Crítica de Nosotros no nos mataremos con pistolas, un deprimente reencuentro levantino

Crítica del drama Nosotros no nos mataremos con pistolas, el drama de María Ripoll en el que adapta la obra de teatro homónima de Víctor Sánchez.
Viendo los carteles y los elementos promocionales de Nosotros no nos mataremos con pistolas, podría parecer que estamos ante una "feel good movie" de las que nos llevan a conocer un reencuentro de amigos sensacional con el verano de fondo y una paella preparándose a fuego lento, pero... ¡no!
Se trata de la nueva película de la directora catalana María Ripoll (No culpes al karma de lo que te pasa por gilipollas): la adaptación de la obra de teatro homónima deVíctor Sánchez Rodríguez, ganadora del Premio Max Mejor Autoría Revelación 2016, y que fue presentada este año en la Sección Oficial del Festival de Málaga.
Blanca es una mujer que arrastra un doble drama personal: su relación de pareja atraviesa una crisis y su prima, que pertenecía al grupo de sus mejores amigos, se ha volado la cabeza con una pistola recientemente, lo que aviva los cuchicheos de sus vecinos.
Con la idea emprender un nuevo rumbo en su vida convoca a Marina, Elena, Miguel y Sigfrido a su casa en el pueblo: le parece una buena idea recuperar el tiempo perdido, ponerse al día y quién sabe si disipar los fantasmas de la presencia de Tim y Paula, cada uno muerto a su manera para ella.
A pesar de que llevan años sin verse, hay heridas que siguen sin cicatrizar en este grupo de amigos y lo peor es que todos tienen algo en común, aunque intentan ocultarlo con torpeza: el desencanto con sus vidas, la sensación de que han perdido el norte y de estar exhaustos.
La velada, que se alarga hasta el anochecer con toda una serie de encuentros y desencuentros, reproches, enfados y recuerdos, es la antesala de la verbena del pueblo en la que cada cual dará rienda suelta a sus instintos dejándose llevar.
Pero la noche pasa y da pie a un nuevo día en el que tendrán que volver a enfrentarse a la realidad y ponerse las pilas para seguir viviendo. ¿Cuándo fueron más ellos mismos, en su catarsis de desenfreno o al día siguiente?
"Esto es lo que hay"
Vais a encontrar tantas ideas en el fondo de Nosotros no nos mataremos con pistolas que hay que tener cuidado para no saltarse ninguna: las precariedades laborales, la forma en la que languidece el campo, la dificultad de emprender un negocio o la necesidad de salir de España a labrarse un porvenir (y a menudo volver con el rabo entre las piernas).
A esos problemas externos a los personajes hay que añadir los clásicos como los romances inconclusos en el grupo, las dificultades más íntimas que van ligados a la desazón de la edad, los desengaños amorosos, la propia identidad o los encuentros sexuales fortuitos.
Así se unen las crisis sociales y personales de todos los personajes, abocados a levantar los hombros y resignarse ante el panorama en el que se mueven.
El caso es que estamos ante una película de personajes que hace que haya dos elementos claves: el reparto, que necesita estar escrupulosamente bien escogido para que haya una química esencial y la construcción de los roles. En ambos apartados Nosotros no nos mataremos con pistolas falla estruendosamente.
Al espectador no se le da opción a empatizar con ellos porque el guión los pone en pie de una forma que no hay resquicio para un enganche emocional que sería esencial: son demasiado crueles e hirientes entre ellos, no están bien definidos sus propósitos y ni siquiera parecen de veras un grupo de amigos que hayan llegado a compartir algo en el pasado.
En suma, estamos ante una película que narrativamente dista de la perfección, pero que además no termina de culminar en un final brillante. No nos mataremos con pistolas, pero nos dejaremos morir de forma lenta e inexorable si no somos capaces de encarar nuestras propias decisiones como adultos, lo que conlleva superar la juventud y ser dueños de nuestros actos. Madurar, vaya.
Valoración
Nota 52
A pesar de que lo que cuenta no nos es ajeno, la forma de construir los personajes y de presentárnoslos no es la idónea para conectar emocionalmente con ellos. Es fácil comprender su frustración, pero muy complicado empatizar con ellos y su catarsis.
Lo mejor
Muestra bien el desencanto de toda una generación y los problemas estructurales a los que se enfrentan.
Lo peor
No profundiza en nada, es imposible empatizar con los personajes y el visionado se hace cuesta arriba.

Raquel Hernández Luján
Redactora
Raquel Hernández es redactora y crítica de HobbyCine desde 2010. Está especializada en cine, series y literatura así como familiarizada con las tendencias culturales de actualidad.