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La opinión de
José Luis Sanz

Segundas partes siempre fueron...

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No sé por qué, pero a mi en las navidades me da por echar la mirada atrás. Siempre suelo tener un ZX Spectrum que llevarme a la boca para cargar algunos de los juegos clásicos por los que mataba en mis tiempos mozos. Sé que ha llovido mucho y que desde aquellos 80 han existido otras muchas plataformas y juegazos que merecen salir del armario de vez en cuando. Pero uno es como es y esos finales de los 80 y principios de los 90 me marcaron.

Como iba diciendo, no tenía en esta ocasión un ZX Spectrum que llevarme a la boca y tiré de iPad. Con él puedo jugar en cualquier sitio (el sillón), en cualquier posición (tirado en el sillón) y, lo más importante, me permite parar la partida (para levantarme del sillón), apagar el dispositivo y volver a jugar (al sillón) sin perder tiempo. ¿Y a qué juego iba a entregarme por Navidad? ¿A uno de los nuevos? Pues no. Mi indicador de nostalgia estaba a reventar y necesitaba desfogarme como fuera...

Así que caí en las garras de Guybrush Threepwood y su portentoso The Secret of Monkey Island 2 LeChuck's Revenge Special Edition (esperad que cojo aire, un momento, ¡¡uff!!)... que así se llamaba cuando todavía los juegos de PC podían contar los colores de pantalla con los dedos de 52 manos.

No quiero parecer un carca o un carroza, o las dos cosas a la vez, pero está claro que en lo nuestro no pesan los años, pesan los juegos y las consolas. Uno ve pasar títulos y títulos, compañías y plataformas, uno ve las intros que hacen, escucha los diálogos que se les ha ocurrido a los guionistas de turno y, salvo contadísimas excepciones, uno piensa... "¿estos tíos no han visto los juegos de LucasArts? ¿No saben cómo deben hacerse unos diálogos tronchantes? ¿No hay talento en el mundo de los videojuegos como para crear personajes sólidos aunque estén metidos en un manicomio de juego como el Monkey 2?".

Reconozco que me lo he pasado en grande, me he reído como hacía mucho tiempo que no lo hacía con un videojuego. He disfrutado con la historia, con los descerebrados puzzles y con unos personajes memorables. Y mira que cuando me reía como un loco hace 20 años pensaba que era una cuestión de flojera mental mía, de que me reía con cualquier cosa. Pero no hay nada mejor que 20 años para llegar a la conclusión de que el genio y el talento no se compran. O se tiene o no se tiene, por muchos billetes que adornen nuestra cartera...

Y estos tíos de LucarArts, cuando Ron Gilbert & Cía. alumbraban sus aventuras gráficas en los 90, son unos genios de esos que pasarán a la posteridad por muchos años que veamos. Por cierto, ¡¡ni me acordaba del final de este juego con LeChuck y Guybrush paseando junto a sus... en el... mientras les echan una...!! ¿Lo recordáis?

P.D.: ¡¡Ah!!, y termino la frase del título de esta entrada: "Segundas partes siempre fueron... después de la primera parte".

¡¡Feliz año nuevo a todos!!

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