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La opinión de
José Luis Sanz

Entre franquicias anda el juego

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Pues sí. Hace un par de semanas escribí sobre un famoso programador, llamado Al Lowe, que había puesto sus manos en un juego basado en personajes Disney y que (yo) había tenido la tentación de hablar sobre personajes famosos, películas de éxito y demás franquicias que son llevadas al mundo de los videojuegos así, como el que no quiere la cosa. Títulos éstos que, por regla general, tanto hardcores como frikis, entendidos o, simplemente aficionados a los videojuegos, deploran por su clara intencionalidad comercial.

He de reconocer que yo he sido uno de los militantes radicales de ese bando de jugones-contra-las-franquicias que han deplorado sistemáticamente los juegos basados en peliculillas (los de Star Wars o Indiana Jones no, of course) o personajes colaterales de la TV. Sobre todo cuando no había detrás más que un simple objetivo de ganar pasta (cosa legítima, por otro lado) y aprovechar el tirón publicitario. Pero... ¿realmente estaba en el bando de los que llevan la razón?

El caso es que esa fe inquebrantable en la no-franquicia se iba resquebrajando poco a poco, a medida que iba haciendo memoria y me preguntaba a mí mismo (como hace Ted Striker en Aterriza como Puedas) cosas como... ¿el Cazafantasmas de Commodore 64 era malo? Pues no. ¿El Goonies de Commodore 64 era malo? Pues no. ¿El Labyrinth de Commodore 64 era malo? Pues no. ¿Entonces por qué tanta inquina hacia las franquicias?

La verdad es que esa pose cuasi-cultureta-anti-Hannah Montana y demás fauna de los videojuegos empezó a venirse abajo hace muchos años (tal vez 15), en un Corte Inglés de Madrid, cuando vi a un incauto abuelo comprale a su nieto de apenas ocho años, todo emocionado, un cartucho para SNES llamado Ultraman. ¿Qué raro?, pensé. ¿Cómo es posible que esté tan pillado por el juego si es una auténtica... (poned el calificativo que queráis)?

Desde entonces no he querido quebrarme mucho la cabeza y pensar en el tema... hasta que llegaron los niños y, con ellos, la caída definitiva del muro. La aceptación total por mi parte de la franquicia como necesidad vital del jugador en ciernes, ese que todavía cree en los Reyes Magos de Oriente, en Papá Nöel e, incluso, en que los bebés vienen de París previo pedido por escrito.

Efectivamente, Tiana y el Sapo y Cómo Entrenar a tu Dragón para Wii tienen la culpa de que me haya entregado con armas y bagajes al enemigo. ¿Sabéis la ilusión que les hace a los peques manejar a sus héroes del celuloide en una pantalla aunque el protagonista tenga píxeles como garbanzos? ¿Podéis imaginar la alegría con la que se toman ese momento de juego aunque los desarrolladores hayan tardado un mes en programarlo? No hay dinero para pagar tanta felicidad...

Aquí debería ir la conclusión, pero como creo que ha quedado bastante clara mi postura... es vuestro turno. ¿No os parece?

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