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Análisis de Ni no Kuni: La ira de la Bruja Blanca
Rudyard

Ecos de un mundo mejor

Hay juegos que llegan sin gran ruido mediático, sin atronar los ojos y los oídos de los jugadores durante años o meses de tráilers, “hype” artificioso o estrategias baratas de márketing que valgan. Hay juegos que tardan años en desarrollarse, años en los cuales sus programadores pueden poner todo el empeño para hacer un producto de calidad sin reservas, sin matices, sin grandes objeciones que hacer al resultado final.

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Ahora bien, ni siquiera esos juegos pueden presumir, como sí ocurre con Ni no Kuni: la ira de la Bruja Blanca, de contar con el apoyo del célebre Studio Ghibli para la creación y desarrollo de personajes, escenarios y animaciones. Que el equipo de joyas como Mi vecino Totoro o El viaje de Chihiro tenga la gentileza de crear todo un universo plagado de criaturas fabulosas, paisajes de ensueño y encima ponga a tu disposición al genio de la batuta detrás de todas sus grandes películas, Joe Hisaishi, es un auténtico lujo. Y no podemos olvidar que el estudio que se encarga de las mecánicas del juego es ni más ni menos que Level-5, creadores de las últimas entregas de Dragon Quest o El Profesor Layton, por lo que a nadie debería extrañarle que el resultado final del juego esté a la altura de las obras maestras de la generación.

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Ni no Kuni cuenta la historia de Oliver, un niño que es transportado a un mundo mágico paralelo al real, donde cada persona tiene su equivalente fantástico. Acompañado por un grupo de intrépidos aventureros, deberá recorrer hasta el último rincón de ambas realidades para derrotar al malvado brujo Shadar y a la reina que gobierna con mano de hierro por encima de todos, la temible Bruja Blanca. Es una trama sencilla pero efectiva, que combina en sus secuencias animación tradicional y digital con un espléndido uso del cell shading, la técnica más apropiada para convertir un videojuego en una película interactiva de dibujos animados.

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El juego posee un mapa central por el que podemos desplazarnos por tierra, mar y aire (qué grande, el dragón Tengri), donde encontraremos decenas de ciudades y una enorme variedad de escenarios. Evidentemente, todos y cada uno de los parajes están abarrotados de enemigos que irán a por nosotros si nuestro nivel de combate es bajo o huirán como posesos cuando alcancemos niveles importantes de poder. Y ahí, en esos combates, es donde reside la esencia de un juego jrpg de los de toda la vida, que combina sabiamente elementos de Dragon Quest, la saga Tales of e incluso de Pokémon con una habilidad asombrosa.

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A la hora de combatir, podemos optar por hacerlo con los personajes humanos, empleando sus magias particulares o recursos propios del personaje. Sin embargo, lo mejor es contar con la ayuda de los únimos, una especie de criaturas que residen en nuestro corazón y que salen a combatir por nosotros. Los únimos, cuya lista podemos engrosar con enemigos a los que “reclutamos” tras vencerlos de forma ejemplar, pueden mejorar, y mucho, durante el juego, aumentando sus poderes y equipándose con armas, escudos o anillos mágicos que refuercen sus características, y que podremos adquirir en las diferentes ciudades que vayamos visitando a lo largo del juego. Aunque al principio resulta abrumadora la cantidad de acciones que se pueden realizar (los duelos son en tiempo real, lo que acelera el ritmo estratégico del combate), lo cierto es que al cabo de un par de horas la fluidez de los mismos nos ha enganchado sin remedio: aumentar a nuestros personajes y únimos llegará a convertirse en una auténtica obsesión, que será además necesaria para enfrentarse a los diferentes jefes finales, a cual más espectacular y mejor.

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Por otro lado, el juego permite decenas de misiones secundarias con carácter abierto, opcional y muy interesante para adquirir mejoras para el juego. Hay de diferentes tipos, que nos llevarán desde hablar con personajes que necesitan algo o que han perdido una serie de emociones, que debemos recolectar de otros a quienes les sobren (como ambición, coraje, autoestima, etc.), hasta cacerías de monstruos que andan sueltos por ahí y que ponen en peligro el mundo. Cumplir estos recados irá rellenando unos cupones que podremos canjear por una serie de mejoras de cara a los combates, y permiten respirar un poco de la historia principal. Esta trama cuenta con un desarrollo tradicional de visita de lugares, restablecimiento del orden perdido y suma de nuevos aliados a la misión de cara al enfrentamiento final, con el viaje del héroe como motivo central en torno al que gira el resto de tramas secundarias.

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Uno de los aspectos más llamativos del juego es su fantástico doblaje, la genial interpretación de sus actores (ojo a Mr. Drippy, la auténtica estrella del juego), y una más que correcta traducción al castellano de todos los textos. Esto ayuda, y mucho, a meterse en una historia más profunda y compleja de lo que parece, como muestra la posibilidad de consultar una enciclopedia que va recogiendo toda la información del juego o un libro, el vademécum del mago, donde están incluidos nuestros hechizos, fórmulas de alquimia, enemigos e incluso relatos cortos y cuentos que se van sumando a nuestro particular bagaje (este libro podía adquirirse también en formato físico con la edición especial, y es una maravilla, aunque en perfecto inglés, por desgracia). Es asombroso, en cualquier caso, el nivel de detalle y mimo con que está hecho este juego en todos sus aspectos.

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Sin embargo, lo que destaca por encima de todo es el diseño de personajes, criaturas y paisajes. Todo en Ni no Kuni es un festín audiovisual que da gusto visitar y revisitar solo por el placer de disfrutar de su calidad, que a veces nos hace olvidar que estamos jugando a un simple juego. Y a ello se suma una banda sonora sencillamente magistral, a la que solo se le puede achacar que repita más de lo deseable ciertos temas, como en los combates. El tema central de Villa Cascabel o Al-Mugid, la melodía del piano o el fantástico tema vocal de los títulos de crédito son verdaderas maravillas, de lo mejor que ha dado esta generación, y a todo ello le pone la guinda la excelente orquestación a cargo de la filarmónica de Tokio.

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En total, el juego garantiza unas 40 horas para terminar la historia principal, a lo que hay que añadir entre 5 y 10 más para terminar las misiones secundarias (una vez terminado, el juego nos permite salvar y nos devuelve al momento anterior al enfrentamiento final para poder completar el 100% del juego). En nuestro caso, completar el juego fue una auténtica pena, porque Ni no Kuni es de esos juegos que uno no querría terminar nunca. La historia es divertida, entrañable y hecha con un gran sentido del ritmo, aunque quizá la clara división en dos partes, una para cada mago malvado, haga que el episodio final resulte ligeramente anticlimático. Sin embargo, la satisfacción al completar el juego es enorme, como sucede siempre que se termina un gran juego.

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En estos tiempos en que tanto se critica la producción oriental de videojuegos, con franquicias en evidente declive como Final Fantasy o Resident Evil, resulta mucho más que gratificante comprobar que aún quedan sorpresas por conocer. Ni no Kuni no es, desde luego, el mejor jrpg de la historia, y puede que su ambientación infantil eche para atrás a muchos jugadores. No obstante, para nosotros es uno de los mejores juegos de la generación, y desde luego uno de los mejores juegos de rol de corte clásico en décadas. Personajes carismáticos, ambientación de ensueño y un desarrollo tan divertido como efectivo hacen de este juego una maravilla (y exclusiva, además) que ningún poseedor de PS3 debería perderse.

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Valoración final:

 Gráficos (93): Aunque el cell shadding tiene sus detractores por el efecto plano de sus gráficos, lo cierto es que a Ni no Kuni esta técnica le sienta de maravilla. El juego mueve escenarios razonablemente grandes con soltura, aunque es cierto que en las partes de vuelo con el dragón se aprecia un ligero popping en la distancia última de dibujado. Al margen de eso, los efectos de agua, luz, fuego o aire son soberbios, y por encima de todo sobresale una recreación física de ciudades variadas, coloristas y plagadas de detalles y personajes con encanto. Es un juego que enamora a primera vista y no hace sino acrecentar el asombro en el jugador conforme avanza. La belleza de sus paisajes es colosal.

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Sonido (94): Los efectos de sonido cumplen de manera efectiva, sin grandes alardes. Destaca el trabajo actoral de todos sus intérpretes con mención especial a Oliver y Drippy, los principales protagonistas, así como una banda sonora de ensueño, que ayuda a sumergirse al jugador plenamente en la aventura, la acción, el misterio o la emoción, según corresponda. El trabajo de Hisaishi es sencillamente magistral.

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Jugabilidad (94): Las mecánicas del juego son sencillas de aprender, aunque al principio tanto menú, tanta información y tantas posibilidades puedan llegar a abrumar al menos experto en estas lides. Sin embargo, es todo un acierto que se vaya dando este alud de datos de forma progresiva, conforme se avanza en el juego. Por lo demás, el sistema de combate es intuitivo y puede llegar a crear auténtica adicción, a lo que se suma un control de los personajes preciso y una cámara que responde perfectamente a las indicaciones del jugador. Y que nadie se deje engañar por la ambientación: a pesar de su aspecto infantil, este juego es duro de roer y no perdona un solo fallo, por lo que la pantalla de Game Over os va a aparecer más de una y más de dos veces. Avisados quedáis.

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Duración (96): El punto más fuerte del juego, ya que asegura por lo menos 50 horas de auténtica diversión. Nada de tutoriales farragosos, nada de tener que esperar 15 horas para que el asunto arranque como ocurre en otras supuestas glorias del género: Ni no Kuni presenta a los personajes y se mete de lleno en la acción. La historia principal es fascinante, y aunque Las misiones secundarias pueden hacerse algo repetitivas (ay, ese señor con su dichoso diario), las recompensas compensan sobradamente el esfuerzo. No podrás soltar el mando hasta completarlo.

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Resultado (94): Estamos ante una de las joyas indiscutibles del catálogo de PS3, un título exclusivo que contiene un nivel de calidad excepcional y unos valores de producción soberbios. Posiblemente se trate del mejor jrpg de todo el catálogo de la consola, y tanto si eres un fan de las obras del Studio Ghibli como si no, este juego tiene tantas virtudes para cautivar por sí solo que ni siquiera necesita prestigios externos. Con el tiempo, será recordado como uno de los títulos más queridos, apreciados y valorados del sistema.

94

Excelente

Lo mejor

Lo peor

Análisis de HobbyConsolas

    Análisis de Ni No Kuni: La ira de la Bruja Blanca

    La historia de Oliver funciona casi como una pieza musical.  Los primeros compases son movimientos suaves y ascendentes; un argumento con la “firma” del Studio Ghibli (en que se dan cita elementos muy personales, como la pérdida de un ser querido o la existencia de otro mundo dentro de éste) y un estilo visual detallado, que respeta las normas del mejor anime, nos abren la puerta a un juego de rol largo y muy profundo.   La batuta se agita entre momentos de exploración –con un mapa gigantesco, ciudades llenas de vida y mazmorras- y combates, que se desarrollan con un sistema híbrido entre turnos y tiempo real (nosotros ejecutamos los

    Hobby

    92

    Excelente

    Lo mejor

    El diseño artístico y musical, a la altura de las mejores películas de Ghibli.

    Lo peor

    El ritmo es un poco lento, y no arranca hasta que llevamos 6 ó 7 horas de juego. No está doblado.

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