Análisis

Cine de ciencia ficción: Inteligencia artificial

Por Laura Gómez
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ARGUMENTO: En un mundo lleno de robots que sirven para facilitar la vida de los humanos, la empresa Cybertronics crea a David, el primer niño fabricado con la capacidad de amar. Su familia adoptiva son Henry y Mónica, una pareja cuyo hijo legítimo se encuentra en coma.2001 - DIRIGIDA POR Steven Spielberg - PROTAGONIZADA POR Haley Joel Osment, Jude Law y Frances O'Connor. 

Fue Stanley Kubrick el que empezó a desarrollar esta adaptación de Los superjuguetes duran todo el verano, el relato de Brian Aldiss. Sin embargo, era Steven Spielberg, el padre de E.T. el que recogía el testigo y asumía un riesgo narrativo, estilístico y también conceptual, sobre todo ante unos fans predispuestos a odiar un producto inicialmente ideado por el maestro Kubrick. Vilipendiada en su estreno y denostada a lo largo de los años, Inteligencia artificial aparecía en la filmografía de Spielberg como una de sus obras más controvertidas y personales: tanto Kubrick como él se implicaron emocionalmente en este trabajo y la cinta acabó convirtiéndose en un homenaje a Stanley Kubrick con los recursos reconocibles de la casa Spielberg.

 

Ojo, esta crítica incluye spoilers, así que proceded bajo vuestra cuenta y riesgo si no habéis visto el film.

Además de los detractores iniciales, Inteligencia artificial se presenta con un envoltorio de cuento de hadas que oculta una profundidad muy difícil de digerir. Su contexto tecnológico la sitúa cerca de las reflexiones más sesudas de Philip K. Dick y su naturaleza inocente nos lleva de la mano por los escenarios principales a través del cuento de Pinocho. Esta mezcla se presenta en un apartado visual bastante impresionante. La historia del muñeco que quiere ser un niño de verdad nos sirve para iniciar el verdadero viaje de David (un Haley Joel Osment que no mueve un músculo): la búsqueda del amor. Dividida en tres secciones bien definidas, la película cuenta en su primer acto (el más sólido) con una de las escenas más duras que se han rodado: la del abandono en el bosque. Dudas, celos, frustración, incomprensión y crueldad ante un producto que no llena el vacío de un ser querido, al igual que mostraba Charlie Brooker en la segunda temporada de su Black Mirror.

Cuento agridulce

Tras la primera fase fallida con su familia, David inicia un viaje que comienza en la llamada feria de la carne, un lugar en el que se encontrará por primera vez con Gigoló Joe (Jude Law), un robot diseñado para dar placer que adoptará el rol de cómplice y protector de David. En este giro dejamos atrás la calidez de un hogar y acabamos en una oscura ciudad distópica llena de neones, el ambiente perfecto para el enfrentamiento del androide con la vida real hasta ahora desconocida para él.

Con este apoyo, la cinta empieza a presentar factores algo incoherentes, siendo el más molesto ese ligero componente religioso en la búsqueda del hada azul. La parte central contiene momentos sobre explicados y caídas de intensidad que llaman la atención, como la escena de la visita al Dr. Know, resuelta de una forma bastante aburrida y obvia. A pesar de estas decisiones, el relato fluye hacia delante hasta ese tercer acto maldito, lleno de críticas y elogios a partes iguales.

Tras el hundimiento del anfibióptero, Joel Osment se sumerge en las aguas de una Manhattan (con juego de palabras tétrico en inglés: “man-hattan”) destruida y conocida como “el fin del mundo”. Dejando atrás a Joe, David se enfrenta solo al que parece su destino, pero se nos olvidaba la batuta de Spielberg.

 

Epílogo controvertido

En un último giro conocemos que el narrador que nos ha contado la historia de David durante dos horas de metraje es uno de los androides que viven en la Tierra, 2.000 años después de que ésta quedara sepultada bajo la nieve. En el epílogo ideal del director, David obtiene su final feliz: un último día con su madre. Y este desenlace genera un doble rasero: nos alegramos de que nuestro protagonista sea feliz, pero ese cierre tierno y lírico no parece muy coherente con el universo depredador que se nos ha retratado.

Según cuenta el propio Spielberg, Kubrick fue quien ideó la parte central de la película, mientras el primer tercio y el desenlace corrieron a cargo de la fábrica de algodón Spielberg. La película habría sido muy diferente en manos de Kubrick, pero el rey Midas de Hollywood creaba en 2001 una película con escenas inolvidables, un fuerte componente reflexivo sobre lo que nos hace humanos y una emotividad deliciosa de la que tiene mucha culpa el genial John Williams. Al fin y al cabo, el atrevimiento es la única forma de hacer historia. Acostumbrado el público americano al cine edulcorado y resultón, entendemos el fracaso de I.A., pero su pesimismo y amargura son también necesarias en una cuestión importante: ¿es el amor un privilegio humano?

 

 

Lo que funciona bien en Inteligencia artificial es de tanta calidad que merece la pena discutir sus traspiés. Conceptos poco vistos en el cine se unen al manejo experto del aspecto técnico en las manos de Steven Spielberg, y el resultado es una obra que podría haber sido gigante. Algunas fisuras importantes desprestigian la cinta, pero es una película muy inteligente para aquellos que disfruten más con el fondo que con la forma.

Otras obras del cine de ciencia ficción

No solo de amores robóticos vive el cinéfilo, así que tenemos un recopilatorio especial de ciencia ficción que se hace cada día más grande.

Valoración

Una obra valiente y emotiva con el sello Spielberg. Sus ramificaciones morales y su punto de vista infantil son un acierto, aunque pierde fuelle con el excesivo metraje.

Hobby

80

Muy bueno

Lo mejor

El primer acto. El ambiente y su estilo visual. Jude Law y su gigoló alivian la carga emocional.

Lo peor

El desarrollo se tambalea mientras avanzamos. La media hora final descoloca y no responde preguntas.

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