Análisis

Cine de ciencia ficción: Crítica de Solaris (1972)

Por María Vedia
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ARGUMENTO: Tras unos extraños acontecimientos acaecidos en una estación espacial rusa que orbita alrededor del planeta Solaris, el psicólogo Kris Kelvin es enviado para determinar si la misión que allí acontece debe finalizar. Sin embargo, sus investigaciones le harán descubrir una realidad paralela de la que es difícil escapar. Sobre todo, porque está metida en su cabeza. Adaptación de la novela clásica de ciencia-ficción del escritor polaco Stanislaw Lem. Versionada en 2002 por Steven Soderbergh, con George Clooney. 1972 - DIRIGIDA POR Andei Tarkovsky - PROTAGONIZADA POR: Donatas Banionis, Natalya Bondarchuk, Yuri Jarvet, Vladislav Dvorzhetsky.

Antes de sentarse a ver Solaris conviene recordar que las películas del director ruso Andrei Tarkovsky se asemejan más a una sucesión de paisajes que a un producto audiovisual de entretenimiento.  

Una vez tengáis clara esta premisa contemplativa, deberíais saber que de sus cintas se critica su extensa duración. Un ritmo lento que puede tomarse como negativo pero que tiene una finalidad obvia:Hacer pensar al espectador.

Así que, si el psicólogo os sale caro, no hay nada como sentarse a ver este filme, que sin lugar a dudas, para por completo los relojes de nuestras muñecas para sumergirnos en un estado de ensueño y meditación donde lo que importa es reflexionar acerca de nuestra condición humana y el motivo de su existencia.

Rusos en el espacio: Diálogos a tutiplén

A menudo se dice que Solaris fue la respuesta rusa a 2001: Una odisea en el espacio de Stanley Kubrick. De hecho Tarkovsky tuvo la oportunidad de ver esta película en el Festival de Cine de Moscú de 1969, un año antes del inicio del rodaje de su cinta.

Considerando que Tarkovsky se las vio y se las deseó para estrenar sus películas en la URSS a excepción de Solaris, no es de extrañar que las autoridades soviéticas quisieran usarla frente a los americanos en pleno período de la carrera espacial.

Sin embargo, no usó su obra como arma política (o al menos no lo muestra explícitamente) ni tampoco parece que le interese lo más mínimo el espacio. En realidad, usa este escenario para filosofar sobre temas trascendales como la vida, la muerte y la responsabilidad frente al futuro.

Es cierto que Solaris y 2001: Una odisea en el espacio tienen similitudes palpables. Ambas comparten el argumento de viajes espaciales y encuentros con alienígenas de inteligencia suprema, capaces de transformar la raza humana. Sin embargo, lo hacen desde planos distintos. Kubrick muestra la manipulación extraterrestre desde un ángulo externo, presentando al espectador un instrumento llamado Monolito negro que ha sido el causante de la evolución humana durante millones de años. El planeta Solaris de Tarkovsky, sin embargo, puede introducirse en la mente de los tripulantes generando un cambio en las personas de un modo interno, lo que lleva a una introspección mayor de los personajes: ¿Quién soy y por qué estoy aquí?


Dejando al margen a los americanos, lo cierto es que Solaris está basada en el libro del mismo título escrito en 1961 por el autor polaco de ciencia ficción Stanislaw Lem. Teniendo como referencia esta base, no resulta raro que la película sea ciencia ficción en el sentido formal de la palabra. Véase: una parábola acerca de la naturaleza humana. ¿Un what? Para que nos entendamos, el diálogo es tan protagonista, que se podría decir que no es una película sino una novela de ciencia ficción en imágenes.

De hecho, el contacto con inteligencias incomprensibles para el ser humano y la imposibilidad de comunicarse con ellas, es el tema central de toda la obra de Stanislaw Lem. Tarkovsky consigue plasmar esta idea en varias secuencias del filme con el mismo tono pesimista que el autor y hace que venga a nuestra mente la frase: "Puede que no estemos solos en el Universo pero ¿de qué sirve si no podemos hablar con las otras criaturas que lo habitan?"

Solaris comienza con la visita del astronauta Berton (Vladislav Dvorzhetsky) a la casa familiar de Kris Kelvin (Donatas Banionis), un escenario que, ¡atentos!, se vuelve a ver al final del filme desde una óptica totalmente distinta. El objetivo no es otro que hablarnos de uno de los muchos temas de esta historia: la infancia como paraíso perdido.

La visualización de un vídeo sirve como presentación al espectador, ya que Berton habla de una experiencia traúmatica vivida en una misión de rescate en el océano que bordea el planeta Solaris. El punto culmen se alcanza cuando el astronauta, tras un relato sin pies ni cabeza, menciona la aparición de un niño 'más grande de lo normal'. Quienes lo rodean lo toman como un verdadero chalado.

A pesar de la inquietante confesión, Kelvin viaja a la estación espacial rusa en Solaris (no esperéis ver un viaje coronado con efectos especiales, no los hay). Allí se encuentra a una tripulación devastada, de la que sólo han sobrevivido dos integrantes: Snawt y Sartorius. Los supervivientes parecen estar locos de remate. Esto es debido a que han utilizado un haz de rayos Roentgen para investigar el océano de Solaris y el planeta ‘supuestamente’ ha respondido lanzando sus propias sondas. Unas sondas que se han introducido en las mentes de los astronautas, haciendo algunos de sus recuerdos reales. Miedito, miedito...

Hasta ese momento, nuestro protagonista Kelvin parece más preocupado por los dos pertubados que le acompañan que por el extraño planeta. Todo cambia cuando en la nave se encuentra con una réplica exacta de su difunta esposa Hari (Natalya Bondarchuk). Esta chica no sólo se parece físicamenta a su mujer, también tiene inteligencia y conciencia de sí misma, lo único que le falla es que ha perdido la memoria.

Sin embargo, a medida que avanza el filme, uno se da cuenta de que Hari nunca será la Hari que parece ser porque en realidad el océano de Solaris la proyecta en base a los recuerdos de su marido Kelvin. Y os preguntaréis, ¿a qué viene en esta película una trama romanticona?

El Solaris de Soderbergh

Para entender esta peculiar historia de amor, es mejor valerse del Solaris que hizo Steven Soderbergh en 2002, ya que las inquietudes y sentimientos de los personajes se ven más claros en esta versión. Además de servir como una reflexión sobre la construcción de la personalidad a través de los demás, la relación entre Kelvin y Hari hace que el espectador se plantee preguntas del tipo: "Cuando amamos a alguien, ¿a quién amamos en realidad? ¿A esa persona o nuestra idea de esa persona?"

Ésta no es la única idea de Tarkovsky que Soderbergh incluyó en su versión. De hecho, el director americano fue bastante fiel a lo esencial del ruso recortando el metraje de 165 minutos a 99. Sin embargo, ni por ésas evitó que a la película le llovieran tortas por todos lados. El problema, creo yo, es que se vendió al público equivocado. La gente esperaba ver un blockbuster de ciencia ficción con George Clooney a la cabeza, no una cinta de meditación filosófica. La mayoría se quejó de que el ritmo secuencial plácido y seductor de Soderbergh era aburrido, pero antes de hablar, deberían haber visionado el de Tarkovsky o al menos, haberse informado sobre él.

El final, un nuevo principio

Como he dicho anteriormente, la última escena de la película es reveladora (¡Tranquilos! No voy hacer spoiler). Lo que sucede, nos invita a reconsiderar la secuencia inicial y lo que verdaderamente quiere contar el filme.

Desde luego, quienes descubren algo sobre sí mismos con Solaris no son los personajes sino los espectadores. No te dejes engañar por sus bellísimas imágenes o por la idea del uso de la ciencia como herramienta de evolución humana a la par que arma de destrucción de ésta. En realidad, Tarkovsky utiliza estos recursos para reflexionar sobre la vida y la muerte pero también para hacernos ver que los recuerdos alegres son engañosos si construimos nuestro día a día sobre ellos.

Una vez que hayas engullido los 165 minutos de esta película, te darás cuenta que, para evolucionar en la vida, lo mejor es recordar la frase: “Al lugar donde has sido feliz, no debieras tratar de volver”. ¡Ahí es na!

Descubre otros mundos con la ciencia-ficción

Si esta crítica os ha llamado la atención, no os perdáis nuestro especial de cine de ciencia ficción, en el que analizamos las mejores películas del género.

Valoración

Se deja ver si eres capaz de evadirte de la frenética sociedad para tomar conciencia de ti mismo y de los te rodean. Nada de efectos especiales, este film invita a dar al coco como si estuvieras ante una novela.

Hobby

85

Muy bueno

Lo mejor

Es un viaje al interior de uno mismo, si se sabe ver

Lo peor

La duración, algunos la visionan para echarse la siesta

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