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La opinión de
Rafael Aznar

Sega, precursora de esta primavera de carreras

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Podría valerme de muchos temas de rabiosa actualidad para dar el pistoletazo de salida a este humilde blog: los retrasos de juegos por encima de nuestras posibilidades, las remasterizaciones alumbradas por la no retrocompatibilidad de la nueva generación, el escamoteo que suponen los DLC, el lanzamiento de mastodónticos parches para títulos que llegan más crudos que un ‘león come gamba’ a su fecha de salida… Sin embargo, he optado por otro tema de moda que, a su vez, me permite remitirme a parte de mis raíces ‘videojueguiles’, cuando mi hermano pequeño y yo afirmábamos que, de mayores, queríamos ser ‘consoleros’. No recuerdo muy bien si, con ese vocablo, nos referíamos a que queríamos vivir de diseñar videojuegos, a que queríamos tirarnos todo el día jugando o a que queríamos ser parte de una redacción como la de Hobby Consolas. Seguramente aludiera a esto último, curiosamente.

El mes pasado, para el número 285 de la revista, tuve ocasión de escribir uno de los reportajes que más ilusión me han hecho en todo el tiempo que llevo en ella: un repaso a la historia de Sega. Dado que el espacio en papel es finito, se quedaron en el tintero infinidad de asuntos. Uno de mis géneros predilectos es el de la velocidad, así que, aprovechando la florida primavera que se avecina con Project CARS, F1 2015 y MotoGP 15, creo que es de justicia rendir homenaje a una compañía que contribuyó sobremanera a que las carreras virtuales sean lo que son hoy y a que a mí me apasionen tanto. Más concretamente, voy a hablar de las recreativas de velocidad de Sega que marcaron mi infancia, cuando me tiraba tardes enteras tratando de apurar contra el cronómetro las pesetas que me dispensaban mi madre o mi abuelo. Sé que faltarán algunos títulos, pues hubo muebles con los que nunca tuve la fortuna de toparme (peregrinar por diversos salones y ver qué máquinas tenían era una toda una experiencia), pero os invito a que hagáis vuestras aportaciones en los comentarios.

Al margen de joyas como Megadrive y Dreamcast, dos consolas a las que tengo en un altar, es evidente que la historia de Sega está muy ligada a sus recreativas. Lástima que, hoy en día, los salones recreativos (para mí, de pequeño, eran ‘las máquinas’) hayan quedado reducidos casi a cenizas. En ese ámbito, era fundamental tener muebles espectaculares que atrajeran al personal, y el género de la velocidad fue, sin duda, el que mejor partido supo sacarles. Especialmente, el estudio AM2, con el gurú Yu Suzuki a la cabeza, firmó un puñado de títulos, a cada cual más grandilocuente, desde Hang-On y OutRun hasta 18 Wheeler o Ferrari F355 Challenge, pasando por Daytona USA o Virtua Racing. La maestría de Sega con la velocidad arcade fue tal que, una vez convertida en desarrolladora ‘third party’ y hechas las paces con Nintendo, ésta le encargó hacer dos entregas de su mítica saga F-Zero, una para recreativas (AX) y otra para Gamecube (GX).

Es difícil quedarse con una sola recreativa, así que me voy a quedar con siete, que dicen que es un número de buen augurio:

OutRun

Seguramente sea la recreativa de velocidad más recordada de la historia de Sega, aunque yo he de reconocer que esa versión sólo la pude jugar un par de veces. El principal motivo es que la criatura nació un par de años antes que yo, en 1986, así que, para cuando ya tuve conciencia de que quería disfrutarla, sólo estaba disponible en un salón que conociera y al que no podía ir más que en vacaciones. Por suerte, años después, Yu Suzuki la rescató para Shenmue II, y ahí sí que pude dedicarle las horas que se merecía. Subirse a bordo de un Ferrari Testarossa para luchar contra el cronómetro y tomar diversas bifurcaciones, a cada cual más transitada –qué malditos eran los camiones– era algo sensacional. Si alguien no la cató en su día, que no dejé pasar la versión para 3DS que se lanzó hace poco.

Super Hang-On

He aquí otra maravilla de AM2 que, por diferencia de edad (data de 1987), tampoco me puso las cosas fáciles, en este caso por partida doble. Igual que con OutRun, sólo recuerdo un salón recreativo en el que estuviera disponible y, para colmo, sólo lo estuvo durante unos meses desde que la descubrí y hasta que la jubilaron. Otro problema es que su mueble era enorme: si ahora soy un retaco, imaginaos lo poco que levantaba del suelo allá por 1995. Eso sí, este juego sí lo tuve en Megadrive y me dio grandes alegrías, igual que en Shenmue y Shenmue II, en cuyos salones recreativos Yu Suzuki tuvo a bien incluirlo. Aquí, también había que luchar contra el cronómetro y atravesar una serie de checkpoints para aumentar la cantidad de tiempo, mientras se esquivaba a decenas de motos, siempre con la preocupación de no salirse de la carretera para no chocar contra los obstáculos colocados estratégicamente en el exterior de las curvas… ¿Y quién no recuerda la mítica melodía titulada como Outride a Crisis? Ya estáis tardando en dejar que vuelva a fluir por vuestros tímpanos.

Sega Rally 2

Los rallies no se prodigaron demasiado en el mundillo de las recreativas. La compañía española Gaelco hizo una virguería con World Rally Championship, un juego en el que se podía conducir el Toyota Celica con el que Carlos Sainz ganó sus dos títulos mundiales, pero, sin duda, la palma se la llevó Sega Rally, diseñado por Tetsuya Mizuguchi. La primera entrega vio la luz en 1994, pero fue su secuela, aparecida en 1998, la que conquistó a un servidor. En ella, se podía conducir un Toyota Corolla (con aquella mítica publicidad de Movistar en la parte delantera), un Subaru Impreza, un Mitsubishi Lancer, un Ford Escort, un Peugeot 306 o un Lancia Stratos. Si en los rallies lo que cuenta es luchar contra el cronómetro, aquí la lucha era doble, pues, en cada tramo, había que atravesar un checkpoint intermedio y el situado en la meta, con el añadido de que, a medida que progresábamos, nos íbamos encontrando con quince coches más lentos. En total, había cuatro fases que superar: Desierto, Montaña, Nieve y Riviera. Llegar al final no era nada fácil. La melodía que acompañaba a la máquina mientras esperaba que alguien la alimentara con monedas también ha quedado para la historia.

Ferrari F355 Challenge

Si Sega Rally era desafiante, éste título de AM2 lo era aún más, al menos para un despreocupado infante como era un servidor allá por 1999, pues no era el típico arcade, sino que contaba con un importante grado de simulación. Eso sí, lo que no cambiaba era que, además de competir en una carrera contra otros coches, había que pasar por ciertos checkpoints antes de que se agotara el tiempo. Como en OutRun, pilotábamos un modelo de Ferrari, en este caso el F355 Challenge. El mueble del juego podía llegar a ser descomunal, con hasta tres pantallas alineadas para simular la visión periférica que se tiene dentro de un coche. Se incluían cinco circuitos: Motegi, Suzuka, Monza, Sugo y Long Beach.

Manx TT Superbike

Cuando se habla de recreativas de velocidad de Sega, ésta de 1995 seguramente no esté entre las más predilectas de casi nadie, pero sí está en mi lista. Aún tengo clavada en la memoria la voz que había en el menú y que rezaba, con solemnidad aquello de “Manx TT Superbike”. Por cierto, ¿qué ha sido de esa técnica que tanto se usaba antes y que tan poco (o nada) se usa ahora? Este juego de motos, que contaba con gráficos tridimensionales y vista tanto exterior como subjetiva, se inspiraba en la mítica competición que se disputa cada año en la Isla de Man y que es una de las más peligrosas del mundo, pues no se disputa en un circuito al uso, sino por las carreteras de la isla. El mueble era mucho menos aparatoso que el de Super Hang-On e incluía dos monturas, para el multijugador. Tetsuya Mizuguchi, principal artífice de Sega Rally, ejerció como productor en este título.

18 Wheeler: American Pro Trucker

Uno de los mayores valores de Sega a lo largo de su historia ha sido su capacidad para ser original, apostando por ideas que, a priori, podían sonar estrambóticas, pero que, a la hora de la verdad, funcionaban de forma más que notable. Tal es el caso de 18 Wheeler, un juego de 2000 en el que debíamos conducir un camión por diversas rutas de Estados Unidos y llevar su carga hasta un punto de destino. Al abundante tráfico que había que esquivar, añadid el hecho de que hubiera un rival haciéndonos la puñeta o la presencia de furgonetas contra las que podíamos estamparnos para obtener tiempo adicional. Había varias versiones del mueble, una de las cuales era enorme, pues no sólo simulaba la cabina de un camión, sino también el descomunal tamaño del volante. No es el mejor juego de AM2, desde luego, pero seguramente sí es el más peculiar.

Crazy Taxi

Para acabar con este homenaje, es justo y necesario homenajear al arcade de velocidad más irreverente de Sega, que data de 1999. En él, podíamos encarnar a cuatro taxistas diferentes (Axel, BD Joe, Gina y Gus) en una ciudad que se inspiraba mucho en San Francisco, algo observable en las empinadas cuestas por las que ‘saltábamos’ en la zona inicial. Los clientes podían ser ‘de tres colores’, lo que indicaba la duración del trayecto y, consecuentemente, la cantidad de tiempo que sumaban a nuestro cronómetro (aquí, el sistema de checkpoints variaba un poco, por la idiosincrasia del título). Entre los destinos a los que pedían ir los transeúntes estaban establecimientos reales de marcas como Fila o Kentucky Fried Chicken. Pese a su aparente sencillez jugable, Crazy Taxi contaba con algunos truquillos que costaba dominar, como el hecho de que, para ganar mayor velocidad, hubiera que dar ‘zapatillazos’ al acelerador. A día de hoy, aún se recuerda la mítica banda sonora, firmada por Bad Religion y Offspring, así que, mientras esperamos a Project CARS, F1 2015 y MotoGP 15, nada mejor que recordar este tema:

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