Crítica de Respira temporada 2, una serie que regresa con lecciones aprendidas pero resultados similares

Netflix

Crítica de la segunda temporada de la serie Respira, creada por Carlos Montero para la plataforma Netflix donde se estrena al completo el 31 de octubre.

Ocho nuevos episodios de Respira llegan mañana mismo a Netflix y se confirma una segunda temporada que vuelve a echar mano de similares artimañas para cautivar la atención de los espectadores que la primera: triángulos amorosos a los que se añaden nuevos vértices, corrupción política, atentados a la bioética y toda clase de casos médicos resueltos de forma pedestre.

En líneas generales, tropieza con la misma piedra: la falta de verosimilitud, la espectacularización de la realidad en el ámbito sanitario y una pátina de supuesta preocupación por la privatización de servicios básicos y la degradación de la sanidad pública que no es más que un telón de fondo desaprovechado.

En esta ocasión tenemos mucha menos explicitud en las relaciones sexuales y una mayor contención en el tono que se agradece, aunque no termina de ser suficiente para reflotar del todo el barco.

La razón es que hemos cambiado estos ingredientes por constantes tensiones sexuales no resueltas y a veces hasta verbalizadas que lo ponen todo patas arriba mezclando muchos temas en un cóctel indigesto.

Tampoco es demasiado original en lo que se refiere a los casos puntuales presentados para su estudio: maltrato, intoxicaciones, explosiones, infecciones que terminan en amputación, cesáreas caseras o bacterias resistentes en quirófanos... Como la serie va a toda velocidad, apenas da tiempo a resolver las cosas con unos guiones que van a salto de mata.

En un capítulo los personajes pueden estar gestionando la donación de un órgano vital in extremis y en el siguiente ha pasado un mes y todo sigue como si nada. Pero la constante (que llega a ser preocupante) es la de mostrar al personal del hospital saltándose constantemente las normas, los protocolos y las directrices más básicas.

Hay un baile de puestos de trabajo que también complica hasta seguir la trama. Si parpadeas ha cambiado la gestión del hospital o la jefa de cirugía o el rol de tal o cual personaje. Decir que la realidad está lejos de lo que se muestra en esta serie, es quedarse muy corto.

No es que haya concesiones en pro de la dramatización sino que, si acaso, hay algún atisbo de realidad en medio de una ficción muy fantasiosa.

De crisis en crisis

La segunda temporada de Respira arranca con Jésica en estado grave y Lluis y Biel disputándose su atención. Mientras tratan de salvarle la vida en el último instante Patricia Segura, presidenta de la Comunidad Valenciana, sigue en el cargo, tratando de ganar adeptos a su causa, para lo cual va a utilizar el Hospital Joaquín Sorolla.

A fin de reflotar su popularidad pondrá la gestión del hospital público en manos privadas contratando como nuevo director a Nicolás (Gustavo Salmerón) que externalizará algunos servicios, contratará a un proveedor único, abrirá quirófanos por las tardes y se escudará en la mejora del departamento de ginecología para imponer un cupo en urgencias y derivar a pacientes a otros centros.

Pero su medida estrella será contratar a la reputada oncóloga francesa Sophie Lafont, cuya alentadora investigación promete curar el cáncer de manera definitiva. Por supuesto esto conlleva hacerse cargo de la presidenta como principal paciente en su búsqueda de la solución total de la metástasis de cáncer de mama que padece.

Aunque sus resultados son muy esperanzadores, sus altos niveles de secretismo, que bordean la paranoia y el desigual reparto de efectos secundarios de su terapia en los pacientes, hacen desconfiar a Néstor que decide rebasar todas las líneas rojas para descubrir si hay gato encerrado.

Por lo demás, la doctora Pilar Amaro seguirá lidiando con la recuperación de su hijo, Quique conocerá a un nuevo cirujano que le hará perder la cabeza (Pablo Alborán), Rocío y May tendrán encuentros y desencuentros y Jésica tendrá que enfrentarse a la llegada al hospital de Lucía (Claudia Traisac), su compañera de la facultad, que se incorpora a las urgencias.

Uno de los mayores problemas de Respira es que se desarrolla a tal velocidad que no hay tiempo para sufrir por los personajes o pasar por sus catarsis. Cuando termina el visionado la sensación es que la serie te ha pasado por encima, sin dejar poso alguno. Es lo que es: entretenimiento pasajero con potencial para enganchar, si quieres apagar el cerebro un rato. Conectado, cortocircuitas.

Valoración

Nota 52

Las segunda temporada de Respira rebaja la dosis de culebrón para centrarse más en los problemas del principal paciente de la serie: el hospital Sorolla. Sigue siendo inverosímil, grandilocuente y atropellada, pero te hace dejar los ojos en blanco en menos ocasiones.

Lo mejor

Presenta una mejoría en lo que se refiere a los niveles de frivolidad de las relaciones entre los personajes. Algo es algo.

Lo peor

Sigue siendo muy absurda en su planteamiento político y médico. Los sanitarios seguirán echándose las manos a la cabeza.

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Raquel Hernández Luján

Redactora

Raquel Hernández es redactora y crítica de HobbyCine desde 2010. Está especializada en cine, series y literatura así como familiarizada con las tendencias culturales de actualidad.

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