Análisis

Del juego al cine: Prince of Persia

Por Laura Gómez
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ARGUMENTO: Dastan es un príncipe inconformista que se ve forzado a unirse a una princesa de la que no sabe casi nada. Juntos se enfrentarán a fuerzas oscuras para salvaguardar una antigua daga que tiene el poder de liberar las arenas del tiempo.2010 - DIRIGIDA por Mike Newell. PROTAGONIZADA por Jake Gyllenhaal, Ben Kingsley, Gemma Arterton, Steve Toussaint y Alfred Molina.

El cine y los videojuegos siempre ha sido una relación muy tortuosa, como las de la vida misma. Teniendo en cuenta que con Prince of Persia: The Sands of Time se buscaba un relevo tras el vacío que dejaba la saga Piratas del Caribe, Mike Newell (Cuatro Bodas y un Funeral, Harry Potter y el Cáliz de Fuego o la genial Donnie Brasco) debería haberse desmarcado con una película que fuera más allá de la acción fácilmente digerible, pero acababa cocinando un producto muy olvidable. Ambas aventuras comparten productor, Jerry Bruckheimer, el experto en pirotecnia que quiso resucitar el subgénero oriental aprovechando el tirón de lo videojueguil en el terreno cinematográfico. Sin embargo, el espíritu aventurero de estas dos películas se diluye bajo edición digital y la búsqueda del blockbuster de turno.

El mayor fallo de las adaptaciones cinematográficas es que pretenden mantener la sobredosis de adrenalina que proporciona la interactuación en los juegos; sin embargo, suplir esta carencia debería ir más por el camino de la construcción de los personajes y no tanto por el de los efectos especiales, aunque hablemos del género acción o aventuras. Los videojuegos son cada vez más cinematográficos y este debería ser un punto favorable a la hora de crear una adaptación, pero seguimos teniendo esa asignatura pendiente, y si no que se lo digan a nuestro especial “Del juego al cine”.

Ritmo vs. velocidad

El primer acierto de Prince of Persia es que sus dos horas de metraje giran alrededor del elemento que desata todo el desarrollo de la trama: la daga, el peligro, la tentación del poder. A pesar de modificar la historia del príncipe para incluir más personajes, la esencia del videojuego de Ubisoft está ahí. Newell se sacaba de la manga una cinta entretenida, menos efectista que los Transformers de Michael Bay y con una dirección artística de lo más cuidada. Ambientación, vestuario y decorados muy conseguidos, efectos especiales convincentes la mayor parte del tiempo y unas partituras orientales con las que Harry Gregson-Williams le saca partido al poder épico de la percusión.  Atención al “I Remain” de Alanis Morissette en los créditos finales. Hasta aquí todo bien, pero…

El director confunde ritmo con velocidad. Las coreografías de las batallas y los movimientos acrobáticos de Dastan podrían lucir mucho más si Newell hubiera aprovechado planos más largos y encuadres más abiertos, en lugar de detalles precipitados y de corta duración que no proporcionan información útil ni vistosa. Además del montaje que emborrona los movimientos de los protagonistas, a lo largo de la cinta, la película revela su naturaleza fría e impersonal, presentándose como otra de las fábricas de dinero de Bruckheimer. Ni siquiera el puro entretenmiento que funciona bien en la primera mitad de la película, se mantiene: se repiten esquemas y la pomposidad sin ideas de la que ya fanfarroneaba Newell queda más al descubierto.

El guión de Prince of Persia está escrito a tres manos por los creadores de Dirty Dancing 2 o El Aprendiz de Brujo. ¿Armas de destrucción masiva en manos del enemigo? Tranquilos, que Boaz Yakin, Doug Miro y Carlo Bernard lo arreglan todo con el leve delirio de un hechicero. “Lo hizo un mago” para los fans de los Simpson. Alarmantemente flojo, con unos personajes poco perfilados y enfocado únicamente al espectáculo, dejando atrás cualquier elemento original y único. Este film rebosa de clichés del género aventuras. Los guiños a la mecánica del videojuego podrán arrastrar a los jugadores, pero como experiencia exclusivamente cinematográfica solo encontramos rutina-espectáculo tratada con poco cariño al séptimo arte.

¿Homenaje a los videojuegos?

Como género, además de aventuras y acción, juega un papel importante la comedia y el juego constante entre el príncipe y la princesa con diálogos algo acartonados. Cabría destacar al secundario Alfred Molina, con un papel simpático al que le impregna su buen hacer habitual. Jake Gyllenhaal y sus abdominales cumplen, pero hace falta que le metamos en una marmita de carisma para llegar a acercarse a un héroe memorable. La chica Bond Gemma Arterton es preciosa, sí, pero impasible; y Ben Kingsley ya tiene carrera interpretando a villanos (de hecho, ya os hablamos de él en nuestra crítica de BloodRayne), pero incluso él parece descafeinado en este proyecto poco ambicioso. Ni rastro de un Jack Sparrow que deforma el guión con puntadas de humor, ni rastro de la acción de La Momia (1990) ni de la potencia técnica de Avatar (2009). Entonces, los videojuegos homenajean al cine con títulos tan buenos como Red Dead Redemption y les devolvemos el favor con adaptaciones tan mediocres como las que nos hemos ido encontrando en la gran pantalla.

En definitiva, Prince of Persia es un fast food de manual: tan centrada en el espectáculo que abusa de la velocidad estilística y no desarrolla los personajes ni profundiza en la historia. Esta inocua aventura araña la superficie de lo que podría haber sido y es un producto tan digerible como prescindible en una biblioteca cinematográfica. A esta adaptación le faltan un par de puntos de épica para llegar a ser un guilty pleasure.

Valoración

Relativamente fiel al videojuego, aunque está demasiado enfocada al espectáculo y la historia y los personajes pierden toda profundidad. Mediocre y prescindible dentro del género de aventuras.

Hobby

50

Regular

Lo mejor

Dirección artística, la banda sonora oriental de Gregson-Williams y los guiños al videojuego.

Lo peor

Abuso de cámara lenta, escenas de acción precipitadas, trama poco perfilada y personajes simplones.

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