Reportaje

Quantum Break - contando el tiempo

Por David Martínez
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Antes del análisis de Quantum Break, os ofrecemos un estudio de su narrativa, centrada en la manipulación del tiempo, y con la participación de actores como Dominic Monaghan, Aidan Gillen o Lance Reddick en su propia serie de imagen real.    

Antes de abordar este estudio de Quantum Break, conviene aclarar ciertos puntos. El primero de ellos es que ya lo hemos jugado en Xbox One, pero no vamos a ofreceros nuestro análisis hasta dentro de unos días.

Tampoco vamos a hacer ningún spoiler sobre la historia (salvo los elementos que ya se conocen, como los protagonistas, la ciudad de Riverport, los viajes en el tiempo o la corporación Monarch). Y por supuesto, nada de hablar de su duración o aspectos técnicos. Se trata de diseccionar lo mejor y lo peor en el uso del tiempo como parte narrativa del juego de Remedy. ¿Y por qué?

Pues porque el lanzamiento de Quantum Break marca un punto de inflexión en la vida de Xbox One. Fue uno de los  anuncios más sonados en la presentación de la consola (con la secuencia del barco estrellándose contra el puente, que se ha conservado en el juego final) y su desarrollo no ha estado exento de polémica: el lanzamiento en PC, los retrasos o la ausencia de doblaje al castellano lo han sacado a la palestra en los últimos meses. Pese a todo, sigue siendo una piedra de toque para saber hasta dónde llegará la consola de Microsoft. Y uno de los motivos principales es el uso del tiempo (o mejor dicho, su manipulación) como eje central. 

Después de jugarlo, nos parece muy interesante detenernos en su narrativa. Ya de inicio era una de las apuestas más arriesgadas de Quantum Break: combinar una serie de imagen real (con actores de primera fila como Aidan Gillen, "Meñique" en Juego de Tronos, o Lance Reddick a quien vimos en The Wire) con la historia del juego. Y la verdad es que nuestra experiencia ha sido irregular. Ya advertimos que la serie ocupa 75 GB de descarga adicionales. 

 

 

Tenemos la opción de ver los capítulos de la serie al completo -entre actos- o simplemente quedarnos con un pequeño resumen y continuar jugando. En el primer caso, la experiencia se corta bastante. Después de jugar momentos de acción con Jack Joyce (el protagonista) el ritmo baja con zonas puramente narrativas, en las que podemos elegir el rumbo que tomará la historia mientras controlamos a Paul Serene. Después de decidir qué camino seguirán los personajes, es cuando tendríamos que ver los capítulos de la serie, que narran una trama secundaria que transcurre simultáneamente. 

  

 

Como producto transmedia, Quantum Break es terriblemente ambicioso. Pero la serie no engancha al mismo nivel que las secuencias jugables, y se queda un poco corta en cuanto a la producción: mucho plano corto y medio, exceso de efectos digitales, iluminación de estudio... Los actores están bien, y la trama es relevante, pero parece un poco plana respecto a la cantidad de información que hay repartida por todo el juego. Lo peor es que si conseguimos superar dos o tres actos en una sesión de juego, se hace un poco duro aparcar el mando para ver los tres capítulos correspondientes.

 

 

Como experimento, la combinación de distintos tipos de narración es encomiable, pero mientras juego y serie no estén al mismo nivel -técnico y de entretenimiento- el ritmo sufre. Quantum Break (como le pasó, a otro nivel, a Defiance en su momento) ha sido un pionero, pero no ha terminado de afinar. Lo que sí es un acierto es la utilización de los mismos actores en el juego, que le dan mayor dramatismo a cada escena. 

 

Ciñéndonos al desarrollo del juego, el tiempo se usa con maestría en muchos momentos, sobre todo cuando vemos pasar los días de forma acelerada mientras caminamos con Jack y la ciudad de Riverport se va transformando ante nuestros ojos. Es una forma muy plástica de que los jugadores se vayan empapando de los efectos de los viajes en el tiempo. Pero esta virtud, también tiene su lado negativo: los constantes monólogos de Quantum Break. Algo que es especialmente grave si no dominamos el inglés.

  

 

No es la primera vez que se utiliza el recurso de un interrogatorio para dar pie a una historia. Es algo que ya hemos visto en Call of Duty Black Ops, y en películas como Entrevista con el Vampiro, El nombre de la rosa o Titanic. Pero normalmente la narración se diluye a los pocos minutos. En Quantum Break no se detiene más que en las secuencias de acción, y además está rematada con conversaciones en las que seguimos a un personaje, escuchándole, y caminando a su ritmo. Es un recurso que queda un poco anticuado y que también atenúa el fluir del juego.

   

 

En conclusión, Quantum Break es un juego con una forma de narrar innovadora, pero que no termina de estar bien rematada. Merece la pena meterse en su mundo transmedia: serie y videojuego, y sobre todo buscar los objetos ocultos para sacarle todo el partido a esta historia de viajes en el tiempo. Una historia, que por cierto, se vuelve muy compleja a medida que avanzamos y que incluye traiciones, secretos y viajes al pasado y al futuro solapados.

Es el juego que mejor profundiza en los viajes en el tiempo (muy por delante de Prince of Persia Sands of Time, God of War II o Chrono Trigger) pero no sabe librarse de algunos esquemas básicos un tanto "trasnochados".  Dentro de muy poco os ofreceremos nuestro veredicto final sobre el juego de Remedy, los creadores de Max Payne o Alan Wake. Si queréis saber más detalles, podéis leer nuestro avance de Quantum Break. 

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