Crítica de La coleccionista, una película de terror clásica con elementos sobrenaturales

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Crítica de La coleccionista, la película de terror sobrenatural dirigida por Manuel Sanabria y protagonizada por Maggie Civantos, Daniel Grao, Belén López y Canco Rodríguez. Estreno el 22 de agosto.
La coleccionista es una propuesta de terror de los productores de Historias para no dormir y algo hay del espíritu de la serie en su concepción porque consigue crear una atmósfera inquietante, provocar al espectador, asustarlo y hacerle sentir cierta congoja. En la línea de lo que podría ser también un episodio largo de la primera temporada de 30 monedas, aunque sin su sentido del humor.
Es una de esas películas que no esconden sus intenciones puesto que arrancan casi de inmediato, sin dar respiro y dejan bien claras sus intenciones con sobresaltos periódicos apoyados en una fotografía tétrica y una banda sonora inquietante.
Se trata del cuarto largometraje de Manuel Sanabria (Hotel Bitcoin), que asimismo escribe el guión junto a Óscar David Gómez.
La coleccionista no reinventa el género, pero lo explota echando mano de un reparto que no esperas encontrar en una película de este corte como Cando Rodríguez, con una vis tan cómica. También salen de su zona de confort Paco Tous o Assumpa Serna en papeles secundarios.
Tierra de frontera
El punto de partida es un viaje al pueblo de Reino del Duero. Un matrimonio y su hija van en busca de tranquilidad para desconectar del día a día y de paso a tratar de serenarse dos años después de la muerte del hijo menor cuando tenía ocho años.
En el primer paseo por la calle, la madre encuentra de manera fortuita una tienda llena de antigüedades que llama poderosamente su atención. Especialmente un enorme y antiguo espejo. La dueña, Fátima no tarda en acudir a ella para decirle que es suyo puesto que ha sido el espejo quien la ha elegido a ella y no a la inversa.
A pesar de su reticencia y temiendo a esa extraña mujer, ataviada de negro de pies a cabeza, al llegar a su casa de alquiler comprueba atónita que Fátima se lo ha llevado allí como un regalo.
Sus habituales problemas de insomnio se agravan cuando cada noche escucha una música y cree ver a su hijo a través del espejo, como si su espíritu la rondara.
No es la única que experimenta situaciones desconcertantes: otro viajero que vive en una caravana recibe un diario de manos de Fátima. Todo lo que en él está escrito se hace realidad, como si hubiera salido de su puño y letra pero con un giro aterrador cuando empieza a hablar de la familia que se instala en el camping situado al lado del cementerio.

Quien busque una película de terror solvente, la va a encontrar en La coleccionista, aunque diste de ser perfecta. La forma en la que las dos historias principales se conectan entre sí es bastante confusa y, aunque llegan a un desenlace, da la sensación de que el guión se olvida progresivamente de su personaje principal, sobre el que no ofrece explicación alguna.
Todos los elementos clásicos que puedes esperar ver en una película como ésta se dan cita puntualmente: el asco, la remordimiento, la ilusoria esperanza de liberarse del dolor del pasado y fenómenos inexplicables que incluyen presencias, temblores, violencia y hasta susurros (es una colección de los leit motiv de los que se burla Goyo Jiménez en sus monólogos).
Pero funciona porque los elementos fantásticos están introducidos de manera tal que nunca se inclinan hacia la comedia involuntaria y porque la película bebe de una larga tradición de relatos limítrofes en los que se dan la mano el escalofrío y la reflexión, abundando en el drama. Aunque no hay demasiado espacio para respirar se percibe un amor incondicional por el género.
Con todo y con eso, La coleccionista tenía margen de maniobra para mejorar. En verdad da la sensación de que se han unido dos capítulos de una serie (¿sería ese el origen inicial?) y que su protagonista, la enigmática mujer que le da nombre al proyecto, ha dejado escondidos demasiados secretos que dejarán a la audiencia con curiosidad.
No es una cuestión menor: llega al punto de que no se comprende muy bien por qué es el punto en común. El espejo y el diario como objetos mágicos están bien traídos porque en ambos casos reflejan a sus dueños, quieran ellos o no, tal y como son.
El pegamento para unirlos tendría que haber sido ese: la coleccionista, pero quizás con la esperanza de una secuela, no se utiliza este recurso fundamental y la presencia de Belén López (que da bastante mal rollo) resulta demasiado corta y muy poco esclarecedora. ¿Colecciona almas atormentadas? ¿Pecados? Hay tan poco en común entre sus dos víctimas...
Valoración
Nota 60
Sencilla pero eficiente propuesta que consigue su propósito de asustar. El reparto sostiene una película llena de sobresaltos en la que dos personajes expían sus pecados con la ayuda de una misteriosa mujer.
Lo mejor
Está bien ambientada y es tenebrosa, con sustos a cada rato y un buen manejo del tempo de la historia.
Lo peor
Es un relato vago en explicaciones: nunca entendemos quién es la coleccionista ni por qué hace lo que hace.

