Matar a Jesús
Análisis

Crítica de Matar a Jesús, un duro drama basado en hechos reales

Por Raquel Hernández Luján

Crítica de Matar a Jesús (Killing Jesus), un duro drama basado en hechos reales dirigido por Laura Mora Ortega, responsable de Pablo Escobar: el patrón del mal.

Cine de denuncia, pero también de expiación de la culpa personal, de reencuentro con la humanidad que nos queda... Así es Matar a Jesús, una película íntima filmada por Laura Mora en la que expone la bajada a los infiernos de una joven después de enfrentarse a una tragedia.

Paula, a la que todos llaman Lita, es una estudiante de fotografía que presencia el asesinato de su padre, un popular profesor de Ciencias Políticas en una universidad de Medellín. A partir de ese momento su vida cambiará por completo: tras comprobar la ineptitud e indolencia de la policía local, se obsesionará con la idea de terminar con el sicario de su progenitor, al que reconoce por casualidad una noche cuando sale a divertirse con sus amigos.

Sin embargo, Matar a Jesús no es una persona habituada a la violencia y aunque sabe perfectamente cómo conseguir un arma, no tiene el dinero necesario para hacerse con una... Y hasta aquí podemos leer. Laura Mora se despide de los espectadores dedicando la película a su padre por el simple hecho de que estamos ante una cinta que tiene mucho de autobiográfico (su padre fue asesinado en Medellín en 2002).

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Si hay que empezar esta crítica de alguna forma, que sea elogiando su coraje para retratar esa Colombia que nunca deja de sangrar. En sus propias palabras, la responsable de 83 de los 113 episodios que componen Pablo Escobar: el patrón del mal expresa que "en el cine hace falta contar la violencia. Como dice Gillo Pontecorvo, una casa sin cine es una casa sin espejos, y la violencia en el cine está por contarse en el lado de las víctimas, hemos sido bastante apologéticos con la violencia, hemos tomado el lado del victimario”.

El punto de vista que adopta Matar a Jesús es el de Paula y es a través de sus ojos como accedemos a los ambientes en los que se mueve: la universidad, los garitos y los ambientes en los que jóvenes cuyas vidas no se valoran nunca lo suficiente hacen "aquello que les piden, lo que haya que hacer".

Una miseria que no se puede medir tanto en términos económicos como en falta de oportunidades y de salidas. "Seguimos teniendo un Estado de exclusión y desigualdad donde el narcotráfico ha ocupado lugares que el Estado no ha sabido llenar", señaló Mora con Efe a su paso por el Festival de Cine por Mujeres.

Matar a Jesús

El origen de la película, fue un sueño. La cineasta no presenció el asesinato de su padre, ni conoció nunca al sicario, pero una noche soñó con un chico de su edad, con el que fumaba en un mirador desde el que se veía toda la ciudad (secuencia reproducida en la película) que le confesaba que había matado a su padre. Y así fue cómo nacieron los primeros bocetos de Jesús y de sus conversaciones con Lita. Y el meollo de la cuestión: la humanización del asesino. ¿Cómo comprender algo que te rompe por dentro?

Lo interesante, entre otras muchas cosas de esta película de denuncia, es que ni siquiera pusieron las palabras precisas en boca de sus actores, no profesionales, sino que les dejaron hacer para que sonara en pantalla el lenguaje de la calle. Natasha Jaramillo y Giovanny Rodríguez son los encargados de llevar la voz cantante en la historia en la que ambos, Paula y Jesús, están atrapados sin posibilidad de fuga.

En el lado negativo, que lo hay, retratar la realidad de Colombia tiene un precio, que es básicamente que no se entiende una jota. La jerga es tan cerrada, la velocidad a la que hablan tan acusada y el acento tan acentuado que sin subtítulos, el espectador estará perdido. Es obviamente algo premeditado y el peaje que hay que pagar para desarrollar un relato tan local y tan verosímil. También hay algunos momentos en los que queda patente que los actores no son experimentados, sobre todo en los picos emotivos, que no son nada fáciles de expresar frente a una cámara. En cualquier caso, es preferible a tener una interpretación limpia pero sin peso.

Pero si no hubiese poesía, Matar a Jesús no se sostendría... Mora se recrea en la belleza de momentos puntuales ralentizando las imágenes, dotándolas de una luz onírica e incluso acudiendo a acordes más dulces que contrastan sobremanera con lo que late bajo toda esa estilización: una dialéctica brutal entre un deseo de venganza terrible y una vida entregada al mejor postor.

Y al final no es otra cosa que la defensa de algo tan sencillo como infravalorado en nuestro mundo: la vida de las personas, aunque no sean grandes figuras sociales o dirigentes políticos, pero cuyo impacto ya sea en el alumnado por su trabajo como en el caso del padre de la protagonista, en su familia o en su esfera social pueden tener una enorme repercusión. Lo esencial no es el discurso político, el bando, el argumento en sí, sino tener la posibilidad de poder expresarlo en voz alta sin temor a que te vuelen la cabeza. 

Esta película de estreno trae debate: tiene sus defectos pero también muchas virtudes y pone de nuevo en primera plana algo que la actualidad nos lanza cada poco: ¿venganza o convicciones morales fuertes? ¿Hemos aprendido algo o no?

Valoración

Cine de autor de calidad: Laura Mora firma una película en la que hay una fuerte denuncia social en la que se entrelaza también un retrato íntimo de la culpabilidad.

Hobby

78

Bueno

Lo mejor

La búsqueda de un tono muy naturalista la mayor parte del tiempo y los destellos poéticos que añade el montaje. La fuerza de la peli.

Lo peor

Los diálogos son muchas veces completamente ininteligibles... Son necesarios los subtítulos y ni con esas: la jerga es muy cerrada.

Y además