Crítica de El cuento de la criada temporada 6: llega el desenlace... hasta el estreno de Los testimonios

Crítica de la temporada 6 de El cuento de la criada (The Handmaid's Tale), el desenlace de la serie de Max con Elisabeth Moss como protagonista.
Pocas, poquísimas series, pueden enorgullecerse de mantener el nivel hasta el mismísimo final después de tantos años. Puede que puedan contarse con los dedos de una mano y nos sobre alguno. El cuento de la criada, en su sexta temporada (y final) vuelve a demostrar la inteligencia con la que se expandió la novela original de Margaret Atwood.
Que no se malinterprete el mensaje: necesitaba llegar a un final. En caso contrario habría terminado claudicando a imposiciones comerciales o alargamientos innecesarios. Y además, la autora ya lanzó Los testimonios, la novela secuela que tendrá traslación audiovisual, ahora ya sí, suponiendo el desenlace definitivo de la historia.
No se puede entender El cuento de la criada sin Elisabeth Moss. Ella no solo ha sido la cara visible de la protagonista concentrando una buena parte de su carrera en su complejo viaje emocional, sino que ha estado involucrada también en la producción y, desde la cuarta temporada, también en la dirección incluyendo el primer y el último episodio de esta temporada final.
Así que es, sin lugar a dudas, el proyecto mediante el cual ha crecido como intérprete, empresaria y creadora... pero siempre teniendo el desarrollo de la historia en el foco principal, sobre todo en lo que atañe a la emoción.
Los valores de producción jamás han retrocedido ni un centímetro: las calidad de las interpretaciones, el virtuosismo de la banda sonora, la belleza evocadora de la fotografía, el simbolismo asociado al vestuario... y, en suma, una impoluta puesta en escena. La sexta temporada sigue en la misma senda, preparándonos para un cliffhanger final que como decíamos se cerrará con la secuela.
Pero nos queda mucho por sufrir de la mano de June, que empezará su aventura en el mismo punto en el que se quedó al final de la quinta temporada. Serena y ella se convierten en extrañas compañeras de viaje en el tren que ha acogido a las madres refugiadas y las lleva a un campamento seguro.
Como es lógico aún arrastra las consecuencias de su brutal atropello y no solo las físicas: al dolor y el cansancio tiene que sumar el estrés de saber que Luke ha sido detenido por matar al conductor y la necesidad de hablar con él, algo complicado cuando el tren tiene que buscar un destino alternativo que la conducirá ni más ni menos que a Alaska.
Soportar las peroratas de Serena, después de la larga y complicada relación que las ha unido desde los tiempos en los que June estaba obligada a mantener relaciones sexuales con su marido Fred, se le va a hacer complicado, pero las cosas se pondrán aún más feas cuando Serena sea delatada y acorralada para ser linchada por las mujeres que la consideran una traidora a su género (con toda la razón).
June solo podrá ayudarla abandonándola a su suerte al arrojarla fuera del tren. A medio plazo, una vez a salvo, toda su energía estará al servicio de tratar de recuperar a Hannah, convertida ya para su desgracia en un símbolo que Gilead no quiere dejar escapar.
Nick y Moira van a seguir pasándolas canutas mientras los planes de Joseph Lawrence siguen tomando forma: su supuesto aperturismo no tiene otra función que servir de relajación para hacer pervivir al régimen en un equilibrio precario. Tiene simpatizantes y colaboracionistas fuera de sus fronteras y Canadá empieza a desconfiar de quienes huyen de allí.

El cuento de la criada es una serie difícil, a menudo con un punto de claustrofóbica, que requiere cierto grado de preparación emocional antes de enfrentarse a ella. En esta tanda de capítulos se ha echado toda la carne en el asador, así que decimos esto con razón de más... hay momentos a la altura del bárbaro desenlace de la tercera temporada.
Lo sabemos antes de darle al "play": nos va a arrasar, apelará a nuestros miedos más atávicos y retorcerá nuestros corazones, pero siempre mereció la pena enfrentarse a todo ello para comprender esa dictadura teocrática misógina que debemos mantener estrictamente en el plano de la ficción.
Tendríamos que estar muy ciegos para no ver que su impactante mensaje político no tiene cierto nivel de relación con el desarrollo de los acontecimientos en el panorama actual. A veces las pesadillas son necesarias como advertencia de hacia dónde no debemos poner rumbo.
El segundo mandato de Trump, con el desmantelamiento del gobierno federal, la intervención del mercado bursátil, el crecimiento de la desigualdad social, el desprecio al sistema democrático y la promulgación de leyes contra inmigrantes, mujeres y el colectivo LGTBIQ+ con sus correspondientes discursos de odio hacen que El cuento de la criada sea hoy por hoy más relevante y pertinente que nunca.
Ver a los personajes evolucionar, reinventarse, encontrar su propia voz y recomponerse tras haber sido víctimas y/o verdugos en esa amarga distopía de Gilead es alentador y tener en el reparto a talentazos como Ann Dowd, Yvonne Strahovski o Samira Wiley, un lujo. Hay luz al final del túnel.
Valoración
Nota 80
El desenlace de El cuento de la criada es acorde al nivel que ha mantenido la serie desde la tercera temporada y está repleto de giros de guión sorprendentes.
Lo mejor
La fotografía, la banda sonora, las interpretaciones y la capacidad para emocionar al espectador con mensajes contundentes.
Lo peor
El argumento da muchas vueltas sobre sí mismo, realmente ya necesitaba un cierre... más o menos.
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Raquel Hernández Luján
Redactora
Raquel Hernández es redactora y crítica de HobbyCine desde 2010. Está especializada en cine, series y literatura así como familiarizada con las tendencias culturales de actualidad.
