Análisis

Cine para gamers: crítica de Juego Secreto

Por David Alonso Hernández
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ARGUMENTO: Davey es un chaval de 11 años al que le chiflan los videojuegos y, aún más, cumplir inocentes misiones de espionaje junto a Jack Flack, un héroe imaginario. Pero todo cambiará cuando un cartucho de Atari con información confidencial cae en sus manos... 1984 - DIRIGIDA POR: Richard Franklin - PROTAGONIZADA POR: Henry Thomas, Dabney Coleman, Michael Murphy, Christina Nigra, John McIntire y Jeanette Nolan.

Seguimos dándolo todo con nuestro especial cine para gamers y nos trasladamos hasta 1984, número elegido por George Orwell para dar nombre a su fantástica novela y año en el que se estrenaba Cloak and Dagger (Juego Secreto en España), una peli muy ochentera que mezcla espionaje, videojuegos, héroes imaginarios y niños preadolescentes. Una "ensalada" digna del mismísimo Chicote, el chef que dirige cocinas que han entrado en el "modo pesadilla".

La historia arranca presentándonos a Davey, un chico de 11 años que, aunque todavía no es carne de Hermano Mayor (se libra porque en los ochenta aún no había 'chonis'), atraviesa un mal momento con su padre, cuya relación está bastante deteriorada a causa del reciente fallecimiento de su madre.

La difícil situación que atraviesa Davey -unida a su pasión por los videojuegos y el espionaje- hace que, con permiso de Kim, la minúscula vecina de al lado, su mejor amigo y apoyo sea Jack Flack, un superagente imaginario que sólo él puede ver, y que -además- es el protagonista de Cloak and Dagger, el videojuego ficticio de Atari 5200 que da nombre a la versión original del film.

La espía que me llamó

Con esta aparente "normalidad" (no pongáis esa cara, que ver visiones no es para tanto) Kim, Davey y el imaginario cincuentón, Jack Flack, dedican sus tardes libres a cumplir las inocentes misiones que les encarga Morris, el propietario (que aglutina todos los clichés 'frikis' de la época en 100 kilos de masa corporal) de una tienda de videojuegos a la que los protagonistas suelen ir a pasar el rato.

Esta historia, que en el cine actual daría para dos horas de diálogos profundos, momentos emotivos y reflexiones filosóficas en torno al dramón que vive el pobre Davey, parece ser que "no daba para peli" en este momento puntual de los ochenta, y -por suerte- la cinta se olvida pronto de los problemas personales del protagonista para dar un giro a la acción que pega menos, pero se hace infinitamente más llevadero.

Todo comienza en mitad de una de las misiones de Morris en la que Davey y Kim deben ir a pedir un catálogo y, de paso, comprar un bollito Twinkie (no, todavía no hemos cambiado a Zombieland) al vago tendero jugón (es mayorista, no cambia juegos), cuando, en un momento dado, un moribundo científico de la compañía Textronics usa los últimos momentos de su vida para confiar un cartucho del videojuego Cloak and Dagger a Davey.

Es en este alarde de responsabilidad (nada como un niño de 11 años para proteger algo por lo que has dado tu vida) cuando el científico le pide a Davey que oculte el cartucho, y no porque sea la edición coleccionista, sino porque en su interior alberga un chip con información de alto secreto capaz de comprometer la seguridad del país. Un 'marroncito güeno', vaya.

A partir de ese instante da comienzo una persecución, que se alarga durante prácticamente todo el metraje, y en la que Davey (Kim se va pronto a casa, que pasa de rollos) debe utilizar todo su ingenio (y los consejos del incorpóreo Jack Flack) para dar esquinazo al vicepresidente de Textronics y, sobre todo, a los dos enormes matones que no dejan de perseguirlo para arrebatarle el cartucho y sacar tajada vendiéndolo en el eBay de los espías.

Salvando el mundo con 11 años

Hay que reconocer que la película, en general, y sobre todo después de ver otras lindezas que han pasado por nuestro especial de Cine para gamers, se deja ver. Vale que tras un primer visionado (no hacen falta más) ninguna escena se queda grabada en nuestra retina, ni que su historia se acerca al nivel de otras pelis de aventuras protagonizadas por 'la chavalada' de los ochenta, como E.T. El extraterrestre (interpretada también por Henry Thomas) o los míticos Goonies, pero oye, el caso es que es entretenida y que no se hace pesada en ningún momento.

Cierto es, también, que la historia es bastante típica y que el desarrollo de la acción, para qué engañarnos, hace aguas por todas partes; no os queremos destripar todos los detalles, pero la cinta está repleta de momentos muy poco creíbles, como cuando por ejemplo vemos a los dos matones persiguiendo y disparando a Davey (que, recordemos, tiene 11 años) en un parque a las 5 de la tarde sin que a ningún 'dominguero' de la zona le sorprenda la situación lo más mínimo.

Esto por no hablar por la solvencia de Kim que, a pesar de tener 9 años y aparentar 6 (bueno, casi siete), resuelve todo tipo de situaciones en las que los los adultos la tratan de tú a tú y les parece lo más normal del mundo que, por ejemplo, una niña de su edad acuda en solitario al aeropuerto a informar a la policía de un aviso de bomba... a las 11 de la noche. A ver; que no es que tenga nada en contra de los niños autosuficientes (al revés), pero cuesta creérselo.

Pero como tampoco es cuestión de ponerse quisquilloso, lo mejor es hacer la vista gorda con estas lagunas en el argumento y prepararse para el fin de fiesta, que tampoco os vamos a arruinar, pero que sobrecoge (vale, me he pasado) al espectador con situaciones tan desgarradoras como la bomba con temporizador, la carrera contrarreloj por llegar al aeropuerto antes del despegue de un avión, o el -no podía faltar- momento "pues al final mi padre sí que es el verdadero héroe" o "¡anda! de repente vuelvo a ser normal"... ¡y sin que Pedro García Aguado me haya dado la 'chapa'!

En definitiva, todo un torrente de sensaciones que culminan una cinta que, ahora fuera de bromas, falla al tratar de tomarse en serio a sí misma, por lo que su forma idónea de disfrute es enfundándonos nuestra camiseta de Pac-Man, devorando una bolsa de palomitas tamaño XXL y dejando los prejuicios en la habitación de al lado.

Ah, y para terminar... ¡Una curiosidad!

Las imágenes que aparecen durante la película cuando los chicos juegan a su Atari 5200 pertenecen en realidad a la versión para recreativa de Cloak and Dagger -llamado inicialmente Agent X por su creador-, ya que, aunque estaba planeada, la adaptación para consolas domésticas nunca llegó a finalizarse debido a diferentes problemas.

Por este motivo, el cartucho de Cloak and Dagger para Atari 5200 que da pie a la historia es, simplemente, otro juego con una pegatina encima. ¡Qué cosas!

Valoración

Una peli de aventuras protagonizada por preadolescentes que entretiene, pero que no se acerca al nivel de otras cintas similares de la época debido a un guión repleto de lagunas, unos personajes poco creíbles y a un ritmo muy irregular.

Hobby

63

Aceptable

Lo mejor

La fuerte presencia de Atari en la cinta, con consolas por todas partes y pósters de juegos míticos.

Lo peor

El guión avanza dando bandazos sin demasiado sentido y está repleto de situaciones inverosímiles.

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