Hacia un mundo en el que nada será nuestro: videojuegos, música, películas...

Sony abandona el formato físico en un movimiento cada vez más habitual de las compañías que afecta a la conexión que tenemos con nuestras aficiones.

El abandono del formato físico por parte de Sony ha devuelto a la actualidad un debate que lleva tiempo en el ámbito cultural. Hace años que se viene hablando de la apuesta por parte de las tecnológicas para que abandonemos la compra de toda la vida con el objetivo de mantenernos siempre conectados.

A pesar del terremoto mediático, es verdad que el movimiento de Sony no es ninguna novedad y lo venimos viendo con incontables ejemplos que tenemos más o menos asimilados, como pueden ser el streaming o los ebooks.

A estas alturas todos sabemos que esto plantea una serie de cuestiones problemáticas. La más evidente es que cuando no disponemos de algo a todos los niveles, no es nuestro, siempre estamos sujetos a la empresa. Una compañía que puede ser cualquier otra en unos años, porque el mundo empresarial cambia, las marcas crean y abandonan proyectos, los negocios se compran unos a otros y el sistema nunca se detiene.

Esto lleva a pensar que no es una compra lo que hacemos, sino un alquiler por tiempo indefinido. Estamos perdiendo la disponibilidad de ese juego, libro o película para siempre. 

En algún momento la empresa cambiará, la tecnología quedará obsoleta, solo interesará a unos pocos y perderemos lo comprado. 

Hay quien tiene en casa una consola de los 90 de alguna compañía desaparecida, que todavía funciona, eso no ocurrirá en el futuro sin formato físico.

Otro tema polémico en el que no profundizaré es que las compañías viran políticamente en función de los gobiernos. Como ejemplo podemos ver lo ocurrido con Tesla los últimos dos años.

Sobre la situación se ha publicado hace poco un ensayo: Mierdificación, de Cory Doctorow. En él se explica cómo las medidas de muchas empresas no hacen más que perjudicar a los clientes y deteriorar el ecosistema digital. También aclara los objetivos y consecuencias que sufrimos cuando se fomenta la dependencia hiperconectada para disfrutar de un servicio.

Pero también podemos ir adelantando que las estanterías de los amantes de estas aficiones irán quedando vacías. Los videojuegos en la nube, la música en plataformas de audio, las series y películas en las de streaming… Se acabó el romanticismo, el valor estético, el identificarse con los objetos.

¿Todo será más cómodo? Quizá para muchos. ¿Habrá una pérdida de emoción en la adquisición de novedades? Sin duda alguna.

Y como nada permanece y nada realmente nos pertenece, también se pierde el coleccionismo, solo hay una acumulación de archivos en una plataforma digital. Adiós a la conexión emocional, también a la complicidad con las empresas, solo será consumo.

¿Realmente piensan que es la mejor estrategia a largo plazo? Me sorprende.

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Ekaitz Ortega

Redactor jefe

Ekaitz Ortega es redactor jefe de HobbyCine desde 2022. Está especializado en literatura y cultura Gestiona el vertical dedicado a los sectores del cine y las series.

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