Crítica de Apocalipsis Z: El principio del fin, la icónica historia de zombis en España pierde identidad para darse un entretenido festín comercial

Crítica de Apocalipsis Z: El principio del fin, dirigida por Carles Torrens y escrita por Ángel Agudo, basada en la novela original de Manel Loureiro. La película está protagonizada por Francisco Ortiz, Berta Vázquez e Iria del Río, entre otros artistas. El estreno de Apocalipsis Z: El principio del fin en Amazon Prime España es el 31 de octubre de 2024.
Acompáñame a 2006. Un abogado comienza a escribir su propio blog en pleno «boom» de estos creativos espacios personales en internet. Pero la suya no es una página cualquiera: es la historia de cómo se enfrenta diariamente al apocalipsis. Es el albor de Apocalipsis Z. Es El principio del fin.
Recuerdo ser apenas un adolescente y entrar cada día a buscar si había nueva entrada del blog. Este hombre vivía en Galicia cuando empezó la pandemia que acabó con la especie humana convertida en muertos vivientes salvajemente hambrientos. En retornados. En zombis, vaya.
Podía ser el formato blog por novedad, la temática en un mercado menos saturado de aquellos tiernos «dosmiles» o, simplemente, la narrativa. Pero lo que más me enganchó de Apocalipsis Z, la historia original de zombis que empezó en un blog en internet hasta convertirse en novela —y vender más de 500.000 ejemplares— fue su identidad.
Manel Loureiro empezó a escribir su historia lejos del gramaje del papel; su lienzo fue internet. Casi 20 años después, sus zombis llegan también en el formato más visual: Prime Video España estrena Apocalipsis Z: El principio del fin. Y la imaginación se hizo carne, vísceras y sudor.
La película de Prime Video nos lleva a un mundo distópico que abre inesperadas cicatrices con ese terrorífico 2020 que cuando el autor escribió la historia tanto sonaba a ficción. Hasta que no lo fue.
Basada en la novela original, pero adaptada a nuestra mediática y no menos espinosa realidad post-covid, el guión de Ángel Agudo nos cuenta la historia de Manel (Francisco Ortiz), un joven gallego que se ve forzado al aislamiento con su gato Lúculo tras el estallido de una pandemia que convierte a las personas en feroces e irracionales criaturas.
El virus empezó en Rusia, llegó a Europa y ya ha asolado el mundo. Lo que una vez, cuando leía las primeras líneas blog y novela, fue imaginación, ahora es paradójica y dolorosamente recuerdo con su evidente distancia.
Manel tendrá que sobrevivir a los zombis, sí. Pero su supervivencia llega en primer grado por el alimento, la bebida... y el hombre. Es una nueva vuelta de tuerca al concepto de Soy leyenda y El último hombre vivo (Boris Sagal, 1971), ahora en España.
Decía que lo que me enganchó de esta historia fue su identidad. España es el escenario: sus formas, sus manierismos, los razonamientos del personaje y las reacciones de su gente, son también míos. Y tuyos. No hay lazo comparable en el terreno de la imaginación a entender a tu protagonista, y aquí lo tenemos en bandeja de plata.
Ese marco inmejorable se convierte en un festín para cualquier amante del género en nuestro país. Película y libro se cogen de la mano, aún con sus licencias, en ese primer tramo de acercamiento.
Pero toda su identidad, aquella que hace latir su frescura, se desvanece al cierre entre clichés comerciales del género que ofrecen una triste recompensa: convertirla, precisamente, en «una más de zombis».
Huelga decir, como habrás imaginado, que fui uno de esos lectores primigenios de blog y novela. También que cualquier persona que vierta su opinión sobre cualquier película y diga ser objetivo, se llevará el título de mentiroso. No querría yo ser esto último.
Así que voy a intentar analizar Apocalipsis Z: El principio del fin desde ambos papeles: el del neófito en la película y el del pesado que te recomienda el libro. Para ti es el resultado.
De la intimidad del blog al espectáculo en pantalla
La película arranca por todo lo alto, con Manel enfrentándose a la salvaje realidad de una España que va camino del mismo precipicio que el resto del mundo. Será el propio Manel Loureiro el que despierte la primera sonrisa del lector con un cameo como presentador de las noticias.
Francisco Ortiz da vida a un Manel que no podría ser físicamente mejor opción para el papel. Un joven ágil y despierto, pero, sobre todo, una persona absolutamente normal. Con sus incongruencias y sus momentos débiles. Porque Manel perdió a su pareja en un accidente de tráfico y el dolor por la pérdida le sacude por oleadas tan duras como ineludibles.
La película hace un gran esfuerzo inicial por establecer los lazos afectivos del protagonista: su pasado y la culpa arrastrada por una familia que nunca pudo ser, y su hermana, que vive lejos de su Galicia natal.
El recorrido por Galicia dejará el pulpo y las mariscadas por hordas de zombis y survival horror. En el fondo, Miña terra galega tira mucho, incluso si eres un muerto viviente.

Con sus licencias, pero respetando el concepto original, el tramo inicial en el que Manel tendrá que adaptarse y entender su nuevo mundo funciona. Cuando tiene que buscar comida, se encontrará con otra superviviente que necesitará su ayuda para subsistir durante las primeras semanas.
No voy a dar más información precisa a partir de aquí, así que puedes respirar tranquilo si todavía tienes la película pendiente. Este tramo, sin embargo, es imprescindible para entender por qué Apocalipsis Z: El principio del fin dinamita la base tan carismática con la que revolucionó el género en España.
Durante su viaje de salvación, Manel tendrá que proteger al pequeño Lúculo en escenas de acción que te harán saltar, como a su protagonista, de la inquietante calma del silencio al desenfreno del apocalipsis con decenas de criaturas que avanzan imparables a por tu pescuezo.
Los zombis de Apocalipsis Z, que en el género hemos conocido en multitud de fórmulas, son «de los que corren». Y lo hacen de verdad. A pesar de que la novela original hablaba de su velocidad, parece que la película ha querido apretar algunas tuercas más en pos de la acción más palomitera.
Esta dinámica es una primera pista del enfoque de la adaptación al cine: la película de Amazon Prime se despega del escenario íntimo, reflexivo y tan angustiante que transmite la novela de Manel Loureiro. España seguirá siendo el escenario, pero, superado el primer acto, la historia picoteará de los clichés del género para darle un espíritu más comercial y, sobre todo, global.
Es una decisión, definitivamente. La novela original me hizo partir con la expectativa de un cine más independiente, con lazos estrechos a la tierra que nos une. Quizás esperaba encontrarme más 28 días después (Danny Boyle, 2002) o La noche devora el mundo (Dominique Rocher, 2018) y menos Amanecer de los muertos (Zack Snyder, 2004).
La propia película pide inicialmente esa opresión atmosférica al marcar el carácter y las preocupaciones del personaje que en el libro se hacen palpables en las reflexiones del diario.
El Manel de Amazon no comete errores, no se tuerce el tobillo en un mal gesto y es absolutamente determinado. Y esa falta de humanidad y la crudeza que lo rodea era un aspecto identitario exquisito del material original.
Sea como fuere, el camino elegido es el del héroe de acción clásico también del género y el resultado se hace carne en el clímax de la película. Tranquilos, sigue vigente la promesa de no entrar en más detalles.

Hasta llegar a él, su camino seguirá siendo un entretenido y obligatoriamente veloz recorrido por el verdadero depredador de la historia: el ser humano. Plantea una gama de grises inicial que es enriquecedora para algunos de los personajes, pero, como decía, termina abocada al maniqueísmo genérico. Más socorrido... y sí, sencillo.
Carles Torrens, director de la película, estimula esa visión frenética en las siempre complicadas escenas de acción, acompañado de un reparto que funciona sin tener un gran espacio para desarrollarse más allá del propio protagonista.
Aún con un par de diálogos y escenas que te harán torcer el gesto por no tener la misma precisión que el resto del metraje —una pareja metida con calzador para decirte con poca sutileza lo mucho que puede cambiarnos el caos, las incongruencias con las armas y su paso de puntillas por las terribles consecuencias para uno de los personajes—, la película tiene hechuras para aportar al género.
Entre la autenticidad y la corriente comercial
Después de digerir las emociones de las expectativas y las consecuencias de la adaptación al cine comercial, Apocalipsis Z: El principio del fin es una entretenida propuesta para los amantes del género que no brilla con el fulgor de su punto de partida.
No tiene la complicidad historia-espectador de la novela; consecuencia en parte de la imagen, pero también de lo mucho que aparta al espectador de la naturaleza tan genuina y torpe, como todos nosotros, de su protagonista.
Ese crecimiento podría tener mayor justificación en una segunda parte que promete el anticipable —y eso da exactamente lo mismo— final de la película, que nos deja a las puertas de la secuela. Pero la fragilidad y la misericordia humanas, temas también de libro y película, quedan diluidas al servicio de la espectacularidad.
Qué problema, pensará alguno. Y así es. Es una gran noticia para el género en la sección patria, y también lo es para la plataforma. No quita que esperaré poder volver al apocalipsis en una secuela que todavía tiene que firmarse.
Valoración
Nota 67
Apocalipsis Z: El principio del fin ofrece una versión entretenida, pero genérica y comercial, del apocalipsis zombie en España. La adaptación sacrifica el tono íntimo y auténtico del libro, inclinándose por la acción y el espectáculo, lo que limita su impacto emocional y su tan rica identidad.
Lo mejor
La frescura del contexto local y la acción apoyadas en una historia literaria son motivo de sonrisa para los amantes del género.
Lo peor
La adaptación pierde la esencia introspectiva del libro y opta por un enfoque comercial, diluyendo la identidad de la historia.