Análisis

Crítica política de Argo

Por Raquel Hernández Luján
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ARGUMENTO: En 1979, seguidores del Ayatolá Jomeini toman la embajada americana en Teherán tomando como rehenes a más de cincuenta personas. Seis de ellas consiguen huir y se ocultan en casa del embajador de Canadá. Necesitan ayuda para poder salir del país, y para ello el tipo más adecuado es Tony Méndez, que urde un plan descabellado: hacerles pasar por un equipo cinematográfico.2012 - DIRIGIDA POR: Ben Affleck - PROTAGONIZADA POR: Ben Affleck, Bryan Cranston, John Goodman, Alan Arkin, Victor Garber, Tate Donovan, Clea DuVall, Kyle Chandler, Scoot McNairy, Chris Messina y Taylor Schilling. Ya en cines.

Cuestión de talento: tomar un expediente desclasificado recientemente y llevarlo a la gran pantalla sin perder un ápice de verosimilitud, sin hacer un panfleto y mostrando las dimensiones de un conflicto internacional de una forma poliédrica, solo puede conducir a uno de los estrenos más interesantes de los últimos tiempos en formato de thriller político: Argo.

Sin duda, partía de una base de lo más interesante: en 1979, en plena crisis de los rehenes, la CIA pergeñó un plan poco ortodoxo para sacar del país a seis personas: fingir un rodaje en Irán. La película dentro de la película, titulada Argo, era un film futurista de aventuras y, por una vez, la magia del cine se puso al servicio de la realidad.

 

Recreando la tensión política

Con Siria sumida en una guerra civil y Líbano convertida en un polvorín, parece que Affleck lamentablemente podía inspirarse tanto en la crisis del 79 como en la actualidad. Sea como fuere, la película arranca con una breve introducción histórica narrada a través de documentos reales entre los que se intercalan ilustraciones para poner en antecedentes al espectador en apenas unos minutos.

A partir de ese momento la acción de Argo se sitúa en la angustiosa embajada estadounidense de Teherán que se convierte en una ratonera a merced de una masa convulsa. La traslación de la desesperación de los funcionarios y la radicalización de la violencia en el exterior es excelente generando una sensación de indefensión abrumadora. Aflleck combina con destreza los planos estáticos con la cámara en mano y mete grano en la película para subrayar aún más el carácter grotesco del ataque de la masa enfervorecida.

Somos lo que contamos

En algún momento alguien podría pensar que Argo toma los derroteros de victimizar a Estados Unidos o bien de tomar la senda contraria y mostrar al pueblo iraní a través de la mirada paternalista típicamente occidental. Pues ni una cosa, ni otra: al igual que vemos cuáles son las raíces del odio hacia los estadounidenses y observamos la quema de su símbolo nacional por excelencia: su bandera, vemos la contrapartida del otro lado: la quema de la bandera iraní y la radicalización de las posturas políticas de las personas de a pie.

 

Y ésta es la gran baza que juega Affleck como director y que con tanta destreza maneja el responsable del guión, Chris Terrio: saber conjugar la dosis justa de autocrítica con el distanciamiento de las implicaciones emocionales de un drama nacional para contar de la forma más próxima posible cómo sucedieron los hechos sin perder por otra parte todo el empuje de la tensión narrativa.

El cine visto a través del cine

Los momentos más amables de la película y en los que aflora tímidamente un humor bastante cínico, son los relacionados con la industria del cine. Y digo industria porque para poner en pie el proyecto de Argo y hacerlo creíble, Méndez viaja a la Meca del cine: Hollywood, para lidiar con los pesos pesados del oficio, aquellos para los que una película es un compendio de requisitos: un guión + la pasta de la producción + más eventos publicitarios = recaudación.

 

No deja de haber un cierto sustrato de bienintencionado reproche a las películas alimenticias que no tienen alma, pero que aportan sustento a un circuito comercial potentísimo. Tanto que en esta ocasión, una de ellas abre una puerta esencial para el desenlace de la película.

El broche de oro

Fotografía, localizaciones (bellísima Estambul), montaje, banda sonora y tensión dramática se funden con una precisión implacable al final de la película, que encuentra su punto álgido en el aeropuerto pero no hay de dejar de lado en ningún momento el trabajo de dirección de actores, la caracterización y la puesta en escena, de sobresaliente. Sobre todo, si, con un poco de paciencia, esperamos a ver los créditos finales, en los que se muestran las imágenes reales que nos permiten comprobar el grado de similitud con la realidad.

Valoración

Thriller político rodado con pulso y con grandes aciertos como mostrar el fanatismo de los dos lados implicados en el conflicto o una recta final de infarto.

Hobby

80

Muy bueno

Lo mejor

La cuidadosa recreación histórica y cómo se muestran la tensión política y la fuerza de la masa.

Lo peor

Las notas inconexas de la vida privada de Tony Méndez, que son innecesarias para la trama.