Alfred Hitchcock llegó a dudar de su talento antes de El hombre que sabía demasiado, casi hunde su carrera

Noticia
Añádenos en Google

Elígenos como tu fuente preferida en Google.

Alfred Hitchcock llegó a dudar de su talento tras dirigir Valses de Viena en 1934, pero El hombre que sabía demasiado le permitió recuperar su prestigio creativo.

Alfred Hitchcock terminó convirtiéndose en uno de los directores más importantes de la historia del cine, pero incluso una figura de su talla atravesó momentos en los que llegó a cuestionarse su propio talento. Uno de los más complicados ocurrió en los primeros años de su carrera, cuando encadenó varios proyectos con los que no quedó satisfecho y terminó encontrándose con una película que directamente detestaba.

Se trataba de Valses de Viena, estrenada en 1934. El propio Hitchcock consideraba que la película estaba muy alejada del tipo de cine que quería hacer y, con el paso del tiempo, la identificó como el momento en el que aparentemente entró en una etapa de "declive creativo".

El director ya llevaba varios años trabajando en el cine. Había comenzado durante la época del cine mudo y en 1929 había dirigido Chantaje, su primera película sonora. Después llegaron diferentes trabajos que fueron construyendo poco a poco su reputación.

Sin embargo, Hitchcock no veía con buenos ojos algunos de sus proyectos inmediatamente anteriores. Consideraba Ricos y extraños una decepción y describía El número 17 como una película realizada de forma descuidada.

Entonces llegó Valses de Viena, un musical ambientado en la capital austríaca. El problema, según el propio director, era que no tenía prácticamente nada que ver con su cine habitual.

Años después, hablando con François Truffaut, Hitchcock fue especialmente crítico con aquella producción. La describió como un musical sin música y recordó que había sido realizada con muy poco presupuesto.

La situación afectó a su confianza. Aunque no llegó a pensar conscientemente que su carrera había terminado, reconoció que desde fuera podía parecer que estaba atravesando uno de los peores momentos de su trayectoria.

Hitchcock, sin embargo, todavía tenía un proyecto que podía darle una nueva oportunidad. El director había trabajado en un guion para El hombre que sabía demasiado y decidió enseñárselo al productor Michael Balcon, una figura importante en sus comienzos, ya que había confiado en él para realizar su primera película, El jardín de la alegría.

Balcon aceptó el proyecto y Hitchcock pudo llevarlo finalmente a la pantalla.

El resultado fue muy diferente a lo ocurrido con Valses de Viena. El hombre que sabía demasiado recibió una acogida mucho más positiva y permitió al director recuperar el prestigio creativo que había empezado a perder.

El propio Hitchcock reconocería posteriormente que aquella etapa le había hecho dudar, pero también le sirvió para comprender algo importante. Aunque Valses de Viena pudiera parecer el inicio de su declive, su talento seguía estando ahí. De hecho, ya había sido capaz de concebir la película que acabaría devolviéndole la confianza.

A partir de entonces todavía quedaban por llegar algunas de las obras que terminarían convirtiéndolo en una leyenda del cine, desde Rebeca hasta Vértigo, La ventana indiscreta o Psicosis. Su carrera se prolongó hasta 1976, cuando dirigió La trama, su última película.

Más información sobre:

Comentarios