Análisis

Crítica de El lobo de Wall Street

Por Raquel Hernández Luján
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ARGUMENTO: En El lobo de Wall Street seguiremos la frenética y opulenta forma de vida de un corredor de bolsa que acabó recluido en una prisión federal acusado de manipular valores bursátiles en la década de los noventa. Se trata de una película basada en la autobiografía de Jordan Belfort. 2013 - DIRIGIDA POR: Martin Scorsese - PROTAGONIZADA POR: Leonardo DiCaprio, Jonah Hill, Matthew McConaughey, Jean Dujardin, Kyle Chandler, Rob Reiner, Jon Bernthal y Jon Favreau. En cines a partir del 17 de enero.

El guionista Terence Winter (cuatro veces ganador del Emmy por Los Soprano y dos veces nominado por Boardwalk Empire) traduce a imágenes la biografía de un personaje realmente peculiar: Jordan Belfort, (interpretado aquí por Leonardo di Caprio), apodado "el lobo de Wall Street" por su predisposición a las técnicas salvajes de venta que a finales de los 80 le convirtieron en un hombre inmensamente rico a base cometer fraudes de toda clase y condición a costa de los incautos a los que embarcaba gracias a su elocuencia.

El giro "cómico" por no decir "tragicómico" del libreto de El lobo de Wall Street viene de la mano de una brutal mordacidad en la forma de mostrar el exceso continuo en el que se mueve el personaje al que da vida un Leonardo DiCaprio que sin lugar a dudas se encuentra en uno de los mejores momentos de su carrera.

El tándem que forma con el director Martin Scorsese es bárbaro, da la sensación de que no hay registro que el actor no pueda alcanzar en sus manos ya sea rompiendo la cuarta pared en una de sus charlas a cámara, haciéndonos partícipe de sus pensamientos o directamente dejándose guiar por sus indicaciones.

Ojo, ligeros spoilers: Lo veremos confesarse drogodependiente, arrastrarse por el suelo a punto de tener un shock por el exceso de estupefacientes o someter y ser sometido en diversos encuentros sexuales a lo largo de una cinta en la que, sobre todo, se muestra el descaro que otorgan el poder y el dinero cuando nunca son suficientes para satisfacer un deseo irrefrenable. Fin de los mini spoilers. Porque, como bien dice nuestro protagonista a lo largo del metraje en sus arengas "quien no quiera ser rico, que se vaya a trabajar a un McDonald's". Es el sueño americano elevado a la enésima potencia y energizado por ingentes cantidades de sexo, drogas, sexo, drogas y más sexo y más drogas.

La película se aleja totalmente de cualquier moralina arrastrando al espectador a una constante orgía en la que el principal afrodisiaco no es otro que el dinero. Aleccionado desde un primer momento por su mentor, un irreconocible Matthew McConaughey (que no para de darnos alegrías cinematográficas también y es firme candidato a arrebatar el Oscar a DiCaprio), pronto Jordan pasará de ser un simple aprendiz a un auténtico cazador de billetes verdes hasta el punto de no saber dónde meter tamañas cantidades de pasta.

El lado siniestro del asunto es la recua de seguidores que se le irán uniendo en su escalada al olimpo de las grandes fortunas y que a día de hoy siguen esperando embobados que les descubra la cornucopia de la abundancia en sus charlas motivacionales (¡qué inteligente es rodando este Scorsese!).

No hay línea de diálogo que sea irrelevante en El lobo de Wall Street, una cinta en la que cada encuentro es importante para definir a personajes tan particulares, pero sin lugar a dudas es la confrontación con su Némesis, el agente del FBI Patrick Denham (Kyle Chandler) en su yate particular uno de los puntos álgidos de la película. A su vez nos remite al episodio real en el que por lo visto terminó tirándoles billetes a la cara a varios agentes para quitárselos de encima.

El diseño de producción de la película es apabullante (100 millones de dólares de presupuesto tienen buena parte de la culpa) y vienen a magnificar aún más toda esa oda al hedonismo que entona constantemente un hombre convencido de que cualquier sueño se puede comprar.

Atención a los personajes secundarios que no tienen desperdicio, desde el fiel escudero de este "Robin Hood siniestro" que roba a los pobres para quedárselo él mismo y que encarna Jonah Hill (Los amos del barrio, Juerga hasta el fin) con su toque WASP, pasando por un Jon Berthal (La gran revancha, Mob City) plenamente centrado en la ley de la oferta y la demanda o por un hilarante Jean Dujardin (The Artist, The Monuments Men) sin escrúpulos a la hora de gestionar desde Suiza la ilícita fortuna que le cae como llovida del cielo.

Tres horas después, cuando se apaga el proyector, varias ideas se agolpan en la mente: estupefacción por la saturación que supone un viaje loco digno de un chute bien fuerte, admiración por un director en plena forma y la confirmación de haber visto una película magnífica a pesar de la aberración absoluta que supone pensar en el trasfondo de esta historia por más que el formato festivo del conjunto trate de aligerarnos la onda expansiva del torpedo lanzado hacia un sistema podrido.

Valoración

Scorsese retrata la opulencia del estilo de vida de un hombre insaciable en su ambición basándose en la autobiografía del excéntrico Jordan Belfort. Lo hace de forma luminosa extrayendo de DiCaprio su papel más visceral.

Hobby

87

Muy bueno

Lo mejor

Un guión inteligente, una dirección de actores sublime y un protagonista en estado de gracia.

Lo peor

Hay quien puede interpretar la cinta de forma errónea como una apología del exceso.

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