Análisis

Análisis de Yoshi's Woolly World para Wii U

Por Rafael Aznar
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Versión comentada: Wii U

El análisis de Yoshi’s Woolly World para Wii U ha salido ya del cascarón, tras una larga gestación en la barriga lanuda del estudio Good-Feel. Este año, la competencia jurásica era muy dura, pero el entrañable personaje de Nintendo ha superado el examen con nota y se lleva el premio al dinosaurio del año, merced a uno de los plataformas más bonitos e inspirados de la historia. Ya era hora de que le dejaran patalear tan alto, sin Mario en su chepa.

Tras muchas horas de ganchillo, traemos el análisis de Yoshi’s Woolly World, con el que, desde ya, designamos al simpático personaje de Nintendo como ganador de los premios de mejor regreso y de dinosaurio más apuesto de 2015. Wii U, que, a día de hoy, pasa por tener el mejor catálogo de exclusivas de las tres consolas de sobremesa actuales, está de enhorabuena, pues el título que nos ocupa ha resultado ser un juegazo con mayúsculas, como era de prever desde que se mostró por primera vez, allá por enero de 2013, un lapso de tiempo que da cuenta de lo mesurado y concienzudo que ha sido el desarrollo.

Antes de enredarnos en los motivos que convierten al juego en un imprescindible, conviene hacer un poco de memoria, pues el simpático saurio es uno de los personajes a los que menos ha exprimido la Gran N a lo largo de su larga trayectoria en la industria. Como integrante del universo de la saga Mario, por lo general, su papel ha tendido a reducirse al de montura de Mario y Baby Mario o al de ‘participante’ en saraos como los de Super Smash Bros, Mario Kart, Mario Party o Mario Tennis, sin olvidarse de su aparición jugable en la versión de Super Mario 64 para DS. Sin embargo, si nos atenemos a juegos protagonizados únicamente por él, sólo encontramos dos referencias: Yoshi’s Story y Yoshi’s Universal Gravitation, aparecidos en Nintendo 64 (1998) y Gameboy Advance (2005), respectivamente. Nintendo le debía una a Yoshi, y se la ha devuelto con creces.

El estudio encargado de darle el protagonismo merecido ha sido Good-Feel, que se granjeó una excelente fama con Kirby’s Epic Yarn, uno de los juegos más aclamados de Wii. Si aquella reinterpretación del orondo personaje rosado se hizo a golpe de hilo, para revitalizar al dinosaurio, se tomó la decisión de ir a por lana. Lejos de salir trasquilado, el estudio japonés lo ha bordado con su particular ganchillo, sus ruecas y sus telares.

Los tejemanejes de Kamek

Como suele ser habitual en los plataformas de Nintendo, Yoshi’s Woolly World tiene un argumento muy ligero que sirve para sentar un punto de partida. En esta ocasión, resulta que el pérfido Kamek se ha pasado por Isla Remiendos, en el océano Hechoamano, y ha convertido a todos sus Yoshis en madejas de lana, salvo a dos, que, desde ese momento, se lanzan a su persecución. Pese a lo intrascendente de la historia, los diálogos, que casi son un monólogo del citado Kamek, están llenos de chanzas y son realmente divertidos. Así pues, el desarrollo nos lleva a través de seis mundos, cada uno de los cuales consta de ocho niveles principales, para un total de 48, de modo que, al final de la cuarta fase y la octava de cada mundo, aparece siempre un jefe final.

El desarrollo bidimensional es muy clásico, con un protagonismo compartido por los saltos y los lanzamientos de ovillos de lana. En esta ocasión, Yoshi no pone huevos, sino ovillos, que puede obtener tragándose a los enemigos o bien golpeando ciertos canastos que hay en puntos estratégicos de los niveles. Puede arrastrar seis a la vez, de modo que, para lanzarlos, hay que pulsar X, mirar la trayectoria de puntos que aparece en pantalla (que se mueve hacia arriba y hacia debajo de forma semiautomática) y volver a apretar en el momento apropiado. De primeras, puede sonar un poco engorroso, pero lo cierto es que el sistema responde muy bien. Gracias a eso, podemos activar diversos mecanismos, hacer aparecer plataformas que sólo tienen dibujado el perfil, romper estructuras, derrotar a los enemigos… Asimismo, los lengüetazos del protagonista sirven para deshilachar ciertas partes de los escenarios y abrir nuevos caminos.

En ciertas secciones, Yoshi experimenta hasta seis transformaciones: en paraguas, en gigante, en moto, en topo, en avioneta y en sirena. Esas partes, que aparecen de forma esporádica, se desarrollan contrarreloj, de modo que el objetivo principal es amasar botín. Las gemas que obtenemos a lo largo de los niveles sirven, fundamentalmente, para comprar insignias de poder, que son potenciadores opcionales que se pueden activar antes de los niveles: para que las caídas al vacío no sean mortales, para que todos los ovillos de lana sean grandes, para contar con la ayuda del perro Poochy (no confundir con el perro rockero de Los Simpson)…

Todo eso está muy bien, pero donde Woolly World da lo mejor de sí es en el diseño de los niveles, de los más inspirados que hemos visto nunca en un plataformas. Cada fase concede protagonismo a una mecánica totalmente diferente, que suele entroncar con la ambientación textil o, en su defecto, con elementos golosos o festivos: rocas chomp para romper esponjas, llamas de pebeteros, galletas, huevos que generan estelas de algodón, lianas con molestos monos, cortinas que se mueven por sus raíles, alfombras mágicas, telarañas, cremalleras, globos, cintas de velcro… A eso, añadid la presencia de algunos objetos consumibles, como sandías de tres tipos (para lanzar pepitas, fuego o hielo), o de enemigos como los boos, que propician pequeños puzles. Cada nivel es un ejercicio de originalidad.

Como es habitual en los plataformas de Nintendo, el juego cuenta con cooperativo local para dos personas. Se trata del típico multijugador que permite tanto ayudar como molestar al compañero, aunque sin riesgos, pues, si uno cae al vacío, reaparece a los pocos segundos por medio de un huevo. Jugar en compañía resulta realmente divertido y tiene derivaciones jugables, pues podemos saltar sobre el otro jugador o convertirlo en un ovillo de lana para lanzarlo a un punto determinado. La lástima es que no haya soporte para jugar online, como sucede en todos los plataformas de Nintendo (Super Mario 3D World y Donkey Kong Country: Tropical Freeze también se prestaban mucho al multijugador, pero no tenían online). En los tiempos que corren, sería interesante que la compañía añadiera esa opción a todos sus títulos y no sólo a los centrados en el competitivo (Splatoon, Super Smash Bros, Mario Kart 8).

Jugablemente, lo único que se le puede reprochar al juego es su reducida dificultad, pensada, especialmente, para los más pequeños. Esto se observa, sobre todo, en el hecho de que Yoshi puede encadenar pataleos en el aire de forma indefinida. De esa manera, no puede remontar el vuelo, pero es un recurso que, si se utiliza bien, hace que caer al vacío sea casi imposible. Aparte, la barra de vida, marcada por el número de corazones que tengamos, es bastante generosa, y no hay vidas, sino que, al morir, aparecemos siempre en el último punto de control. Adicionalmente, se puede activar el llamado modo Relajado, que añade otras dos facilidades: unas alas para mantenerse en el aire de forma continuada y una mayor lentitud de la estela para lanzar los ovillos de lana.

Mucha tela que cortar

Los juegos de plataformas suelen tener un problema en su duración, pero no es el caso de Yoshi’s Woolly World. Completar la aventura en sí lleva unas doce horas, lo cual está por encima de la media, pero, además, hay un buen número de coleccionables que son de los que invitan a repetir los niveles, pues desbloquean recompensas muy provechosas.

En primer lugar, hay que destacar las cinco flores sonrientes que hay en cada nivel, que no siempre se ven a primera vista, pues pueden estar en lugares escondidos u obligarnos a activar algún mecanismo a priori invisible. Si recolectamos las cuarenta que hay por mundo, desbloqueamos una fase adicional en cada uno (lo que deja la cifra total de niveles en 54), algo que es muy de agradecer. En segundo lugar, hay cinco madejas de lana por cada nivel, que, en relación con el argumento, sirven para rescatar a los Yoshis encantados por Kamek, con patrones de colores que homenajean a la fase en la que quiera que los hayamos liberado. En líneas generales, las madejas son mucho más fáciles de obtener que las flores y, aparte, si alguna se nos resiste, podemos comprar una insignia de poder para que nos acompañe el perro Poochy, que, de manera muy simpática, nos hace indicaciones de dónde puede haber una madeja. En total, podemos desbloquear hasta 68 Yoshi manejables, contando algunos que se obtienen por otras vías. Hay diseños de sandía, de flor, de oso panda, de leopardo, de Shy Guy…

Por si fuera poco, la compatibilidad con las figuras amiibo permite desbloquear patrones de colores adicionales, que homenajean al personaje de la figura en cuestión. Nosotros hemos hecho la prueba con las figuras del propio Yoshi, Mario, Luigi, Fox, Donkey Kong, Diddy Kong, Peach, Captain Falcon, Samus, Zelda, Link, Pit y Pikachu. Esta última fue la única que no nos dio un traje inspirado en ella. Adicionalmente, los amiibo de Yoshi, si se usan mientras estamos jugando un nivel, hacen aparecer un segundo personaje en pantalla, al que también movemos nosotros (no es algo que entronque con el cooperativo).

En cada nivel, hay también veinte sellos coleccionables. Además, al final de cada fase, tenemos que pasar por la típica ruleta de premios, de modo que, si entramos en el momento exacto en que el indicador esté sobre una flor, accederemos a una fase de bonus en la que, a contrarreloj, deberemos coger el mayor número posible de piezas de fruta. Hay varias versiones del minijuego, que se sirven de mecánicas como la de tirar ovillos o la de viajar sobre una nube, al más puro estilo Dragon Ball.

No termina ahí el componente de rejugabilidad. Al acabar el juego, se desbloquea el Pabellón de los desafíos, un modo que nos enfrenta a los doce jefes finales del juego. Aquí, la dificultad es más acusada, pues los enemigos ejecutan sus patrones de movimiento y ataque de forma mucho más rápida y hay que estar hábil para tumbarlos y poder realizar los tres saltos-bomba con los que darles matarile. Y aun hay más, pues también está la llamada Carpa de la nostalgia, que es una especie de enciclopedia, con el registro de los 73 tipos de enemigos y las 64 canciones del juego, que hay que ir desbloqueando.

Yoshi se viste con sus mejores galas

Si el apartado jugable de Woolly World es genial, la estética no le va a la zaga, pues estamos ante uno de los juegos más bonitos no ya del año, sino de la historia. El estilo naíf con el que Good-Feel ha dotado al juego es absolutamente encantador, de los que enamoran a primera vista y, aunque no quieras, te tiran de las comisuras de la boca para hacerte sonreír. Es el perfecto ejemplo de que no se necesitan unos gráficos ultrarrealistas para maravillar al ojo humano.

Todo el mundo del juego está hecho de materiales textiles. La lana es la gran protagonista, pero también encontramos hilo, algodón, esparto, fieltro, terciopelo, franela, felpa, nylon, velcro, etiquetas, ruecas, esponjas… El juego se desarrolla en 2D en su totalidad, pero hay ciertos momentos en los que la perspectiva se ladea ligeramente para ofrecer planos en 2,5D que quedan realmente bien. En ciertas fases, se observan también interesantes juegos visuales, como el movimiento de las olas o telones que tapan parte de la luz, lo cual tiene incidencia jugable. Esporádicamente, hay un ligerísimo ‘clipping’ y alguna caída de la tasa de imágenes, pero nada particularmente grave.

Mención especial merece el diseño de Yoshi, que parece un peluche con el que ni siquiera Mimosín podría competir en encanto. Contemplar cómo se le aplasta la narizota cuando empuja objetos, verle temblar en las fases más tétricas u oírle gritar de júbilo os hará sonreír embobados, como niños. El dinosaurio de Nintendo es un personaje simpático de por sí, pero, con esta versión lanuda, alcanza otra dimensión. Visualmente, es el juego más entrañable que hay en Wii U de lejos. Por cierto, hay modo Off-TV, aunque el Gamepad no se aprovecha para nada en particular.

La banda sonora es otro elemento que juega un importante rol en el estilo naíf del juego. Muchas melodías, pese a su sencillez, son tremendamente pegadizas, de ésas que siguen resonando en nuestra cabeza horas después de haber apagado la consola, con la consiguiente necesidad de tararearlas sin siquiera darse uno cuenta. Eso sí, algunas de ellas se repiten en más de un nivel.

Como Yoshi, no hay ninguno

Parafraseando al famoso cántico, Woolly World es un juego lanudo. Nintendo ha acertado de lleno al confiar en su famoso saurio tras tantos años en el ostracismo. Como ya hizo con Kirby en Epic Yarn, el estudio Good-Feel lo ha bordado, firmando uno de los mejores plataformas de los últimos tiempos. Es fácil, sí, pero sus inspirados niveles, su generosa duración (con coleccionables de los que merecen la pena) y su preciosa estética lo convierten en una auténtica joya. Coger ámbar para devolver a la vida a dinosaurios a los que se creía extinguidos no siempre es una mala idea.

Valoración

Yoshi se merecía este lanudo regreso, tras tantos años encerrado en ámbar. Lejos de hacer un plataformas clónico, Good-Feel se ha sacado de la chistera un juego precioso que sorprende a cada paso.

Hobby

92

Excelente

Lo mejor

Cada nivel es distinto al anterior. La estética textil. Los muchos coleccionables. La banda sonora.

Lo peor

La dificultad es bastante exigua. Nintendo sigue peleada con el cooperativo online.

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