Crítica de Anora, la nueva película de Sean Baker ganadora de la Palma de Oro en Cannes

Universal Pictures

Crítica de Anora, la nueva película del director Sean Baker (The Florida Project), ganadora de la Palma de Oro en la última edición de Cannes. Estreno el 31 de octubre.

La poderosa industria del sexo en Estados Unidos vuelve a ser objeto de la atención de Sean Baker, un director asentado en un área temática muy particular, la que abarca la población conocida como white trash, y con una manera de hacer cine tan específica como natural, con todo lo que eso supone.

En Anora, ganadora de la Palma de Oro en Cannes, parece bastante obstinado en la idea de hacer una comedia disfuncional tomando como base el cuento de hadas de Cenicienta al que Pretty Woman le añadió algo de picante

Si la cinta protagonizada por Julia Roberts y Richard Gere fue un hit comercial fue porque se conjuntaron los astros para que los actores tuvieran química, el guión aunara crítica social y entretenimiento puro y duro y la historia trascendiera en el ideario colectivo. El mensaje era esperanzador y. más allá de frivolidades. quedaba claro que no todo podía comprarse con dinero.

Anora tiene las intenciones opuestas: bajo una capa de chistes demasiado alargados y situaciones disparatadas, Baker es bastante cruel con sus personajes, especialmente con la protagonista, interpretada por una perfecta Mikey Madison que lo da todo con una generosidad tremenda para un papel tan demandante a nivel físico como emocional.

Tratando de salir del hoyo

Ani es una bailarina erótica y prostituta ocasional que se gana la vida atrayendo a nuevos clientes con sus dotes sociales y sus habilidades sexuales. Malvive en una casa que linda con una estruendosa vía de tren y tiene tantas amigas como enemigas en el club en el que trabaja.

Una noche conoce de forma fortuita a Vanya, el hijo de un magnate ruso que exprime los días como su no hubiera un mañana. Ani se convierte pronto en su escort y cada vez quiere pasar más tiempo con ella, al punto de contratarla en exclusiva.

Con él todo es lujo y opulencia: el alcohol y las drogas fluyen a su alrededor en una fiesta contínua y Ani cada vez pasa más tiempo en su enorme mansión... hasta que deciden irse de farra a Las Vegas.

Allí Vanya tiene una revelación y le pide matrimonio, para su sorpresa. Al principio ella cree que se trata de una broma, pero él insiste hasta que pasan por la capilla y recitan sus votos. Él obtiene así la nacionalidad estadounidense y ella una oportunidad para abandonar su precaria forma de vida. Deja inmediatamente el club y se dispone a emprender un nuevo camino.

Sin embargo, su recién estrenado esposo es incapaz de demostrar siquiera un ápice de madurez: dos hombres que trabajan para sus padres se presentan en su casa y él se da a la fuga cuando se entera de que están de camino para anular la unión.

Anora no es una película en absoluto sencilla: son dos horas y veinte minutos de excesivo metraje con un exiguo argumento que vuelven a ponernos en una situación muy incómoda como espectadores (Baker es especialista, a la luz de sus trabajos anteriores), porque somos testigos de la intimidad de los personajes de manera constante.

El sexo forma parte del argumento, pero termina siendo una exposición repetitiva de tropos en los que la mirada es claramente masculina y en los que nuestra protagonista queda reducida a un mero trozo de carne. En general los personajes están apenas esbozados y resultan caricaturas decadentes, pero en el caso de Ani esto es sangrante. 

A pesar de ser el personaje central y pasar con ella la mayor parte del tiempo, la película termina sin que sepamos nada de ella: cuáles son sus inquietudes, sus motivaciones, su pasado o sus intenciones más allá de ganar de dinero y mejorar en algo su precaria existencia, valiéndose de la única forma en la que parece sentirse cómoda haciéndolo.

Por otra parte el retrato de la prostitución es una liviandad pasmosa: las mujeres que trabajan en los clubs parecen felices con su situación y solo se muestra el lado del colorín y el despiporre de la fiesta (con el habitual publirrepotaje de Las Vegas). El foco se pone en cuestiones que, la verdad, aportan poco.

Anora es una de esas películas de las que se sale con mal sabor de boca y con la sensación de no haber aprendido demasiado: le falta argumento y le sobra frivolidad. Su mayor valor son las interpretaciones (ojo a Yuriy Borisov, que habla con la mirada), pero sería más reconfortante que el talento estuviera al servicio de una buena historia.

Valoración

Nota 60

Muy irregular en su desarrollo y con una clara voluntad de subvertir el cuento de hadas urbano de Pretty Woman, esta película tiene problemas graves: todo lo que le sobra de metraje, le falta de argumento.

Lo mejor

La entrega y generosidad de Mikey Madison en el papel principal, con un nivel de exposición altísimo.

Lo peor

Los personajes caricaturescos, la excesiva duración del metraje y la incapacidad de la cinta para generar el humor que pretende.

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Raquel Hernández Luján

Redactora

Raquel Hernández es redactora y crítica de HobbyCine desde 2010. Está especializada en cine, series y literatura así como familiarizada con las tendencias culturales de actualidad.

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