Entrevista Steel Battalion Heavy Armor

Nos metemos en la cabina de un mech con Steel Battalion Heavy Armor. Uno más en la serie de Capcom y que se ha puesto cómodo en Xbox 360 con Kinect.

La mezcla de Kinect con Steel Battalion Heavy Armor ha sido una de las experiencias que hemos visto y probado durante el pasado Showcase de Microsoft, previo a la Game Develpers Conference 2012. Toda una experiencia que nos recuerda a los títulos de la saga que salieron en la primera generación de Xbox. Eso sí, se han sustituido las decenas de botones que traía su mando especial por el uso de Kinect. Una mezcla entre mando tradicional y gestos que va más allá de lo hecho hasta ahora.


El juego nos lleva a un futuro donde las máquinas de guerra, tanques verticales en este caso, son los protagonistas. Algo que se identifica con Steel Batallion Heavy Armor y que nos lleva a puestos diferentes dentro de cada modelo. Podemos ser artilleros, pilotos, técnicos..., según el tipo de engendro en que nos metamos. La historia, por otro lado, nos presenta una invasión a gran escala, por parte de Estados Unidos. Una en la que las fuerzas terrestres intentan recuperar territorio. En un mundo donde la tecnología ha sido eliminada por completo. Donde los ordenadores ha perecido bajo una infección microbiana que ha acabado con el silicio de los procesadores.

En el interior de un tanque vertical

La vista en primera persona parece ser la habitual para los combates de este Steel Battalion. Una con la que la inmersión es total. Sin embargo, los cambios de perspectiva resultarán continuos, incluso con momentos en los que parece que estamos ante una aventura gráfica. Saldremos del tanque en momentos puntuales, recogeremos víveres, entablaremos conversaciones y tendremos todo tipo de problemas mecánicos en nuestra campaña.

Los escenarios que hemos visto se destruyen en buena medida, como era de esperar con la potencia de fuego que tenemos a nuestro alcance. Las defensas dejan de serlo en poco tiempo y los enemigos atacan desde todos los ángulo. Además, los soldados que van a pie disponen tácticas complejas y usan armas que nos ponen las cosas difíciles. No se limitan a ser carne de cañón, como en otros títulos.

En cuanto a Kinect, que ocupó buena parte de la presentación, permite realizar acciones como la recarga, salir por la trampilla superior, mirar por los prismáticos o cambiar de posición. La más habitual es sentados, pero el juego nos obliga a levantarnos de vez en cuando y a usar los brazos para pulsar palancas. Esto contribuye a aumentar la profundidad, con momentos que se salen de lo habitual en los títulos de acción o simuladores.

En general, se ha sustituido la navegación por los menús y pulsar algunos botones por movimientos de nuestro cuerpo, más allá del pad. Así, como ejemplo, en una travesía por el desierto nos encontraremos con poca agua. De vez en cuando, tendremos que abandonar el puesto para pasar la cantimplora a los demás y hacer el gesto con la mano. Si nos encontramos un cadáver, incluso podremos salir del vehículo y recoger su suministro de alimentos. Lo haremos por la trampilla inferior de este. Usaremos el stick analógico para acercarnos al objetivo y nuestro propio brazo para realizar la acción. Acercamos la mano, cogemos el objeto, nos lo llevamos... Algo que, en la práctica, resulta muy natural.


En cuanto a los escenarios, habrá zonas de África, Estados Unidos, varios países europeos en  Steel Batallion Heavy Armor. Unas que resultan totalmente diferentes entre sí y que nos harán emplear tácticas muy distintas. Superar las dunas más grandes nos obligará a configurar el vehículo para ello, mientras que las ciudades se caracterizan por tener muchos sitios para esconderse.

La mezcla de Kinect con un simulador de combate un tanto pausado, hace que la experiencia resulte más apropiada que con cualquier fps habitual. En realidad, el control se realiza con el mando de siempre. Es en momentos puntuales cuando pasamos a levantarnos de la silla, acercarnos una mano a los ojos para que se activen los prismáticos o hacer que cargamos el cañón. Al principio, se hace extraño, por lo poco habitual y que, de repente, tengamos que soltar una mano del mando. Pero las repeticiones y que todo se hace con gestos naturales convierten en rutina lo que, en otros tiempos, nos hacía apartar la mirada de la pantalla y buscar el botón correspondiente.