Análisis

Cine de ciencia ficción: Mad Max, Más allá de la cúpula del trueno

Por Adrián Álvarez
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CRÍTICA DE: Mad Max, Más allá de la cúpula del trueno (Mad Max, Beyond Thunderdome) - DIRIGIDA POR: George Miller y George Ogilvie - PROTAGONIZADA POR: Mel Gibson, Tina Turner, Robert Grubb, Helen Buday. 1985ARGUMENTO: La guerra por la gasolina desembocó en una guerra nuclear y Australia es ahora un páramo atómico. En Negociudad, un asentamiento civilizado y retorcido, surgirá de nuevo Max, quien se enfrentará a Tía Ama y a quien sea necesario para salvar a unos niños que pueden ser la última esperanza. Tercera entrega de la saga Mad Max. 

Hitchcock dijo que no había que rodar con niños, pero a lo mejor se refería a algo distinto de las complicaciones técnicas: puede que lo dijera porque al introducir menores en el relato, se puede caer en la infantilidad y la ñoñería, y Mad Max, Más allá de la cúpula del trueno es una buena prueba de esto. 

Por supuesto que existen notables muestras de cine infantil y juvenil, así como películas de terror o thrillers descarnados con críos en el relato, pero seamos sinceros y admitamos que un filme para críos es como un tetrabrik de leche sin fecha de caducidad: por fuera parece en buen estado, pero hay cierta probabilidad de que apeste.

Este hombre ya no está loco

Mad Max, Más allá de la cúpula del trueno huele un poco a rancio. Podemos echar la culpa a dos factores: el primero, que George Miller empezó a sentirse atraído por el cine infantil (más tarde ganaría un Oscar gracias Happy Feet, ojo); el segundo, la popularidad de Steven Spielberg, que estaba revitalizando el cine de aventuras para niños y grandes. Este coctel dio lugar a una película donde un héroe ultraviolento, en un mundo sin concesiones, se tiene que contener para que los menores de 13 años entren en el cine.  

Una lástima, porque la película empieza muy bien. Un plano aéreo nos muestra un coche tirado por camellos, que es robado y su dueño dejado a su suerte. Éste no es otro que Max Rockatansky (Mel Gibson), convertido ahora en un nómada y sin apego por una Australia en ruinas. Su travesía le lleva a Negociudad, un asentamiento que busca reverdecer la civilización de manera retorcida, y a pactar con Tía Ama (Tina Turner) una forma de salir de allí.

Entonces llega una de las secuencias más conocidas de toda la saga, la pelea en la Cúpula del Trueno, un prodigio de ritmo e imaginación tanto en el ambiente como en la coreografía… pero que hace sospechar. En Mad Max presenciamos asesinatos y violaciones; en la secuela, amputaciones gratuitas, crucifixiones y sadismo de 98 octanos; en ésta, apenas unas gotas de sangre y el desarme fortuito de los contendientes, no vaya a ser que alguien se clave la sierra mecánica.

Luego, Max conoce a una tribu de niños perdidos que nunca aprenderán gramática. Pese a su reticencia, porque Max nunca se ofrece a la primera, terminará por orquestar un plan con el que proporcionarles un futuro digno, o al menos uno en el que haya pantalones para todos.

Azúcar en el depósito y saxofón en la radio

Lo que sigue es como si una película infantil mordiera a la saga de Mad Max y debilitara su salvajismo hasta convertirla en un conjunto de tópicos. Es a partir de entonces cuando la película empieza a ir cuesta abajo, enfangada en cuanto a ritmo y atenazada por su previsible final feliz y por la necesidad de rebajar el tono ante la presencia de los niños.

Pero me niego a defenestrar esta película a pesar de sus concesiones, porque con ésta el mundo de George Miller adquiere una dimensión mucho mayor, temática y estilísticamente. Negociudad es algo más que un asentamiento construido alrededor de una refinería y la lucha de Max va más allá de escaramuzas por una materia prima: aquí se juega el futuro de una forma más benévola de sociedad, representada por los menores. Es casi un remake benigno de Mad Max 2, hasta el punto de que homenajea el clímax final y el epílogo de aquella.

Su imaginativa y rica ambientación ha dado lugar a incontables homenajes en el mundo de los videojuegos: de nuevo la saga Fallout o Borderlands, sin olvidar Rage. Y la cúpula del trueno es ya una broma recurrente, al igual que su lema “Dos entran, uno sale”, en el mundo del cine y la televisión.  


 Otro punto positivo es la banda sonora de Maurice Jarre, mucho más rica y ambiciosa que las propuestas de Brian May: cada escenario tiene su propia atmósfera en la pantalla y su propio ritmo, combinándose la épica, el ambiente infantil de la tribu o la decadencia de Negociudad de forma orgánica. Hay hasta saxofón, por aquello de haberse rodado en los 80, y uno de los mejores temas de Tina Turner.  

Aunque duela reconocerlo, con Mad Max, Más allá de la cúpula del trueno se cierra la trilogía de una forma difícil de superar: Max, que había perdido su alma en el declive de la humanidad, tiene la oportunidad de recuperarla gracias a la promesa de un mañana mejor. Es un broche digno, en cuanto a historia, y por eso la próxima Mad Max: Fury Road transcurrirá entre la primera y segunda entrega. Pero que sea una despedida justa no significa que sea la mejor manera de terminar la saga: algunos la odiaréis y otros la recordaréis con cariño, pero lo que está claro es que no podréis olvidarla fácilmente.  

El final de camino

Puede que a Max no le quede gasolina para seguir el camino, pero el vuestro no ha hecho más que comenzar: hay mundos y tiempos por descubrir cuya descripción nos llevaría varios artículos como éste. No olvidéis visitar nuestro especial de ciencia ficción y recordad que hay que mantener los brazos dentro del vehículo. 

Valoración

Se echa de menos la violencia desatada y el ritmo de sus predecesoras, pero es imaginativa e influyente.

Hobby

70

Bueno

Lo mejor

La acción sigue estando muy bien dirigida, la música es grandiosa y la ambientación es tremenda.

Lo peor

Su ñoñez y algo imperdonable: es la más aburrida de las tres.

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