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La última bandera
Análisis

Crítica de La última bandera, con Bryan Cranston y Steve Carell

Crítica de La última bandera (Last Flag Flying), la nueva película de Richard Linklater (Boyhood) con Bryan Cranston, Steve Carell y Laurence Fishburne. En cines a partir del 2 de marzo de 2018.

Considerada como la secuela de El último deber (la película protagonizada por Jack Nicholson y filmada por Hal Ashby en 1973), La última bandera ha sido dirigida por Richard Linklater (Boyhood), corresponsable también del guión inspirado en la novela de Darryl Ponicsan, cuyo primer libro dio origen a la cinta precedente.

El gran cambio respecto al libro es que los nombres de los protagonistas (Buddusky, Mulhall y Meadows en la novela) mutan para trasladarse a la gran pantalla, si bien el corpus de la narración se mantiene a fin de mostrar ese “revisionismo” de la propia historia personal de los personajes.

Mirando hacia atrás sin ira

¿De qué trata La última bandera (Last Flag Flying)? Nos traslada al año 2003, momento en el que el tabernero Sal recibe una visita muy peculiar en su bar. Se trata de “Doc” Shepherd, un exsoldado como él con el que combatió en Vietman. Ambos acuden en busca de un tercer veterano, Muller, que ahora ejerce de pastor en una concurrida iglesia.

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Doc desvela entonces las razones que le han llevado a acudir a sus antiguos camaradas: tras quedarse viudo, su hijo ha muerto en su primera misión en el ejército y quiere compañía para enterrarlo.

Pronto descubrirá que la versión oficial dista bastante de la realidad y tomará una dura decisión al respecto que le llevará a emprender un viaje de lo más peculiar, en el que tendrá su primer contacto con un teléfono móvil, cerrará heridas del pasado y se reconciliará con su propia concepción del patriotismo.

La última bandera

Un pasado común, un presente muy distinto

En esta peculiar road movie, la mentalidad de cada uno de los personajes irá transformándose debido a la influencia de los demás, si bien bajo el sustrato principal de la película late un potente alegato antibelicista. Y es que, por muy distintos que sean, les unen las experiencias compartidas y la necesidad más o menos exteriorizada de pasar página.

Si La última bandera funciona es por la solidez de su reparto principal, porque su excesiva e injustificada duración y su trazo grueso a la hora de delimitar al antagonista de turno (qué ingrato el rol de Yul Vazquez), le resta bastante interés.

Por otra parte, sorprende la simplona banda sonora: a pesar de contar con importantes colaboraciones de Eminem, Levon Helm o Albert King, el acompañamiento musical nunca contribuye a aligerar la propuesta. De eso se encarga más bien la vitalidad y el sentido del humor del personaje de Bryan Cranston, dando vida con total efectividad al socarrón Sal.

La última bandera

Eso sí, los créditos finales cuentan con un temazo de Bob Dylan titulado “Not Dark Yet” que sí que supone un broche de oro para una película que habría ganado fluidez con una poda en la sala de montaje.

El gran problema de La última bandera es el plomizo tempo interno de la historia y el hecho de que a pesar de meterse varias veces en el fango y criticar abiertamente las secuelas de la guerra, su carácter injustificable o las habituales malas prácticas (en concreto, Doc tuvo que pagar con un año de cárcel un delito menor), es bastante más tibia a la hora de ajustar cuentas. Se queda a medio gas en sus intenciones, sin terminar de señalar los defectos del sistema y de proponer una alternativa contestataria al silencio (cuando no la mentira) del ejército.

El terreno donde se ubica la guerra no es el mismo: ayer fue Vietman, en los primeros 2000 fue Iraq, pero parece que la mayor batalla debería estar librándose internamente y hay cierto encogimiento de hombros al respecto. "Todas las generaciones tienen su guerra. Quizás algún día intentemos algo diferente". 

Valoración

Drama intimista bien pertrechado de humor en el que los personajes de Laurence Fishbourne y Bryan Cranston funcionan como polos opuestos. Es una película correcta que apenas sobresale en un par de momentos puntuales y cuyo principal atractivo es la evolución de los personajes.

Hobby

66

Aceptable

Lo mejor

El reparto, sobre todo Bryan Cranston, que defiende las mejores líneas de diálogo del guión con su habitual maestría.

Lo peor

El metraje es demasiado largo, tiene importantes bajones de ritmo y no alcanza el nivel emocional de producciones de temática similar.

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