Análisis

Análisis de Tembo: The Badass Elephant

Por Rafael Aznar
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Versión comentada: PS4

El análisis de Tembo: The Badass Elephant está ya listo para desplegarse sobre el campo de batalla. Fruto de la colaboración entre Sega y Game Freak, el estudio creador de Pokémon, este plataformas nos pone en el mastodóntico pellejo de un paquidermo guerrillero al que llaman a filas para que, él solito, arramble con todo un ejército de alienígenas invasores, a base de toneladas de trompazos, estampidas y brincos.

Tembo: The Badass Elephant corre ya como un gamo hacia las plataformas de descarga digital de PS4, Xbox One y PC, adonde llegará este 21 de julio, a un precio de 12,99 euros. El género de las plataformas es uno de los más prolíficos de la historia, sin ninguna duda, pero ya no se prodiga tanto como en el pasado, especialmente fuera del ámbito de Nintendo, que es la compañía que más pleitesía le sigue rindiendo. Sin embargo, en este 2015, hemos recibido ya unas cuantas muestras de gran calidad, como Ori and the Blind Forest o Yoshi’s Woolly World. Pues bien, ahora nos llega otro título que también habla muy bien del género y cuyo pedigrí es intachable.

El juego ha sido desarrollado por Game Freak, el estudio responsable de Pokémon, y lo publica Sega, que, pese a lo que algunas voces desinformadas se pensaban, sigue y va a seguir haciendo juegos para consolas. La alianza suena apetecible de por sí, y lo mejor es que cumple con creces su cometido.

El paquidermo guerrillero

El juego está protagonizado por un elefante que representa el arma definitiva de un ejército. Así, tras la invasión de Phantom, un misterioso ejército alienígena, el alto mando le llama a filas para que resuelva el conflicto. El argumento sirve como mero acompañamiento, sin más pretensiones, pero está narrado con pequeñas secuencias de cómic que quedan muy simpáticas.

En líneas generales, Tembo: The Badass Elephant es un plataformas muy de la vieja escuela, en el que los saltos y la acción se combinan de forma muy equilibrada. El protagonista puede correr a toda velocidad, lanzar ‘ganchos’ con la trompa, dar culazos, rebotar, deslizarse, lanzar agua… Todos los movimientos están desbloqueados desde el principio, lo que hace que la introducción de las mecánicas sea bastante rápida. Aun así, se van introduciendo nuevos elementos en las fases más avanzadas, como golpear pelotas, al más puro estilo de un elefante circense, o regar plantas con la trompa para que aparezcan nuevas plataformas (el agua también sirve para resolver pequeños puzles eléctricos o apagar los proyectiles de fuego de algunos enemigos).

En total, hay dieciocho fases, estructuradas en cuatro mundos: Shell City, Montañas de Greenville, Tierra Zappo y Fortaleza Phantom. El diseño de los niveles, sin ser ningún prodigio, da mucho juego, pues las fases suelen ser bastante largas. Al haber bastantes trampas, en la primera pasada que demos, no será raro superar los diez minutos. En todas las fases, hay dos tipos de ‘coleccionables’: eliminar a todos los enemigos y rescatar a los civiles. Es importante acabar con el mayor número posible de enemigos (por cada fase, puede haber 400-450), pues, para avanzar en la aventura, ciertas fases requieren haber eliminado a una determinada cantidad de ellos.

El nivel de desafío está bastante bien medido, aunque hay altibajos. No hay regulador de la dificultad y contamos con un número finito de vidas (cinco, inicialmente, que se pueden ampliar a base de recoger cacahuetes). La barra de vida permite que nos den cinco golpes, aunque, esporádicamente, hay corazones para rellenarla. Hay puntos de control, pero están bastante distantes entre sí, para evitar el continuo ensayo y error. Sin ser un título particularmente desesperante, sí que hay momentos en los que es obligatorio actuar con cabeza, sin precipitarse. Por ejemplo, el último de los cuatro jefes finales que hay es de los que requieren tener sangre fría y analizar, pormenorizadamente, las rutinas del enemigo. Una vez que se hace, la sensación es muy satisfactoria.

El mayor punto flaco del título es, seguramente, su duración, que ronda las cuatro horas. Hay coleccionables, pero no son particularmente difíciles de encontrar: como decíamos antes, la clave es no ir a lo loco. Eso sí, hay clasificaciones online, para que comparemos nuestro tiempo y nuestra puntuación en cada nivel con los de otros usuarios (de cara a la puntuación, al eliminar enemigos o destrozar cosas del escenario, se encadenan combos). Es una lástima que, al acabar la aventura, no se desbloquee ningún elemento adicional. En todo caso, hay que recordar que hablamos de un juego digital que cuesta 12,99 euros, así que la duración está dentro de la media.

Cómic onomatopéyico, untado con mantequilla de cacahuete

Game Freak se ha servido del motor gráfico Unity para firmar un título que, en su conjunto, resulta muy colorido y vistoso. De primeras, llama la atención el tono de cómic que se le ha dado, en todos los sentidos. Por un lado, el argumento está narrado mediante diversas secuencias que no usan vídeos al uso, sino viñetas que van a apareciendo gradualmente sobre la pantalla (nos quedamos con la que da carpetazo al juego, por cierto). Por otro lado, la acción propiamente dicha está sazonada por todo tipo de onomatopeyas: del protagonista al correr (‘bada’), de cuando hacemos estallar algún objeto (‘boom’)…

Los escenarios nos trasladan a ciudades, fortalezas militares, vías de tren, colinas, acantilados, recintos feriales, discotecas… En términos estructurales, no ofrecen nada demasiado innovador, pero cumplen bien, y la dirección artística es muy buena. Particularmente, hay que destacar el diseño de algunos jefes finales, tan estrambóticos como una bola de discoteca que cobra vida o una abeja mecánica.

Sin embargo, lo que más entra por los ojos del juego es, sin duda, su protagonista: un elefante con ínfulas de Rambo. Esto depende de la interpretación de cada uno, pero a nosotros nos ha parecido ver incluso varios guiños a otros personajes. Por ejemplo, al caer derrotado, el genial paquidermo coge un bote de mantequilla de cacahuete y se lo enchufa para recobrar fuerzas al más puro estilo de Popeye con las espinacas (y sin necesidad de escuchar aquel grito de socorro de Olivia). Asimismo, cuando estamos rodando y lanzamos agua en todas direcciones, el efecto de las gotas nos ha recordado al de los shurikens de Joe Musashi en The Revenge of Shinobi, el mítico juego de MegaDrive, producido por Sega.

El rendimiento técnico es muy correcto, aunque hay que destacar que, en ciertos momentos, se producen caídas de la tasa de imágenes. Por lo general, se dan cuando el elefante va en estampida y, al mismo tiempo, está recogiendo una ristra enorme de cacahuetes. No llega a afectar a la jugabilidad, pero es algo que está ahí. En cuanto a la banda sonora, acompaña bien, aunque no llega a tener ningún tema que marque. Voces no hay, pues, como ya hemos dicho, se ha apostado por un estilo onomatopéyico, aunque los barritos del protagonista y el resto de efectos de sonido son notables.

Un elefante se balanceaba sobre la tela de una araña

Como en la tonadilla infantil, Tembo se erige como un elefante equilibrista que, pese a su tonelaje, se convierte en un desenfadado saltarín para las plataformas digitales de PS4, Xbox One y PC. Game Freak y Sega han tenido una gran idea al juntarse para engendrar The Badass Elephant, un paquidermo que, al mismo tiempo, no olvida la virtud de los de su especie para entrar en una cacharrería y no dejar títere invasor con cabeza.

Valoración

Game Freak demuestra que se le da bien cuidar a los animales. Tras Pokémon, se ha sacado de la reserva un elefante guerrillero para que protagonice un plataformas que, sin ser muy innovador, sí resulta muy divertido.

Hobby

81

Muy bueno

Lo mejor

Huele a vieja escuela: directo, pero desafiante. El ‘humor serio’ que destila. El estilo de cómic.

Lo peor

Dura cuatro horas (aunque es barato). Caídas de la tasa de imágenes. Falta algo de variedad.

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