eso significa que hay un punto de vista que quizá no habías valorado y que seguro que es interesante tener en cuenta. Después de pensarlo, puedes incluirlo en tu argumentario personal o rechazarlo, pero seguro que te enriquece y puede que hasta te ayude a reforzar tu opinión. Como poco, valorar las opiniones de los demás te va a abrir la mente. Las cosas nunca son blancas o negras… salvo en el ajedrez.

Y, ahora, para los despistados (que siempre los hay), voy a recordar que esto es un artículo de opinión. Lo pone arriba. Que tenga derecho a dar una opinión, no me da derecho a tener razón. Ni a mí, ni a nadie. La diferencia es que mi opinión puede ser más valorada por algunos, por mi experiencia, mi historial, mi edad, mi bagaje... Y, aun así, no tienes ninguna obligación a estar de acuerdo.  

Y voy a acabar como empecé. Hablando de culos: el sentido común es el que te recuerda que, sea cual sea el trono en el que te sientas, siempre te sientas con el culo.  
 

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