Análisis

Cine para gamers: El último Starfighter

Por Alberto Lloret
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ARGUMENTO: Alex vive en un camping de caravanas, esperando a que algo grande pase en su vida. Y ese algo se convierte en realidad cuando bate el récord de una máquina recreativa, que en realidad es un proceso de selección de pilotos espaciales para una gran batalla que se avecina… 1989 - DIRIGIDA POR Nick Castle. INTERPRETADA POR Lance Guest, Dan O’herlihy, Catherine Mary Stewart, Robert Preston, Barbara Bosson.

Todos tenemos alguna película fetiche que, de pequeños, nos marcó de un modo u otro. En 1984, cuando se estrenó El Último Starfighter (o como se rebautizó en DVD, “Starfighter: La aventura comienza”), yo tenía 9 cándidos años y ya estaba enganchado a los ordenadores, los videojuegos y, en especial, a las máquinas recreativas… motivos más que suficientes para que una inocente mente se quedara prendada con "esto". Insisto, tenía 9 años.

Pero pongámonos en situación: en aquella época, la temática espacial lo seguía petando a lo grande, con el final de la trilogía de Star Wars aún muy reciente, E.T. dando sus coletazos en VHS, Star Trek III: En Busca de Spock a punto de estrenarse… Algunas de estas pelis de temática espacial contaban siempre la misma historia: un joven humano “normal” con una vida más o menos aburrida, al que el destino reserva algo tan especial como salvar la galaxia. Con este planazo, cómo resistirse, ¿eh?

El primer y último Starfighter (por suerte)

Ése es, a grandes rasgos, el argumento de El Último Starfighter, cinta de 96 minutos de duración en la que conocemos a Alex Rogan, un joven tan melenudo como normal que espera en un aburrido camping de caravanas su gran oportunidad en la vida. Sus únicos entretenimientos son su novia Maggie (que en la actualidad y pese a los años pasados sigue estando bastante buena, si se permite la observación) y una máquina recreativa: Starfighter.

A lo largo de los primeros compases de la película, la recreativa es la verdadera protagonista, con Alex acudiendo a ella cuando algo sale mal o está de bajón. Y como habéis podido ver en el clip de arriba, es en esos momentos en los que el film es un documento único al recuperar uno de los fenómenos de los salones recreativos: la figura del “enterao” o plasta que, pegado al mueble de la coin op, decía al jugador lo que hay que hacer en cada momento, metiendo incluso la zarpa en la pantalla para señalar el objetivo. Quien ha vivido esa época, sabe a qué me refiero…

En cualquier caso, la máquina es, en realidad, un sistema para reclutar a los mejores artilleros por toda la galaxia. ¿Y cómo se selecciona a los mejores? Pues muy simple: batiendo el récord. La ciencia ficción de verdad comienza cuando Alex está a punto de superar a la máquina y todo el camping acude en masa a ver tan magno evento, desde abuelas octogenarias hasta el último crío, todo aderezado con unos gestos y efusividad tan ridícula como fuera de lugar. Y no es la última escena absurda…

Tras superar a la máquina, una nave alienígena baja a buscar a Alex. El término “nave” no es muy exacto, ya que se trata de un coche “tuneao”, el mismo que inspiró años al Delorian de Regreso al Futuro. En él llega Centauri, el inventor del sistema de reclutamiento y un robot “beta”, capaz de clonar el aspecto de Alex para cubrirlo en su vida cotidiana mientras él está en su aventura espacial. A ver si os pensáis que estos aliens no son “mu miraos”…

El mal, con nombre de fabricante de bollería industrial

Alex accede a ir con él gracias a la sobreactuadisísima interpretación de Centauri a cargo del difunto Robert Preston, quien le conduce cual taxista con mampara antirobo hasta Rylus, el planeta en el que se está organizando la defensa contra la armada Ko-Dan (sí, el cachondeo con las famosas “Conchas” de bollería de nombre fonéticamente similar sale solo). Y allí, amigos, es donde comienza el verdadero disparate…

En la base esperan otros Starfighter seleccionados por toda la galaxia, en un tópico crisol de razas (no faltan los primos hermanos de los pulpitos o cabezones con 3 ojos), en unas instalaciones llenas de pantallas, botoncitos, radares y luces de colores para que todo parezca muy moderno y futurista. Tecnología marciana, casi. Tras pasar 10 minutos en la base, descubrimos que la guerra que se avecina es en realidad un problema entre un padre (que lidera la defensa galáctica) y su hijo, que los ha traicionado para ser el emperador de las estrellas… ¡Hasta los marcianos tienen problemas domésticos!

Al ver el pastel que se le avecina, y tras conocer a Grig, un marciano al que cariñosamente acabará llamando “tortugo de chocolate”, Alex pide volver a la Tierra. Momento que, ¡oh, qué imprevisible!, aprovechan los malos para reventar la base y acabar con todos los viciosos artilleros que batieron el récord de la máquina. Y ahí es donde el espectador avispado caerá: ¡el propio título spoilea media película! Así es: Alex es el último Stafighter que queda vivo.

El festival de ridiculeces prosigue en la Tierra, donde Alex casi es aniquilado por los Zando-Zan, los asesinos de Ko-Dan, momento en el que comprenderá que ya no puede vivir en paz en la Tierra y que debe hacer algo: volver a Rylus y luchar contra Ko-Dan. El resto os lo podéis imaginar: batallas cutres de una nave contra 200, más situaciones chorra, final tipo Grease… y vaya, mediocridad generalizada por todas partes.

Cuando 30 años no pasan en balde

Y es que, a pesar de que El último Starfighter de pequeño me encantaba, al revisitarla ahora, con casi 30 años más, uno se da cuenta de cómo cambian las cosas y cómo han cambiado los ojos que la ven… por los que ya han pasado muchas más películas, juegos y demás cultura popular. Solo así se explica que, lo que antes me sorprendía, ahora me de risa. Pero risa de lo mala que es. Guón, situaciones, actuaciones… todo roza a un nivel francamente bajo, mediocre.

Sirva como ejemplo un único elemento de la película: el mecanismo traductor gracias al cual Alex entiende al resto de aliens. Al llegar a la base, no entiende a ningún marciano, y nada más ponérselo, ya los escucha “en castellano”. Pues bien, en cierto momento de la película, su compañero Grig habla con todos los del camping… y todos le entienden sin necesidad del mencionado mecanismo. Es solo un detalle minúsculo, que puede pasar desapercibido… pero que demuestra el escaso “mimo” puesto.

La sensación general es que no estás ante una película “de verdad”, sino ante un telefilm de bajo coste, de esos que emite Antena 3 tras el telediario de los sábados. Y aún así, hay que reconocerle algunos méritos, como que fue la primera película en utilizar escenas completas realizadas por ordenador (Tron solo lo hizo con algunos elementos), exactamente un Cray X-MP. Hoy en día lucen añejos, pero con mis ojos de 1984, fueron “resultones”…

Ni su topiquísima banda sonora (influenciada por otras películas galácticas), ni doblaje al castellano, ni las interpretaciones de los actores ni prácticamente nada se salva de la quema. Pero como documento de una época y de un tipo de cine que ya no se practica, no deja de ser curiosa y merece al menos un visionado. Y si lo enfocas desde el punto de vista cómico, pues ya ni te digo: me he reido bastante con sus abundantes cutreces. Ver a Grig con las “tripas” de la nave en la mano (un simple circuito eléctrico con luces) es algo que no se me olvidará pronto…

Y por si alguno os lo preguntáis, semejante bodrio espacial no llegó a tener juego. Atari preparó varios prototipos, pero ninguno cuajó por la tecnología de la época, que no permitía recrear el simulador espacial del juego. Uno de estos prototipos se acabó convirtiendo en Solaris, un juego de Atari 2600. Si queréis consultar el resto de películas de nuestro especial Cine para gamers, sois bienvenidos.

Valoración

Como película para pasar el rato, cumple su función: mientras la estás viendo entretiene. Pero la diversión viene de lo malas que son las interpretaciones, de las burdas situaciones y de lo penoso que es todo en general. Ha envejecido muy mal.

Hobby

50

Regular

Lo mejor

Que utilice una recreativa como hilo de arranque. Las risas que proporciona.

Lo peor

Pues casi todo. Los efectos han envejecido mal, el guión es malo, las situaciones muy ridículas...

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