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La opinión de
Sonia Herranz

Star Wars, Tetris y el momento perfecto

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Hace unos días, el 4 de mayo, mis compañeros de la web nos pidieron que contáramos cual era para nosotros el mejor y el peor momento de Star Wars, para celebrar su día “oficioso”. No sé si es que estaba empanada o qué, pero yo entendí cuál fue “nuestro” mejor/peor momento con la saga. Así que yo no describí ninguna escena, ningún diálogo, ningún actor… Yo hablé de sensaciones. Y mi peor momento con Star Wars fue darme cuenta de que las películas eran… ingenuas (por no decir algo peor).

Eran película que me impactaron, a mí y a su legión de seguidores, en su momento y en su lugar. Películas que se convirtieron en fenómenos no sólo por su posible calidad intrínseca sino también por las condiciones que las rodeaban, sociales y culturales. Que tuvieron su momento perfecto. Vistas con perspectiva y sacudiéndote de encima todo tipo de sentimentalismos, son películas previsibles, simples, básicas. Películas para niños. No sé porqué razón cuando las vi esta Navidad del tirón (como he hecho tantas veces) se me cayó la venda de los ojos. Quizá es porque esa venda se va justo cuando llega la vista cansada, que a partir de cierta edad es impepinable. Quizá sea que simplemente ese maratón me pilló fría, sin calentar. O quizá es que cada cosa tiene su tiempo, aunque no nos queramos dar cuenta de ello y nos dejemos llevar por la magia de color rosa que se escurre de las grietas del baúl de los recuerdos, hu, hu, hu…

Cuando hace unos meses publiqué un post hablando del futuro Tetris para next-gen, hubo quien no me entendió y se pensó que atacaba al pobre Tetris. El Tetris es para mí  comprable al fenómeno Star Wars. Un mito que tengo grabado en donde sea que se te graben los mitos. Y probablemente sea la causa de mi pasión (a veces obsesiva) con los juegos de puzzles, igual que Star Wars me convirtió en fan número 1 de la ciencia ficción, en forma de películas, series, novelas y de lo que se tercie. Pero Tetris, igual que Star Wars, tuvo su momento y su lugar y hay que reconocer sus defectos del mismo modo que ensalzamos sus virtudes (muchas veces más allá incluso de lo que verdaderamente son).

Las que se convierten en “obras maestras” hay que valorarlas en su momento y lugar, porque fuera de contexto probablemente pasarían desapercibidas, barridas por lo que se vive en el ahora. ¿Cuántos habéis leído el Quijote? Pues hay que leerlo, aunque sólo sea una vez en la vida; y yo me emociono siempre que leo Platero y yo. Pero son dos obras que nunca recomendaría a alguien que me pregunte que qué se lleva para leer en vacaciones. Son obras maestras que hay que leer siendo conscientes de lo que son. Las Meninas es un cuadro que siempre me impresiona, pero que no colgaría en una pared de mi casa, entre otras cosas, porque no tengo una pared tan grande como para colgarlo y el tamaño y el espacio donde lo admiras forma parte de su grandeza, imposible de captar en una reproducción tamaño póster. Son obras que tienen su momento y su lugar, su sentido en su espacio, temporal y físico. Y eso dejando claro que en el caso de Cervantes, Juan Ramón Jiménez, Velázquez y sus trabajos, estamos hablando de verdaderas obras maestras y no de fenómenos sociales (y de márketing) magnificados por los altavoces del frikismo. Obras maestras que lo son, aún mirando con los ojos críticos de la vista cansada, porque tienen calidad objetiva más allá de sus circunstancia.

 

Ya no juego al Tetris, aunque tuve un momento en mi vida en el que cerraba los ojos y veía piezas caer. Y cuando he echado una partidita alguna versión moderna (que no falta en ninguna tienda digital, aunque se retiró de PSN) me ha durado la diversión en lo que se regodeaba mi nostalgia. Después… pues eso, a otra cosa. No es que sea yo precisamente “moderna”, pero tampoco le veo la gracia a vivir en el pasado.

Y no nos olvidemos de que en ese contexto también está la persona que disfruta de una obra. Y esa persona tiene también su propio contexto. Yo soy yo y mis circunstancias. Yo no soy hoy la misma persona que asistió embobada al ataque a Estrella de la Muerte. No soy la misma que se quedó estupefacta cuando salieron los títulos crédito y Han Solo seguía congelado en carbonita. No soy la misma. Ahora, mi momento preferido de las pelis es una conversación entre R2 y 3PO:“¿Tiutuitipi? No, creo que no le caes nada bien. ¿Tui? Peor, a mí me caes aún peor.

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