Análisis

Análisis de Zelda: Majora's Mask 3D

Por Gustavo Acero
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Versión comentada: 3DS

Llegó el día del juicio final; el análisis de Zelda: Majora's Mask para Nintendo 3DS, la aventura de Link que dividió a los jugadores de Nintendo 64, pero el paso del tiempo es muy relativo cuando tienes una New 3DS en la que disfrutarlo y una ocarina con la que manipularlo. ¿Oís las campanas de la Torre del Reloj? Es hora de quitarnos la máscara de los prejuicios que nos llevaron a penalizar su peculiar desarrollo hace catorce años. Ya no estás solo, Skull Kid: por fin te hemos comprendido.

Actualización:

Dos semanas después del lanzamiento, Nintendo ha lanzado la actualización 1.1 de Zelda Majora's Mask 3D que corrige algunos de los glitches mencionados al final de este análisis, así como la aparición de un mensaje de error en algunas consolas.

Texto original:

Los galos de cierta aldea vivieron atemorizados por la idea de que el cielo cayese sobre sus cabezas; los fans de Zelda morimos de ilusión por que nos caiga la Luna. Es la extraña paradoja masoquista de Majora's Mask, que ha vuelto a adelantarse a su tiempo catorce años y tres meses después de convertirse en mito: aunque aún quedan nueve días para que llegue a las tiendas de Ciudad Reloj y otros establecimientos, en Hobby Consolas ya hemos revisitado el Zelda que menos tiempo se tardó en desarrollar (poco más de un año) y más ha tardado en remasterizarse: un tiempo en el que no hemos dejado de preguntarnos por qué esta humilde secuela de Ocarina of Time dejó una huella tan honda en nuestra memoria. Pues bien, después de rejugarlo tanto en 3DS como en New 3DS, creemos haber descifrado el secreto de su magia: la empatía.


Cómo pasa el tiempo... en Ciudad Reloj

Como ya ocurrió en Nintendo 64, los vínculos emocionales que se crean entre el jugador y los personajes de Ciudad Reloj vuelven a trascender lo vivido en cualquier otro Zelda. La profunda tragedia que centra la trama del juego saca lo mejor de nosotros mismos y de quienes nos rodean, más aún cuando son como de la familia, ya que la mayoría de sus inolvidables personajes procede de Ocarina of Time. Probablemente sin buscarlo, Majora's Mask se convirtió en el mejor tratado jugable sobre las etapas del duelo ante la muerte, como bien apuntaron las teorías más conspiranoicas, y hay muy pocos juegos capaces de crear una atmósfera tan poderosa y psicológicamente apocalíptica como la que rodea a esta reliquia ancestral (la máscara, que el juego no es tan viejo).


Saber que el mundo se acaba pasado mañana y aun así resignarnos a continuar con nuestras vidas, nuestras rutinas, horarios, manías y temores cotidianos al margen del terrible destino que nos espera, es la condena y a la vez bendición de esta Oda al Orden hecha videojuego. La responsabilidad de Grezzo en su tarea de reconstruir esa atmósfera emocional era tan grande como la Luna, y con Majora's Mask 3D, el estudio se ha consagrado como un maestro absoluto de la restauración, capaz de implementar los cambios precisos -que no han sido pocos- para mejorar la experiencia sin alterar la esencia de la obra original. En ese sentido, estamos ante el "Remaster Quest" más radical de toda la saga, tanto a nivel visual como jugable, muy por encima de las remasterizaciones Ocarina of Time 3D o The Wind Waker HD, aunque lejos de A Link Between Worlds, que sí es un remake en el sentido estricto del término.

En otras palabras, Majora's Mask 3D es el mismo juego, aunque en todo momento tenemos la sensación de estar jugándolo por primera vez, aun conociéndonos cada zona de Términa al dedillo, que ahora utilizamos para asignar objetos desde la pantalla táctil o desplazar el mapa interactivo que no tuvimos en Ocarina 3D. Queríamos escribir un análisis al uso para contaros qué ha cambiado en este complejo mundo, pero hace exactamente tres días un individuo anónimo nos envió un extraño diario sin firmar, en cuyo interior sólo están escritas las tres primeras páginas. La única referencia que tenemos sobre su procedencia está en el título de su portada, por si alguno de vosotros entiende de qué se trata: "Cuaderno de los Bomber: diario de un jugador". Por su interés, pasamos a reproducir su contenido tal cual ha llegado a nuestras manos:

(Ligeros spoilers sobre los 15 primeros minutos del juego).

"Hoy ha sido un día de perros, como ese chucho de la plaza que no para de gruñirme cada vez que me ve en este estado. Todo empezó a primera hora de la mañana, cuando salí con Epona a dar una vuelta por el bosque, mucho más deslumbrante, nítido y azulado de como lo recordaba; tanto, que parecía otro. No pude evitar quedar embelesado por la detallada corteza de los árboles o las renovadas texturas herbáceas, hasta que el fatídico asalto de dos hadas llamadas Taya y Tael truncó mi asueto y me dejó inconsciente sobre el suelo. Entonces apareció ÉL entre la bruma para despojarme de mi preciada ocarina, con lo que me costó conseguirla... Condenado Skull Kid. ¡No me extraña que esté solo! Tras recuperarme del impacto y mirarle a los ojos, comprobé que su rostro estaba oculto por una máscara que me invadió de una angustia y desazón difíciles de expresar. Tras perseguirle sin éxito, de pronto me vi rodeado por una manada de Dekus... hasta que me vi transformado en uno de ellos tras una sensación de profundo dolor.

Salí de allí saltando entre flores deku y llegué al interior de la Torre del Reloj, donde me esperaba un hombre cuyo tétrico rostro me resultaba demasiado familiar, como si ya hubiese pasado por todo esto en una vida anterior. "Te has encontrado con un terrible destino, ¿verdad?", preguntó antes de presentarse como el "Dueño de la Máscara Feliz", y no como "el dueño de la Tienda de Máscaras Felices", tal como recordaba sus palabras originales. En ese momento me percaté de que ciertas líneas de diálogo se habían alterado ligeramente por motivos estilísticos, junto otros cambios ortográficos nimios como la ausencia de tildes en el pronombre "ese" y el adverbio "solo". El siniestro comerciante me prometió devolverme a mi aspecto normal si lograba recuperar esa máscara maldita que le había robado Skull Kid, aunque insistió en que sólo le quedaban tres días para marchar de la ciudad. Tres días... Justo lo que falta para el Carnaval del Tiempo. Qué ganas tengo de que llegue. Antes de despedirme de él, me entregó el cuaderno en el que escribo estas líneas y me mostró una Piedra Sheikah cuyas visiones me serán de gran ayuda cuando me sienta tan desorientado como hoy.

 

Por fin, me asomé a la plaza central del Sur de Ciudad Reloj, y una cálida sensación de nostalgia recorrió mi cuerpo de deku al contemplar los preparativos del carnaval, al tiempo que identificaba los primeros cambios arquitectónicos a mi alrededor. En primer lugar, la plaza ha ganado en amplitud, se han construido dos escalinatas simétricas que llevan al balcón de la torre y el Banco ya no se encuentra en el callejón oeste frente a las tiendas, sino justo detrás del reloj, lo que sin duda me ahorrará tiempo (aunque no rupias) en casos de apuro económico. Lo que no ha cambiado es la acogedora atmósfera de la ciudad, aunque sus habitantes siguen tan divididos como antaño: el Capitán Viscen y sus soldados se muestran partidarios de evacuar la ciudad ante la amenaza lunar, pero Muto y el comité de carpinteros no se creen esa pantomima del fin del mundo. La verdad es que no sé a quién creer; mi máxima preocupación en estos momentos es recuperar mi aspecto humano...

Tras recorrer la ciudad y sus callejones absorto en mis recuerdos, me he topado con otros viejos conocidos como ese infatigable cartero, la amable Anju en la recepción de la Posada del Puchero o un enigmático individuo con máscara de conejo que sólo sale de su casa para echar el correo; Kafei, dicen que se llama. A la que he visto realmente descompuesta, literalmente, es a la Gran Hada del Norte, quien me pidió encontrar uno de sus fragmentos extraviados por obra y gracia de Skull Kid. Como recompensa, me ha otorgado una barra de magia con la que puedo disparar burbujas, esta vez con la ayuda del giroscopio (a saber qué será eso), cuya infalible respuesta me será imprescindible en las pruebas de tiro al blanco cuando obtenga el arco. Entonces reventé el globo de un excéntrico duendecillo llamado Tingle que me vendió un mapa por una cifra escandalosa, pero me distraje pronto buscando a los cinco Niños Bomber por toda la ciudad para que me facilitaran un código con el que acceder al Observatorio Astronómico.

Me pasaría horas mirando las estrellas y escuchando el onírico hilo musical de ese lugar, pero el tiempo corre y no me va a espetar. El anciano astrónomo me ofreció utilizar el telescopio y fue entonces cuando volví a verle: Skull Kid en lo alto del reloj, observando esa terrorífica esfera sobre la que parecía ejercer un inmenso poder sobrenatural. Si no hago algo pronto, todo este pueblo desaparecerá como lágrimas de la Luna, pero ya he vivido suficientes emociones por hoy y se ha hecho tarde... Mañana será otro día. O eso espero.

Menuda pesadilla he tenido esta mañana. Soñé que me enfrentaba a Skull Kid en lo alto de la torre en la víspera del carnaval. Quizá se deba a lo dura que está la cama de la posada, pero me está costando distinguir entre lo real y lo soñado, pues al despertar, había recuperado mi ocarina y mi forma humana: ¡había vuelto a ser Link Niño, como me llaman los Terminianos! Pese a todo, poco ha durado mi alegría. Los peores presagios de Viscen y sus hombres parecen cumplirse a medida que pasan las horas. Lejos de desaparecer del firmamento, hoy Ciudad Reloj ha amanecido bajo una Luna aún más voluminosa y amenazadora que ayer. No podía entretenerme más en las reformadas tiendas ciudad, así que decidí salir por la puerta norte y me dirigí a los aledaños de un ponzoñoso pantano donde me reencontré con un viejo conocido: el búho Kaepora Gaebora, que me enseñó una misteriosa melodía llamada Canción de Vuelo.

Esta bella tonada me permitirá teletransportarme a las estatuas de búho que haya encontrado en mi camino sin necesidad de activarlas con la espada, pero su función más útil es guardar mi progreso de forma permanente. Algunas de ellas han cambiado de ubicación, aunque las opciones de guardado se han multiplicado gracias a las nuevas estatuas de tintero que agilizarán aún más mi movilidad por los cuatro puntos cardinales de Términa. Pero mi mayor aprendizaje de hoy ha sido, sin duda, descubrir el cambio más sustancial que he percibido hasta ahora: cada vez que toque la Canción del Doble Tiempo, ya no avanzaré doce horas de forma inflexible, sino a cualquier hora del presente día, lo que evitará de un plumazo aquellos tiempos muertos entre una misión y otra. Precisamente, este cuaderno en el que ahora escribo sirve para llevar un registro mucho más pormenorizado de mis tareas, que consisten en hacer felices a los habitantes del pueblo en la medida de mis posibilidades. ¡Incluso me permite programar alarmas por si me entretengo en otros menesteres!


Lo cierto es que los días se me están haciendo muy cortos, quizá por que ahora veo el reloj en todo momento con sus minutos, aunque he comprobado con alivio que tocar la canción del tiempo invertida ralentiza su transcurso a la mitad de lo habitual, mientras que retroceder al alba del primer día ya no guarda las partidas automáticamente, sino que es necesario acudir a una estatua de búho para ello. Con tanta información por asimilar, necesitaba relajarme, y cuál fue mi sorpresa cuando encontré una zona de pesca completamente nueva en la zona sur del pantano, aunque dicen las piedras cotilla que también han construido otra en la Gran Bahía. Espero pasarme pronto. Además, el hilo musical elegido para estas zonas es la canción del Pueblo Kakariko que tan buenos recuerdos me trae, y los resultados de mi colecta varían en función de la máscara o careta que lleve puesta. Todo un detalle. Por ahora, mi inventario está casi tan vacío como mi saco de rupias, así que no podía entretenerme más y partí rumbo a mi primera mazmorra, el Templo del Bosque Catarata.

Con todo el dolor de mi corazón y mi cara, volví a ponerme la máscara Deku para saltar en el agua y llegar al Palacio Deku, cuya maravillosa música volvió a fascinarme como en mi otra vida, si bien he percibido una ligera diferencia en mis movimientos: mi ataque giratorio ya no me impulsa para ganar distancia al saltar por el agua, lo que me obliga a medir con máxima precisión los saltos al desplazarme de una hoja a otra, obteniendo esa inercia necesaria a base de dar vueltas sobre mí mismo. No es el único cambio que notaré al transformarme en las demás razas. Las piedras aseguran que, cuando me transforme en Link Goron, podré asestar nuevos puñetazos mucho más rápido, una velocidad que sin embargo perderé en mis sesiones de natación como Link Zora. La ventaja es bucear con mayor precisión por los pasillos subacuáticos, pero si quiero disfrutar de aquellas frenéticas zambullidas encadenadas cual delfín, esta vez tendré que gastar magia inevitablemente.

La mayoría de estas modificaciones son un acierto y contribuyen a facilitar mi interacción con el mundo, a excepción de los saltos deku sin impulso, cuyo esfuerzo me ha dejado exhausto por hoy. Acabo de escuchar el aullido del lobo, así que será mejor que siga escribiendo mañana cuando acabe el día, aunque pensando en lo que nos espera, no sé si querré despert... desp... ZZZzzzZZZzzzZZZzzz...

Son las 23:45 del día final, y me temo que, finalmente, la profecía se ha cumplido. La Luna lo consumirá todo a su paso, así que he decidido escribir estas últimas palabras con la esperanza de que algún superviviente de una generación venidera rescate este viejo cuaderno entre las cenizas. La mayoría de Terminianos ha abandonado la ciudad en busca desesperada de refugio en las afueras, pero yo no he perdido la esperanza, así que hoy me propuse derrotar a Odolwa, jefe del templo del Bosque Catarata, y su batalla también me ha sorprendido, pues esta vez bloqueaba mis ataques con mayor inteligencia, lo que me obligó a emplear las flores deku para saltar sobre su cabeza y dejar así al descubierto un nuevo punto débil en forma de ojo.

 

Todos los jefes de los demás templos incluirían modificaciones similares, excepto la serpiente Twinmold, cuya mecánica cambiaría completamente para corregir el engorroso proceso de su batalla original, pero me temo que ya no me queda tiempo para comprobarlo... Quedan veinte segundos para que todo haya terminado. No quiero ser testigo de esto, no puedo resignarme a que el diabólico poder que cnierra esa máscara en las manos equivocadas de ese pobre crío arrase mi pueblo, mi ciudad, mi mundo. Por ello, esta es la última frase que dejo escrita antes de sostener mi ocarina para tocar la única melodía de esperanza que me queda. Hasta siempre, amigo sin nombre, si es que algún día lees esto...

Has tocado la Canción del Tiempo. Regresas al alba del primer día.


Y así, todo volvió a empezar. Aquí "Termina" el estremecedor relato que queríamos compartir con vosotros. Se nos hace casi imposible comprender el sufrimiento que pudo llegar a sentir el autor de este diario, que no es Link, sino cualquier jugador que se deje atrapar en el tiempo de esta obra inmortal. Sin embargo, hay más detalles técnicos que nos gustaría comentar en estos últimos párrafos, y que no tenían cabida en el lenguaje de un hyliano ajeno a las nuevas tecnologías de nuestros días. El primero de ellos nos remite al apartado gráfico y su tasa de frames por segundo, que ha pasado de los 20 fps de Nintendo 64 a los 30 fps de 3DS. Aparte de la espectacular mejoría en la carga poligonal de todos los modelados y el meticuloso trabajo que se ha realizado a la hora de texturizar todas las superficies (madera, piedra, paja, tela, arena y un largo etcétera), se han rediseñado todas las animaciones de los personajes de una manera encomiable, pero lo más llamativo es la brutal cantidad de detalles y huevos de pascua nintenderos que se han añadido por toda la ciudad.

El ejemplo más fantástico lo hemos encontrado en la Tienda de Curiosidades de Ciudad Reloj, y no es el sospechoso proveedor que abastece a su dueño, sino los objetos que guarda en su establecimiento: desde una inconfundible GameCube gigante reconvertida en un generador eléctrico hasta una nave del Capitán Olimar directamente sacada de Pikmin 3, pasando por una Ultra Hand colgada de la pared, en honor al mítico juguete de Nintendo creado por Gunpei Yokoi en 1966. No queremos destriparos todos los demás guiños, pero tampoco faltan los pósters, carteles y otros tantos detalles que demuestran un profundo amor y agradecimiento a los fans que habéis hecho posible esta remasterización a golpe de esperanza e insistencia.



En el lado negativo de la balanza, debemos señalar la aparición de ciertos fallos de cámara y un par de pequeños glitches. Los dos ejemplos más significativos en nuestro caso se han producido al saltar sobre una hilera de vasijas en la llamada Casa de las Arañas, donde Link se queda pegado cual Skulltula sobre el borde de las mismas, así como otro momento muy puntual en la lavandería, donde atravesamos una caja pegada a la pared tras depositarla de nuevo en el suelo (clipping). Son fallos mínimos, al igual que ciertos desajustes de cámara en espacios cerrados, comprensibles en el caso de New 3DS, cuya palanca C nos permite rotar la cámara con una libertad y fluidez inédita en la saga Zelda, por no hablar del notabilísimo perfeccionamiento del efecto estereoscópico en las pantallas de esta nueva portátil. La diferencia en cuanto a la estabilidad del efecto de profunidad en New 3DS es abismal, y compensa sobradamente vivir la experiencia en cualquiera de sus dos modelos frente a la 3DS clásica.

Podríamos pasarnos otros tres días desgranando cada rincón de Términa, pero están tañendo las campanas de la torre y eso no es buena señal. Seáis conocedores o no del juego original, os recomendamos encarecidamente -y a todos por igual- asistir a este este carnaval de emociones que os marcará para siempre. Más que un simple lavado de cara, Majora's Mask 3D es una experiencia atemporal que ningún amante de los videojuegos debe perderse. Que os sea leve la cuenta atrás hasta el 13 de febrero... y vivid cada día como si fuese el amanecer del último.

Valoración

La mejor remasterización de la saga Zelda. Cada rincón de Términa es una Sonata de Curación sobre la obra original, y sus cambios tanto gráficos como jugables lo convierten en la versión definitiva de un clásico atemporal.

Hobby

93

Excelente

Lo mejor

Su estremecedora atmósfera y amor por los detalles. Los cambios destinados a mejorar la experiencia.

Lo peor

Tener que repetir ciertas acciones puede seguir frustrando. Fallos de cámara puntuales.

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