El 'drifting' en el mundo de los videojuegos

Adelantamientos, volantazos, goma quemada, olor a gasolina, motores atronadores, velocidades de vértigo… No cabe duda de que el automovilismo es una de las disciplinas deportivas más espectaculares del mundo. En España, el gusto en las últimas décadas se ha limitado a la Fórmula 1, el Mundial de Rallies o el Dakar, gracias a la presencia de dos ídolos mediáticos como Fernando Alonso y Carlos Sainz, pero hay vida más allá del ‘Gran Circo’ o el WRC, y lo mejor es que es incluso más adrenalínica que ésa.

¿Habéis oído hablar del drifting? Se trata de una técnica de conducción consistente en hacer derrapar el vehículo a su paso por curva, dejando deslizar las ruedas traseras hacia el exterior del viraje, de manera continuada. Al hacer eso, el coche, en lugar de seguir una trazada recta sobre la línea lógica de carrera, avanza cruzado por el asfalto, con una trayectoria casi horizontal y tendente al trompo. Igual que el patinaje sobre hielo, esta arte automovilística es lo más plástico que se puede ver sobre un circuito. No es sólo derrapar: la coreografía también suele incluir humaredas, el chirriante sonido de los neumáticos en acto de protesta contra el achicharramiento y, en algunos casos, tras una excesiva acumulación de derrapadas, el deshilachado de la propia rueda.

Por cierto, no hay que confundir la técnica con el ‘drafting’, que es el vocablo inglés para designar los rebufos que se suelen aprovechar en las carreras, a la hora de acometer adelantamientos.

Drifting, pasión a la japonesa

El drifting tiene su cuna en Japón, donde hay auténtico furor a su alrededor. Lo empezó a popularizar Kunimitsu Takahashi en los años 70, en competiciones de coches del país del Sol Naciente, tras dejar atrás su etapa como piloto de motociclismo. Más tarde, en los 80, Keiichi Tsuchiya, fijándose en Takahashi, llevó ese estilo de conducción a su máxima expresión, en carreras callejeras y en serpenteantes carreteras de montaña (conocidas como ‘Touge’ por aquellos lares).

Es famoso su vídeo ‘Pluspy’, de 1987, en el que, a bordo de un Toyota AE86 Sprinter Trueno, desciende a derrape limpio por un ‘tobogán’ plagado de horquillas, chicanes y curvas cerradas. Amén de inventar ese desafiante estilo de pilotaje, como mayor logro deportivo de Tsuchiya, cabe destacar su segundo puesto en Las 24 Horas de Le Mans de 1999, en las que compartió el asiento de un Toyota GT-One con Ukyo Katayama y Toshio Suzuki.

Existen competiciones de drifting, por supuesto, y, en ellas, la prioridad no es cruzar una bandera de cuadros en primer lugar, sino obtener la mayor puntuación posible a base de ‘driftear’. Así, una serie de jueces se encargan de puntuar a cada piloto, con ayuda de un aparato instalado en cada vehículo, en base a parámetros como la velocidad de paso por curva, el ángulo de derrape, el humo de las ruedas o el sonido. Es el caso de la D1 Grand Prix, una competición que se celebra en Japón.

Ken Block, la ‘fiesta’ sobre cuatro ruedas

Si el nombre de Tsuchiya o el de la D1 Grand Prix no os dicen nada, seguro que sí os suena el de Ken Block, la gran estrella del drifting actual, que ha participado en certámenes como los X-Games o el Mundial de Rallies. Cofundador de la marca DC Shoes, este piloto californiano es un artista de los derrapes, como ha dejado patente en sus famosas ‘gymkanas’.

En dichos eventos, que empezó acometiendo con un Subaru Impreza, para luego cambiarse al asiento de un Ford Fiesta, se le puede ver llevando a cabo cualquier truco imaginable a base de derrapes: eslalon entre columnas, ‘donuts’ alrededor de una moto de cross en movimiento, reventar globos de agua, cargarse fluorescentes alineados en el suelo, trompear bajo un tráiler en llamas o haciendo ‘aquaplanning’, cargarse una pared de ladrillo, despegar en los cambios de rasante de las cuestas de San Francisco, pinchar las ruedas traseras y dejarlas en las llantas… Cualquier cosa que se os ocurra, se puede ver en las ‘gymkanas’ de drifting de Ken Block. De momento, hay cinco y se pueden contemplar todas en Youtube.

Una vez hecha la presentación del drifting, os recopilamos una serie de videojuegos en los que aparece representado este apasionante estilo de conducción. Hemos tratado de establecer varias tipologías para agruparlos con mayor claridad. ¡A derrapar se ha dicho!

Simulación, la adrenalina más realista

Dentro del género de la velocidad, los juegos más detallados, pulcros y realistas son los que se suelen denominar “simuladores”. Son títulos exigentes, en los que prima el comportamiento verídico de los vehículos sobre la pista, con aceleraciones, frenadas y una conducción “rígidas”, que equivalen casi a tener los pedales en los pies y el volante en las manos. El drifting no suele ser un apartado destacado en este género, pero es en él, precisamente, donde se pueden lograr las traslaciones virtuales más realistas.

D1 Grand Prix (2006, PS2)

La D1 Grand Prix, la competición de drifting preferida de los japoneses, ha contado con juegos inspirados en sus batallas de derrapes. Este juego, de 2006, incluía la licencia de pilotos, coches, circuitos y reglas.

Había carreras de día y de noche, así como con condiciones climatológicas de lluvia. Por supuesto, para ganar, había que ganarse el respeto de los jueces con los mejores trucos automovilísticos de los que fuéramos capaces.

Gran Turismo 5 (2010, PS3)

La saga de Poliphony Digital, apodada como ‘The Real Driving Simulator’, es considerada, por muchos, como la más fidedigna a la hora de plasmar la conducción de un vehículo. Desde que se estrenara en PlayStation, se ha convertido en un mito, hasta el punto de convertir a algunos de sus jugadores en pilotos reales, gracias a la GT Academy.

El juego del gurú Kazunori Yamauchi no premia especialmente el drifting en sus carreras, pero es tan real que permite hacer virguerías con cualquier coche. En sus entregas, siempre es habitual la presencia del Toyota AE86 Sprinter Trueno entre las primeras adquisiciones del garaje, como guiño a Keiichi Tsuchiya y su famoso vídeo ‘Pluspy’.

Forza Motorsport 4 (2011, Xbox 360)

El simulador de Turn 10 Studios ha logrado mirarle de tú a tú a Gran Turismo, desde que debutara en la primera Xbox. Igual que el juego de Sony, no premia especialmente la conducción a golpe de derrapes, pero su fidelidad permite darse el gustazo, si se desea.

En Forza Motorsport 3 y Forza Motorsport 4, una de las pistas disponibles era Fujimi Kaido, inspirada en las carreteras de montaña de Japón (‘Touge’) y repleta de horquillas y ‘paellas’ en las que emular a Keiichi Tsuchiya en sus años mozos. Si jugábamos en conducción libre, podíamos dar rienda suelta al multiplicador de puntos.

Rallies y carreras ‘off-road’, caminos propicios

Los rallies son una disciplina de motor espectacular, ya se disputen en asfalto, tierra o nieve. El estilo de conducción de los pilotos recuerda sobremanera al drifting, especialmente en las pruebas de gravilla, donde los coches tienden a tomar las curvas cruzados, levantando grandes polvaredas. Además, en el Mundial de Rallies ha llegado a tomar parte Ken Block, el gran icono occidental de este tipo de conducción.

Dirt 3 (2011, PS3-Xbox 360-PC)

El juego de carreras 'off road' más famoso apostó por incluir, en sus dos últimas entregas (Dirt 3 y Dirt Showdown), adaptaciones de las conocidas ‘gymkanas’ de Ken Block. De hecho, el piloto estadounidense era quien nos retaba a batir sus puntuaciones, a bordo de su Ford Fiesta.

En las ‘gymkanas’ propiamente dichas, había que acometer saltos, tirar barreras de espuma a base de derrapes, hacer ‘donuts’ alrededor de postes o trompear sobre nosotros mismos. En el modo de conducción libre, que nos trasladaba a la Battersea Power Station de Londres o el puerto de Yokohama, había que hacer eslalon entre farolas, trompear alrededor de una excavadora, derrapar entre las puertas de un almacén o entre tuberías, pasar a toda velocidad por dentro de contenedores de barco…

Sega Rally 2 (1998, Recreativas-Dreamcast)

Sega Rally fue, sin duda, una de las recreativas más exitosas de la compañía del erizo azul. Subiéndonos a bordo de coches de rallies de los 90 como el Toyota Corolla, el Subaru Impreza o el Mitsubishi Lancer, había que disputar tramos contrarreloj, en los que era necesario atravesar checkpoints para que el cronómetro no llegara a cero y no  se acabara la partida.

El control se caracterizaba por el hecho de que, a la hora de tomar las curvas, los frenazos eran muy poco prácticos: era mejor dejar que el coche se deslizara de manera continuada, algo muy habitual en las disciplinas ‘off road’.

Carreras urbanas al límite de la legalidad

Dentro de los arcades de conducción, una de las variantes estrella son las carreras urbanas. La mayoría de juegos de este tipo abarcan competiciones ilegales en las que hay que ganarse el pan sin miramientos normativos. Óxido nitroso, derrapes al filo de las aceras o choques temerarios son imprescindibles para alzarse con el codiciado laurel del triunfo.

Juiced 2: Hot Import Nights (2007, PS3-360-PC-PS2-DS)

Las carreras urbanas de este título de THQ se sostenían, en buena medida, sobre la posibilidad de afrontar las curvas a base de derrapes, así como sobre la personalización de los vehículos. Había pruebas específicas de drifting, en las que acumular puntos de estilo a base de deslizamientos.

Tokyo Xtrem Racer DRIFT 2 (2007, PS2)

Las carreras urbanas eran la esencia de este arcade de velocidad, con más de cien coches, pero también había competiciones ‘off-road’ y en carreteras de montaña que homenajeaban al lugar donde Keiichi Tsuchiya dio a luz a su retoño más querido.

The Fast and the Furious: Tokyo Drift (2006, PS2)

Inspirado en la película A todo gas: Tokyo Race (llamada The Fast and the Furious: Tokyo Drift, en su versión original), las carreras urbanas eran la razón de ser de este juego, en el que el tuning y el óxido nitroso estaban a la orden del día.

Las mecánicas de derrape contaban con diversas ayudas que se podían activar o desactivar para que la experiencia se ajustara tanto a pilotos veteranos como noveles.

Circuito o carretera, a lo arcade le da igual

La conducción arcade ofrece posibilidades sin límite en el mundo de los videojuegos, con vehículos fáciles de conducir, en busca de la mayor velocidad y el mayor espectáculo posibles. En este caso, la acotamos, fundamentalmente, a carreras en circuitos urbanos o en carreteras convencionales. Cualquier sitio es aprovechable para tirar un poco del freno de mano y dejar que el eje trasero del coche se vaya adonde quiera que le salga de los cilindros.

Project Gotham Racing 4 (2007, Xbox 360)

La saga de Xbox Project Gotham Racing, que empezó siendo conocida como Metrópolis Street Racer (con la entrega que apareció en Dreamcast), se ha caracterizado siempre por la presencia de unos puntos de habilidad llamados ‘Kudos’. La mejor forma de llenar ese indicador era conduciendo con técnicas de drifting, priorizando los derrapes a las frenadas clásicas a la hora de trazar las curvas. Había incluso un modo de juego llamado “Tiempo vs Kudos”, en el que se podía ir derrapando por todo el ancho de la calzada, para que el crónometro no aumentara ni una sola décima, algo muy fácil de conseguir, ya que los derrapes eran sencillísimos de ejecutar.

La última entrega aparecida hasta la fecha de esta saga de carreras urbanas, Project Gotham Racing 4, nos trasladaba a lugares emblemáticos como Nueva York, Londres, Las Vegas, Tokio, San Petersburgo, Shangái, Macao, Quebec o el circuito de Nurburgring. Se incluían efectos climáticos de lluvia y nieve, así como motocicletas. Todo era poco para ambientar su espectacular estilo y dejar vía libre a sus ‘Kudos’.

Race Driver: GRID (2008, PS3-Xbox 360-PC)

 Este título de Codemasters fue de los primeros en explotar uno de los motores gráficos estrella de la presente generación en el género de la velocidad: el EGO Engine. El sistema de daños era uno de sus puntos fuertes y también fue de los primeros en introducir la característica del ‘flashback’, para poder rebobinar las carreras si se cometía algún error.

Contaba con eventos específicos de drifting, en los que existía un multiplicador para sumar puntos a base de derrapes, algo que luego heredarían, en cierto modo, las ‘gymkanas’ de Dirt 3, también de Codemasters.

Need for Speed: Hot Pursuit (2010, PS3-Xbox 360-PC-Wii)

Need for Speed es otro de los arcades de velocidad en los que el derrape es una forma de vida, ya sea en carreteras abiertas o en carreras urbanas ilegales. Una de las entregas más aclamadas de su historia ha sido Hot Pursuit, desarrollada por Criterion Games, responsables de la saga Burnout, en la que podíamos controlar a la policía o a corredores ilegales, con armas como helicópteros, barricadas, bandas de pinchos, impulsos electromagnéticos o turbos.

Las carreras se disputaban en Seacrest County, un paraje idílico, con zonas de playa, montañas o bosques repletos de larguísimas carreteras en las que hacer derrapar los deportivos más exclusivos del planeta, de fabricantes como Lamborghini, Bugatti, Aston Martin o Koenigsegg.

Touge Max G (2000, PlayStation)

Ambientada en las carreteras de montaña japonesas, esta saga de Atlus priorizaba el drifting en sus carreras, con un medidor de derrapes. Hubo entregas para Sega Saturn, PlayStation y PlayStation 2, como Touge King: The Spirits o Touge: Max.

No era ningún prodigio técnico, pero fue una de las franquicias pioneras en explotar al máximo el drifting en su jugabilidad.

Destrucción deslizante

Otra vertiente de la conducción arcade es la de los juegos en que parte del entorno se destruye en tiempo real. Además de acelerar al máximo y derrapar para cargar el turbo, hay que saber aprovecharse de la destrucción y los caminos alternativos para llegar antes que nadie a la bandera a cuadros.

Ridge Racer Unbounded (2012, PS3-Xbox 360-PC)

La sempiterna saga Ridge Racer, como buen arcade, siempre ha favorecido la conducción a golpe de volantazos y derrapes en todas sus entregas. El culmen llegó con su última entrega, Ridge Racer Unbounded, en la que la destrucción del entorno y de los vehículos rivales era esencial para vencer.

Se incluía un modo llamado Drift Attack, en el que el objetivo era encadenar derrapes para sumar la mayor puntuación posible y, a la vez, obtener tiempo adicional para evitar que el cronómetro llegara a cero.

Split/Second: Velocity (2010, PS3-Xbox 360-PC-PSP)

Como parte de un programa televisivo, las carreras de Split/Second: Velocity combinaban velocidad y destrucción a partes iguales. Podíamos activar explosivos que hacían derrumbarse diversas estructuras, lo cual podía dar lugar a nuevas rutas o destrozar a los rivales que cogiera por banda.

El típico interfaz que marcaba la posición de carrera o el número de vueltas disputadas estaba colocado en el parachoques trasero del coche, que, a su vez, también indicaba la acumulación de puntos de drift.

Batallas de triquiñuelas

El desenfado y las risas también tienen cabida en el género de la velocidad. Ser el mejor manejando un volante y un par de pedales está bien, pero, si se le añaden algunos artilugios para ganar velocidad o descalabrar a los rivales, así como opciones de drifting, la diversión puede elevarse a la enésima potencia.

Mario Kart 7 (2011, 3DS)

Si hay una saga alternativa de Mario que haya triunfado sobre todas las demás, ésa es, sin ninguna duda, Mario Kart, que suele hacer una visita a cada consola de Nintendo, desde su debut en los 16 bits (ha habido entregas para Super Nintendo, Nintendo 64, Gameboy Advance, Gamecube, DS, Wii y 3DS). En estas carreras, no sólo hay que pisar el acelerador para llegar el primero a meta: también hay que lanzar cáscaras de plátano para que los rivales resbalen, caparazones para romperles el colodrillo, bañarlos en tinta de calamar, freírlos con un rayo…

El drifting es una técnica primordial para Mario, Luigi, Yoshi, Bowser y compañía, pues se precisa hacer derrapes para poder cargar miniturbos. Para ejecutar la técnica, hay que hacer saltar el kart hacia un lado y dejar que los chispazos prendan la llama de la velocidad.

ModNation Racers (2010, PS3-PSP)

Siguiendo el rebufo de Mario Kart, Sony apostó también por las carreras de karts alocadas, en su caso añadiendo un editor de circuitos y personajes, que permitía compartir las creaciones con toda la comunidad online. Igual que en la saga de Nintendo, para llevarse la victoria, en ModNation Racers también había que ser un maestro de las fullerías y el lanzamiento de objetos.

El control se apoyaba enormemente en las derrapadas, pues el hecho de cruzarse en las curvas ayudaba a llenar una barra de turbo. En noviembre, llegará Little Big Planet Karting, que será muy similar.

Derrapando hasta en salas recreativas

En España, hubo tiempos mejores para el ámbito de las recreativas, con niños que quedaban por las tardes para ir a gastarse la paga (en pesetas), pero siguen existiendo, y su recuerdo no se puede borrar. El género de la velocidad no era ajeno al furor por esos trastos, en los que Sega siempre ha tenido mucho que decir, con numerosos títulos de conducción donde dar rienda suelta al bailarín supersónico que todos llevamos dentro. En Japón, siguen siendo una religión.

Initial D: Arcade Stage 6 AA (2011, Recreativas)

Initial D: Arcade Stage es una franquicia de Sega para máquinas recreativas que provoca el éxtasis en los jugadores japoneses. Se basa en un manga, trasladado también a versión anime, cuya historia gira alrededor de las carreras ilegales que se organizan en las carreteras de Japón. Por supuesto, el estilo gráfico conserva buena parte de esa inspiración de cómic.

Existen numerosas entregas de la saga, que incluso ha contado con adaptaciones para consolas como Saturn, PSP o PlayStation 3. En ellas, la conducción arcade en carreteras de montaña y los modelos reales de coches, de marcas como Toyota o Nissan, son los grandes protagonistas. No faltan buenas dosis de drifting para convertirse en amos y señores del asfalto.

Crazy Taxi (1999, Recreativas, Dreamcast)

Fue otra de las genialidades que Sega se sacó de la chistera para recreativas, y que luego llegaría a Dreamcast. Conducíamos un taxi y debíamos recoger gente para llevarla al destino que nos pidiera, en una ciudad inspirada en San Francisco y a ritmo de una espectacular banda sonora, con temas de grupos como Bad Religion y Offspring (la canción All I Want era un pelotazo).

Para ganar tiempo y acortar camino, era importante hacer derrapes. Allí, no valía lo de dar rodeos al personal para cobrar más. En la adaptación para Dreamcast, se incluía un modo de eventos especiales, llamado ‘Crazy Box’, en el que había pruebas como encadenar un cierto número de ‘drifts’.

OutRun (1986, Recreativas)

Esta gloriosa recreativa de Sega nos ponía al volante de un Ferrari Testarossa, con una rubia como acompañante en el asiento del copiloto. Había que correr contrarreloj, de modo que, al final de cada fase, había un checkpoint que incrementaba el tiempo. Asimismo, al final de cada etapa, el camino se bifurcaba en dos, lo que hacía muy rejugable el título, para recorrer todos y cada uno de los diferentes tramos disponibles.

El drifting estaba muy presente en el juego, pues, al tomar las curvas a alta velocidad y mientras esquivábamos camiones y otros coches, el coche tendía a derrapar por sí solo y a sacar el humo y el sonido tan característicos de este estilo de conducción.

 

Por si no son suficientes todos esos juegos, y más que se quedan en el tintero, en el futuro inmediato llegarán varios títulos más en los que dar rienda suelta al drifting. Uno de ellos será Forza Horizon, un ‘spin off’ que, desde el 23 de octubre, nos conducirá a un festival de velocidad y música localizado en Colorado, en cuyas carreteras habrá algunas competiciones de derrapes. Otro estandarte será GRID 2, que saldrá en 2013 para PS3, Xbox 360 y PC. Sus carreras nos llevarán a París, Miami o Abu Dhabi, y la adrenalina de los derrapes promete superar con mucho a la de la primera entrega.

Si queréis conocer más detalles técnicos sobre este atractivo estilo de conducción, no os perdáis este especial que han publicado los chicos de Auto Bild, la web hermana de Hobby Consolas.