Análisis

Crítica yakuza de Outrage

Por Raquel Hernández Luján
-

ARGUMENTO: El honor se ha perdido en el seno de un clan de yakuzas, que no dudan en traicionar y mentir para ganarse el favor del presidente, un anciano sádico que utiliza a los clanes para enriquecerse y perpetuarse en el poder.2010 - DIRIGIDA POR: Takeshi Kitano - PROTAGONIZADA POR: Takeshi Kitano, Soichiro Kitamura, Kippei Shiina, Ryo Kase, Renji Ishibashi, Hideo Nakano, Tomokazu Miura, Tetta Sugimoto, Jun Kunimura, Takashi Tsukamoto y Fumiyo Kohinata. Estreno en España: 26 de octubre de 2012.

En primer lugar una llamada de auxilio... ¿cómo es posible que hayamos podido ver Outrage Beyond en Sitges 2012 antes que su propia precursora Outrage? En segundo lugar, ¿qué le ha pasado a Takeshi Kitano?

Una visión profundamente pesimista del ser humano se abre paso en una película en la que no existe la lealtad, ni el esfuerzo, ni la calidez tan siquiera. Takeshi Kitano retrata un universo masculino y oscuro que se deja llevar por sus más primitivos instintos de prevalencia para medrar en el seno de un clan yakuza. Ni siquiera llegamos a ver aquello de lo que se nutre: la droga, la prostitución o el juego, sólo asistimos a una especie de pelea de recreo en el que los hombres se disputan el poder como lo harían niños que no tienen claro a quién deben obedecer. La aspiración inmediata es el puesto del superior y así hasta llegar a la cumbre, precisada en ese chándal blanco y esas gafas de sol desfasadas.

La crónica de una muerte anunciada

El orden inicial que abre Outrage y que muestra una ristra de relucientes coches negros junto a una serie de mimetizados trajes perfectos se rompe cuando el presidente le encarga a uno de los cabeza de clan que rompa sus relaciones con la famila Murase. Una pequeña fisura se abre entonces en lo que parecía una hermética hermandad y que como un castillo de naipes irá siguiendo una lógica de golpe-contragolpe hasta dar al traste con todo el sistema.

Lo más inquietante de todo, además de la facilidad con las que el presidente mueve los hilos de todas sus indistinguibles marionetas, es que aunque todo cambia, todo sigue igual. Mismo perro, diferente collar.

El boulevard de los dedos cortados

Hubo un tiempo en el que Japón se regía con la precisión de un reloj suizo: existía un código, rígido, estricto y hasta inhumano, pero era una guía de conducta insoslayable.

Las reglas han desaparecido, pero no se han suplido con nada y es por ello que los símbolos han perdido su significado. Kitano denuncia con insistencia esa falta de coherencia de un mundo que conserva toda su apariencia externa pero que ni siquiera ha sido capaz de poder sustentarse en la solidez de sus cimientos. El dedo cortado, por tanto, es la representación más gráfica de la falta de asideros de la corrupción dentro de la corrupción. La vida no tiene ningún valor, de modo que una falange amputada es casi una burla para un sistema en ruinas.

La destrucción, la clave del bucle

El mundo que retrata Kitano es abruptamente violento: un universo gobernado por una testosterona desbocada que no va a ninguna parte. Todo yakuza es un muerto viviente sin ningún tipo de motivación más allá que medrar para alcanzar un nivel más alto.

Esa visión crepuscular y decadentista de Outrage impregna todas las esferas que se muestran en la película: no hay niños, las mujeres aparecen como objetos de mobiliario y forman parte de un siniestro juego de poder, el sexo es poco más que un baile cadavérico de despedida...

Los planos se tiñen de un lúgubre azul cuando una mujer está presente, casi arrebatándole su capacidad redentora o su potencial creador. Sólo hay cabida para la muerte y la destrucción que se desencadena como el restallido de un látigo.

Los diálogos, de forma análoga, golpean al espectador con una musicalidad sincopada en la que se encadenan insultos y amenazas vacías. La verdadera violencia no avisa y se materializa de las formas más siniestras: en la cocina, en el baño, en el interior del coche, en la clínica dental... Todo un catálogo de formas sangrientas de matar y destrozar en un bucle sin sentido que solo puede llevar a la muerte siendo víctima o verdugo al que le revierten las represalias.

De por qué Kitano ha querido realizar una segunda parte, solo sus bolsillos lo saben, porque más allá de lo puramente comercial, el mensaje queda muy claro en esta descarnada Outrage que ni por asomo supone una vuelta a sus comienzos (como muchos han querido bienintencionadamente pensar), sino más bien una vuelta de tuerca de lo más incómoda. En suma, un viaje poco placentero para espectador, incluso para el que esté familiarizado con el género, en el que Kitano se ha despojado de su belleza formal para crear un relato seco y abrupto.

Valoración

¿Qué ha sido del Kitano que conocíamos? Su visión desencantada de las relaciones sociales y el desprestigio del honor impregnan un trabajo que sucumbe a una violencia desenfrenada.

Hobby

70

Bueno

Lo mejor

El catálogo de formas de herir al enemigo no está nada mal: ahorcamientos, dientes triturados...

Lo peor

Es tan cínica y fría que te deja helado en la silla... Necesita un tiempo para ser asimilada.