Crítica de Aún estoy aquí, el drama brasileño de Walter Salles que muestra la aberración de la dictadura militar

Crítica de Aún estoy aquí, el drama brasileño nominado a tres premios Óscar dirigido por Walter Salles y basado en el libro Ainda Estou Aqui de Marcelo Rubens Paiva. Estreno el 21 de febrero de 2025.
La flamante ganadora del Goya a mejor película iberoamericana (primera cinta carioca en lograrlo), llega a las salas comerciales esta semana y lo hace con un palmarés de lo más interesante: su protagonista, Fernanda Torres, se hizo con el Globo de Oro y el Satellite Award y el guión fue premiado en Venecia.
De él se encargan Murilo Hauser y Heitor Lorega tomando como base con el libro Ainda Estou Aqui de Marcelo Rubens Paiva, el encargado de recoger la historia familiar y social de la convulsa Brasil de principios de los años 70.
El tono de la película resultará inquietantemente familiar a quienes hayan visto películas como Estado de sitio, Desaparecido, Cuatro días de septiembre, La historia oficial, La fiesta del chivo o incluso Argentina, 1985. Todas ellas comparten el marco de distintas dictaduras latinoamericanas que repetían estrategias: represión, control obsesivo, secuestros, torturas, asesinatos selectivos...
Aún estoy aquí nos sitúa en el lado de la familia de un desaparecido y, por tanto, del lado de la resiliencia y el activismo nacido de la necesidad de buscar respuestas.
La historia nos lleva al verano del año 71 para conocer a los Paiva: Rubens, un diputado del congreso, y Eunice tienen cinco hijos y veranean cerca de la playa en una casa que siempre está abierta a sus amigos para compartir momentos de diversión y cariño.
Sin embargo, el cerco se estrecha cada vez más alrededor de quienes se resisten a la opresión de la dictadura de modo que es habitual el autoexilio o el enviar puntualmente a los hijos al extranjero para protegerlos ante cualquier represalia por las formas más comunes de resistencia: las protestas, los envíos de información clandestinos o la colaboración con familiares o amigos en el extranjero.
Sin previo aviso un día sufren una incursión violenta en su hogar: Rubens y Eunice junto a una de sus hijas son conducidos a un emplazamiento secreto donde son interrogados durante días, privados de higiene y sueño y tratados de forma infrahumana.
Al salir de allí, Eunice descubre que su hija ha sido liberada pero se desconoce el paradero de Rubens. Su vida dará un giro de 180 grados después de eso. Tendrá que reinventarse, volcar toda su energía en sacar adelante a sus hijos sin dejar de indagar para obtener una respuesta a la gran pregunta: ¿dónde está su marido?
¿Cuántas veces puede morir una persona?
Aún sigo aquí deja claro que muchas, demasiadas. El día que se evapora en el aire, el día en que pierdes la esperanza de encontrarlo, el día en el que se fecha su defunción, el día en el que expira su último aliento, el día en que tienes la prueba de su muerte, el día en el que te despides de él...
No hay una única e inequívoca respuesta y es lo que hace tan hiriente el trance a quienes no saben que fue de una persona desaparecida y no pueden por tanto darle siquiera sepultura.
Walter Salles, el director detrás de proyectos tan sólidos como Estación Central de Brasil o Diarios de una motocicleta, encuentra en el rostro de Fernanda Torres a la aliada perfecta para contar una historia en la que no hay tanta atención al marco sociolopílitico del país, que es una amenaza constante y latente, como al impacto personal y familiar de la desaparición de un ser querido.
Nadie muere mientras su recuerdo sigue vivo y eso es justo lo que simboliza Eunice y su lucha a lo largo de los años: el valor de la memoria, de la reconstrucción histórica, de la reparación, aunque solo sea mediante el reconocimiento de la realidad, por dura que sea.
Salles, que conoció personalmente a la familia Paiva y fue para él una suerte de faro para comprender que el mundo era mucho más grande de lo que él pensaba define su historia como "el sueño roto de un país".
Y en buena medida funciona como una metáfora pertinente: todos los planes de la familia se desbaratan, el proyecto de futuro, como la construcción de una casa, se tambalea y hay que empezar de cero.

Queda patente en su trabajo como cineasta el cariño y la empatía hacia ellos y también el aprendizaje de su actitud ante la vida: desde evitar mostrarse abatidos en los medios hasta considerar un triunfo un trámite burocrático. Una verdera prueba de dignidad, de compromiso y de fortaleza inspiradora.
Precioso el detalle de que Fernanda Torres comparta el papel con su madre, Fernanda Montenegro que da vida a la Eunice madura que cierra la película. Se cerró un círculo cuando le dedicó a ella, que estivo nominada 25 años atrás por Estación Central de Brasil, el Globo de Oro. El universo a veces sonríe por un instante alineando los astros.
Valoración
Nota 80
Aún estoy aquí es una película que indaga en la memoria colectiva de un trauma, siguiendo a los que sobrevivieron y tuvieron que afrontar un largo y doloroso duelo.
Lo mejor
La película en sí misma es un milagro de la cinematografía carioca: excelentes interpretaciones, ambientación e historia.
Lo peor
Que haya varios epílogos. Por desgracia, conocemos películas similares ambientadas en otras dictaduras militares escalofriantes.
Otros artículos interesantes:

Raquel Hernández Luján
Redactora
Raquel Hernández es redactora y crítica de HobbyCine desde 2010. Está especializada en cine, series y literatura así como familiarizada con las tendencias culturales de actualidad.
